|
¿Cuánto tardaría en aparecer el título de El
show de Benny Hill, en un supuesto juego por
recordar programas extranjeros en la televisión
argentina de los ’80? Probablemente poco. No
bajaría del tercer o cuarto título mencionado,
sin duda. Es que durante mucho tiempo el
programa de sketches protagonizado por el
humorista británico Benny Hill se mantuvo
al tope de la audiencia de los viernes a la
noche, por la pantalla del entonces Canal 11,
hoy Telefe, y dejó un recuerdo imborrable
en toda una generación.
Pero lo que poca gente sabe, es que aquel programa que
se exportó a la Argentina y a otros noventa
países, era en realidad una compilación de los
111 especiales, compuestos de sketches y número
de dibujos, que el cómico grabó para la
Thames Televisión de Inglaterra entre 1969 y
1989, año en el que decidió retirarse.
El humor pícaro, con mujeres semidesnudas y viejitos
anémicos sorprendidos en poses vergonzosas, fue
una de las claves del éxito. La comicidad de
Hill, estaba lejos de la sutileza. Tal es así
que, años después ya entrado el siglo XXI, la
BBC prohibió en su programación para los Estados
Unidos las repeticiones del programa por
considerarlo
"machista, abusivo con las mujeres y
retrógrado", una imagen que la cadena televisiva
no quería dar de Gran Bretaña. "Me temo que
Benny Hill refleja a una Inglaterra anticuada y
nuestro trabajo es mostrar a un país más moderno
y de avanzada", sostuvo en un comunicado uno
de sus directivos, en aquel momento.
Historia de un cómico
Intentar hacer una radiografía de la vida de
Benny Hill no resulta una tarea sencilla; es
poco y nada lo que se sabe de su vida privada.
Al parecer era un ferviente cultor del perfil
bajo, ajeno a todo tipo de escándalos y de
pedanterías. Su verdadero nombre era Alfred
Hawthorn Hill y nació el 21 de enero de 1924
en Southampton, un barrio de clase obrera de
Inglaterra. Nunca se casó, aunque quienes lo
conocieron aseguran que les propuso matrimonio a
dos mujeres a lo largo de su vida y fue
rechazado por ambas. Lo realmente curioso es que
a pesar de la fama y el dinero ganado, jamás
tuvo su casa propia, ni automóvil. Alquilaba un
pequeño departamento en Teddington, cerca de los
estudios donde grababa y vivó siempre acompañado
de su madre, quien falleció poco antes que él.
Sus primeros trabajos, en los años de la adolescencia,
fueron como lechero y tambero hasta que su
abuelo lo acercó al mundo del espectáculo. Fue
ahí cuando decidió rebautizarse como Benny Hill,
en homenaje al comediante estadounidense Jack
Benny, su favorito por aquel entonces.
Comenzó con actuaciones en clubes nocturnos,
cenas de trabajo y teatro independiente, pero el
gran salto al profesionalismo lo dio cuando se
presentó a una audición en el Teatro Windmill,
de Londres – pionero en el arte del striptease
– donde quedó elegido para desempeñarse como
humorista.
La década del ‘50 lo encontraría a Hill en
una variedad de presentaciones en la todavía
incipiente televisión. La BBC fue la que
le abrió las puertas de la pantalla chica, una
oportunidad que no desaprovechó y que utilizó
para desplegar todo su talento a través de muy
inspiradas imitaciones a personalidades de la
época. Eso lo llevó a tener sus primeros roces
con la popularidad, la cual se acrecentó gracias
a una serie de extravagantes publicidades que le
permitió al cómico volverse una imagen familiar
para los televidentes.
Con la fama en constante aumento, los
ofrecimientos para hacer cine no tardaron en
llegar - aunque no fue en el séptimo arte donde
más se destacó - y así fue como en 1956 tuvo su
debut cinematográfico en la película Who done
it? (¿Quién lo hizo?), una comedia de
poco vuelo que lo mostró en el papel de un
estrafalario detective privado. Algunos años más
tarde participó de producciones internacionales
como Those magnificent men in their flying
machines (Esos magníficos hombres en sus
máquinas voladoras), de 1965 y Chitty
chitty bang bang en 1969. El mundo de la
radio tampoco le fue ajeno y tuvo su propio
espacio al que llamó El tiempo de Benny Hill
y que permaneció en el aire por dos temporadas
(1964-1966). Pero claro está que donde más
cómodo se sentía era en un estudio de televisión
y hacia ahí orientó todos sus cañones. A fines
de la década del 60 dejó la BBC y firmó
contrato para la Thames Televisión, con la cual
acordó hacer sólo cinco o seis especiales por
año, y serían justamente esos especiales de
donde nacería el título que lo hizo famoso en
todo el mundo, El show de Benny Hill. El
ciclo permaneció en la pantalla hasta 1989.
A partir de entonces, poco fue lo que se
pudo saber del genial humorista, aunque dado que
una de sus grandes pasiones era viajar, no sería
descabellado pensar que pasó buena parte de su
tiempo libre recorriendo su país y el
extranjero, porque si con algo no tenía
problemas era con el idioma. Hablaba a la
perfección francés, alemán, holandés e
italiano. Murió el 20 de abril de 1992, a los 68
años, cuando un infarto fulminante lo sorprendió
en la soledad de su pequeño departamento. La
policía encontró su cuerpo cuatro días después
sentado en una silla, frente a la televisión.
Humor delirante + sexo= Éxito seguro
Cuando Benny Hill pasó de la BBC a
Thames Televisión, no imaginó que ese sería
su lugar por 20 años. El programa estaba hecho a
su medida y él estaba a cargo de todo, desde los
guiones de los sketches hasta las coreografías
de los números musicales y también de aquella
graciosa banda de sonido de sus persecuciones en
bicicleta, Yackety Sax, algo así como
Saxo parlanchín.
Hill era un experto en bufonadas y
payasadas, y se apoyaba mucho en el humor visual
– un recurso que años después tomaría Rowan
Atkinson para su personaje de Mr. Bean
- pero tuvo la ocurrencia de agregarle a todo
eso un tinte sexual, el condimento que marcaría
la diferencia. Su programa estaba poblado por
bellas y altas mujeres jóvenes, las cuales eran
miradas en forma pecaminosa por el cómico y su
híper disparatado grupo de amigos como Henry
McGee, Bob Todd, Jackie Wright
y Nicholas Parsons. De todos,
probablemente el más gracioso, y recordado, era
Wright, aquel calvo y pequeño hombre que siempre
hacía de bombero o vaquero, dos papeles que
contrastaban enormemente con su pequeña figura.
Benny Hill a la Argentina
El show de Benny Hill fue vendido a
noventa países y en todos tuvo singular éxito.
La versión para Latinoamérica estaba doblada por
el actor argentino Natalio Hoxman -
fallecido en 2004 – quien realizó un trabajo
extraordinario, y para nada sencillo.
“Hill hacía con
su voz natural las voces del resto de los
personajes porque la gracia estaba
fundamentalmente en el texto – explicaba
Hoxman en una entrevista al diario La Nación en
2003 - pero como para nosotros los chistes de
Benny Hill en contra de la reina o sobre las
peleas entre católicos y protestantes no
significaban lo mismo que para los ingleses,
decidimos inventarles nuevas voces a esos
viejitos libidinosos que lo acompañaban. Era
bastante chancho para la época, por eso muchas
veces cuando se ponía bravo verbalmente nosotros
decíamos ‘maripositas’ o ‘palomitas’”.
El actor fue elegido para ponerle su voz al humorista,
luego de que un piloto del programa llegara a
los Laboratorios Alex, a comienzos de los ’80.
Hicieron una prueba y la enviaron a Londres, y
entre todos los postulantes de América Latina,
Hoxman fue quien se quedó con la exclusividad
para toda la región. Aunque a la hora de
comenzar a trabajar seriamente con el doblaje se
encontraron con un problema, la versión original
de la que se disponía no tenía banda de música
y efectos por separado, o sea que la música, los
ruidos y las voces estaban grabados todos
juntos. No había manera de hacer un doblaje de
las canciones o de escenas musicalizadas o con
efectos sonoros. Así que, ingeniosamente,
se optó por recitar en insólitos versos los
pasajes musicales en voice over
(se escuchaba levemente el idioma original y se
doblaba encima lo más perfecto que se podía), lo
cual, en lugar de quitarle gracia a la escena,
terminó por agregarle un plus de humor, con
inventiva argenta.
Claro que mientras en otros países el doblaje hacía
hincapié en el humor sexual de una manera más
explícita, la versión hecha en la Argentina, que
en ese entonces era gobernada por los militares,
le daba un tono mucho más ingenuo. Tanto que,
sin proponérselo, quedó encasillada en un ATP
(apto para todo público) absoluto que la
convirtió en un éxito para grandes y chicos.
|