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Cuando era solo un niño, y todavía no
había inventado a la familia
animada más famosa del mundo (Los Simpson),
Matt Groening ya soñaba con hacer
ciencia ficción, sueño que se fue diluyendo
cuando, con el paso del tiempo, se dio cuenta de
que algunos de los conceptos propuestos por el género
lo irritaban. Pero en 1996, mientras preparaba
un episodio futurista de la familia oriunda de Springfield,
volvió a picarle aquel bichito de la niñez y
se le ocurrió que podía armar una nueva serie
animada, ambientada en el siglo XXXI, que además
rompiera con esos convencionalismos que tanto lo
molestaban. Su idea era hacer un programa donde
los problemas del universo no fueran resueltos
por el militarismo y la espiritualidad de la
Nueva Era. Así fue como tres años más tarde,
el 28 de marzo de 1999, Fox puso en
pantalla para los estadounidenses, Space
pilot 3000, título del primer capítulo de Futurama.
Un
mundo entre alienígenas y robots
Esta historia comienza el 31 de diciembre
de 1999 en Nueva York, cuando Fry, un
joven cuyas ambiciones en la vida no iban más
allá de seguir con su trabajo de repartidor de
pizzas, es accidentalmente congelado en un
laboratorio criogénico y enviado mil años
exactos hacia el futuro. Se despierta en “Nueva”
Nueva York, en plenos festejos por la
llegada del siglo XXXI y descubre que más allá
de algunos cambios (ahora los humanos conviven
con alienígenas y robots) muchas cosas siguen
igual: la gente continúa luchando contra las
mismas ansiedades cotidianas de la vida y el
amor. Además, el tráfico, aunque por los
aires, sigue siendo una verdadera pesadilla y Los
Simpson se siguen dando por televisión, a
pesar de las quejas del público, quien sostiene
que los primeros quinientos años fueron mucho
mejores que los segundos quinientos.
En esta nueva vida, en la que no se
siente nada incómodo, Fry conoce a Leela,
una bella alienígena de pechos memorables, y a Bender,
un robot antisocial, malhumorado y algo neurótico,
con quien entabla una gran amistad. Ellos son
los protagonistas de esta historia y juntos
forman una familia, quizás no tan convencional
como la que encabeza Homero Simpson, pero
una familia al fin, a la que se suman numerosos
personajes, tan ricos como los que viven en Springfield,
y que al igual que estos, ensayan una crítica a
los poderes establecidos y condensan humor y
acidez en partes iguales. A esta altura, todo un
sello de Groening, quien bautizó a la serie
como Futurama porque ese era el mismo
nombre de una exposición que realizó General
Motors, en la Feria Mundial de Nueva York de
1939.
Un
equipo de primera
La serie, que finalizó luego de 72
episodios en 2003, estaba compuesta por un equipo de altísima calidad, formado dentro del mundo de la
ciencia ficción, que no obstante, para la
serie, fue inducido por Groening a releer a
muchos de los autores del género como Asimov,
Heinlein y Philip K. Dick, entre
otros.
El productor ejecutivo era David X.
Cohen y la producción fue de Curiosity
Company, en asociación con Twentieth
Century Fox Televisión. El reparto estaba
compuesto por Billy West (Fry),
Katey Sagal (Leela) y John DiMaggio
(Bender), en los papeles principales.
Futurama fue una excelente serie
que tuvo la mala suerte de ser contemporánea de
su “hermana” Los Simpson, por lo cual
las comparaciones fueron inevitables. No
obstante, estos personajes de cabeza prominente
y ojos saltones, otro de los sellos de su
creador, quedarán en el recuerdo de los fanáticos
y quizás con el tiempo, tengan la reivindicación
que se merecen. Después de todo, hay mil años
por delante para eso.
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