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Para cualquiera que haya vivido su niñez
en la década del ’80, es probable que nombres
japoneses como Koji Kabuto, Sayaka
Yumi o los graciosos profesores Morimori,
Sewashi y Nossori, no hayan pasado
inadvertidos en los tiempos en los que nada era
más importante que apretar el botón de
encendido del televisor, cinco segundos después
de llegar del colegio. Es que se trata de
algunos de los personajes de Mazinger Z,
una de las series animadas más recordadas de
aquellos años, que dejó una huella enorme en
el mundo del animé en general y de los dibujos
de robots en particular.
El
argumento
Mazinger, que comenzó como manga
en 1972 en la revista semanal japonesa Shonen
Jump, es una creación del dibujante Go
Nagai, y cuenta la historia de dos arqueólogos
- El Doctor Infierno
y El Doctor Kabuto -
quienes encontraron los restos de una civilización
griega, capaz de construir robots gigantes que
lanzaban fuego por la boca. Infierno,
ambicioso y malvado, creía que si construía
robots como esos, podría dominar al mundo y por
eso mató a todos los que participaban de la
expedición, menos a Kabuto, quien logró
escapar de la matanza y encontró en el monte
Fujiyama un nuevo elemento llamado Japanium,
también conocido como la aleación Z, el cual
le permitió construir un nuevo robot, al que
bautizó como Mazinger, para enfrentar
las ambiciones desmedidas de su colega. Pero no
viviría para verlo. Es que Infierno falló
en su primer intento, pero no en el segundo y Kabuto
fue asesinado. De todas maneras, antes de morir,
logró mostrarle a su nieto Koji su gran
invento y le dio instrucciones para terminar con
los planes déspotas de su enemigo.
Del
lado de los “buenos”, además de Koji
Kabuto, estaban el asistente de su abuelo,
el Profesor Yumi, quien también había
construido un robot gigante, el cual era
manejado por su hija Sayaka, llamado Afrodita
A y Boss, el joven jefe de una banda
de motociclistas, quien también tenía un
robot, algo destartalado por cierto, pero que se
sumaba a Koji y Sayaka, para
destruir uno a uno los robots del Doctor Infierno,
cuyos secuaces eran el Barón Ashler, un
hermafrodita desde una simetría bilateral de su
cuerpo (era mitad hombre y mitad mujer) y varios
capítulos más tarde, el Conde Decapitado,
cuya característica era la de tener la cabeza
separada del cuerpo y llevarla bajo el brazo
como si se tratara del casco de una moto. También
se sumaban a esta lista de maldad, el Vizconde
Pigmeo, quien utilizaba magia negra para
combatir y el Duque Gorgón, dueño de
unas bestias mecánicas muy poderosas para
combatir con Mazinger.
Luego, en el transcurso de la serie, el
robot piloteado por Koji fue perfeccionado
infinidad de veces y sumó varios elementos que
lo hacían cada vez más invencible. La que no
corrió la misma suerte fue Afrodita, que fue
destruida y reemplazada por un nuevo robot
llamado Diana.
El
final de una historia
En
el penúltimo capítulo de la serie, todo parecía
indicar que el bien, una vez más, triunfaría
frente al mal, pero los japoneses no son tan
lineales y siempre sorprenden. Koji había
logrado vencer al Doctor Infierno y
cuando todo parecía terminado, El Duque
Gorgon, en el último episodio envió dos de
sus feroces creaciones, que despedazaron a Mazinger:
le rompieron las alas del Scrander, le
derritieron la aleación y destrozaron un puño.
Y cuando parecía que ya no había nada por
hacer, apareció el padre de Koji, a
quien todos creían muerto, con un nuevo robot
llamado Gran Mazinger, piloteado por el
hermano mayor del protagonista, que si logró
vencer a los robots orgánicos del Gorgon. De ahí
en más es otra historia.
Un
éxito que quedará en el recuerdo
Con un total de 92 episodios y dos películas,
la realización
de
la
serie, que marcó el comienzo de la moda de los
dibujos de robots gigantes en la animación
japonesa, estuvo a cargo de Toei Animation,
mientras que el guión estaba escrito por Susumu
Tkahisa y Keisuke Fujikawa. Por la
dirección pasaron Yugo Serikawa, Tomoharu
Katsumata, Nobou Onuki y Bonjin
Nagaki. Luego de la serie, que tuvo muchísimo
éxito en Europa y Latinoamérica en la década
del `80, con juegos y álbum de figuritas
incluidos, hubo varias continuaciones animadas
como Gran Mazinger y Mazinkaiser,
aunque este no estaba basado en el manga.
Sin dudas que Mazinger, al igual
que sucede con otras grandes series animadas de
la época, quedará en el recuerdo de todos los
que pasaron su niñez en los 80’s, porque no
fue un dibujo más, fue el que marcó el inicio
de una moda. Todos querían ser Koji Kabuto,
manejar un robot y decir frases como “puños
atómicos, actívense”. Con series como
esa, con un argumento interesante detrás, es
entendible que no se pudiera esperar a sacarse
la mochila del colegio para encender el
televisor y sumergirse en esas historias de
robots gigantes que los japoneses supieron
explotar mejor que nadie.
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