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Sin
dudas que 1970 no fue un año más para la rica
historia de la televisión mexicana, y mucho
menos para el autor y actor Roberto Gómez
Bolaños. Sucede que ese fue el año en el
que se comenzó a emitir, los lunes, en horario
central y por Canal 8, Chespirito (también
nombre artístico de Bolaños), un programa de
sketches, cuyo éxito le abrió las puertas del
mercado internacional a la TV de México y donde
nació el personaje del que pretende ocuparse
esta nota: El Chapulín Colorado, un
superhéroe que de “súper” no tenía nada,
pero que nadie se animaría a cuestionar su
condición de héroe, porque a quien debía
vencer esta diminuta persona, antes que a los
malhechores, era a su propia cobardía y vaya si
lo hacía.
El propio Bolaños en varias entrevistas
se refirió al tema y explicaba que el Chapulín,
que en un principio estaba pensado para que lo
interpretara otro comediante, “no tenía
las propiedades extraordinarias de los héroes.
Era tonto, torpe y miedoso, pero también un héroe
porque superaba el miedo y se enfrentaba a los
problemas, y en eso precisamente consiste el
heroísmo y la humanidad”.
La idea del autor, cuando se le ocurrió
este genial personaje, era la de satirizar a los
superhéroes estadounidenses de las clásicas
historietas de siempre, pero con características
diametralmente opuestas. De hecho, las antenitas
son las características de un insecto porque el
Chapulín es la representación de una
langosta.
En cuanto al nombre, en un principio se
iba a llamar El Chapulín Justiciero,
pero el destino lo transformó en Colorado.
Sucede que a Bolaños quería que, como todo
superhéroe, el personaje se vistiera de una
manera especial y por eso pensó que debía
hacerlo con una malla de baile, pero solo se
conseguían rojas, blancas, negras y azules. Por
descarte quedó el rojo y para justificar el
color de su vestimenta decidió cambiarle el
nombre.
El sketch del Chapulín y del Chavo
del ocho, la otra gran creación del
autor, tuvieron un éxito tan rotundo, que el
canal no dudó en darles un espacio propio y
convertir esos dos segmentos de Chespirito
en programas independientes. De ahí en más, el
suceso fue imparable y trascendió las
fronteras: en muy poco tiempo los dos programas
se veían en toda América Latina y eran
traducidos a varios idiomas. Si hasta Homero
Simpson, personaje central de la serie animada más
exitosa de todos los tiempos, tiene al Chapulín
Colorado como a uno de sus héroes. ¿Qué más
se podría pedir?
El
cine, una materia pendiente
Tanta
popularidad tuvo este personaje, que la idea de
llevarlo a la pantalla grande estuvo rondando
por la cabeza de varios productores, pero
finalmente el proyecto quedó archivado en algún
escritorio mexicano y dejó con las ganas a su
creador y a la gran cantidad de fanáticos del Chapulín
alrededor del mundo.
Según contó Bolaños en alguna
oportunidad, en esa película iba a narrarse el
origen del personaje, algo que en el programa de
televisión nunca se mencionó. Esos escritos
contaban que la historia comenzó cuando un
científico muy enfermo y sin herederos, convocó,
a través de un anuncio en el diario, a que la
gente fuera a verlo para elegir a quién dejarle
su máxima invención: unas pastillas que permitían,
a quien las tomara, reducir el tamaño de su
cuerpo. El único requisito para presentarse era
ser absolutamente honesto. Solo una persona se
presentó a la convocatoria y, por supuesto, fue
quien se quedó con la famosa Pastilla de
Chiquitolina, quizás el único poder
sobrehumano que tenía el eterno e inigualable Chapulín
Colorado, un personaje que lo que tenía de
torpe...lo tenía de tierno.
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