|
“Una noche me acosté con Illía, y
al día siguiente me levanté con Onganía y un
día me acosté con Levingston y me levanté con
Lanusse y con Cámpora y con Perón”, dijo
alguna vez, como una manera de explicar los
vaivenes políticos por los que debió transitar
la Argentina en la segunda mitad del siglo XX,
el inigualable Tato Bores, quien el 27 de
abril hubiera cumplido 80 años, si un cáncer
óseo no se hubiera interpuesto en su vida,
plagada de éxitos y reconocimiento unánime, no
sólo del público, sino también de sus pares.
Esos que en 1992, al canto de “la jueza burú
burú budía, es lo más grande que hay”, se
reunieron en uno de los estudios de Canal 13
para hacerle frente a una inexplicable censura
previa, sufrida por el cómico, que impidió la
salida al aire de un sketch de su programa.
De
la pobreza al mundo del espectáculo
El verdadero nombre del “Actor Cómico
de la Nación”, tal como a él le gustaba
llamarse, era Mauricio Rajmín Borezstein.
“Mi mamá dice que me llamo Rajmín, pero
no figura en ningún lado”, confesó hace
tiempo en un
reportaje. Lo que si es seguro es que
nació el 27 de abril de 1927 en un inquilinato
de la calle Tucumán y Carlos Pellegrini y que
desde chico tuvo que salir a trabajar para ganar
unos pesos y así ayudar en su casa. Es por eso
que no llegaba a los diez años y ya estaba
abriendo las puertas de los coches en la entrada
del Teatro Cervantes, por una monedas de
propina, aunque esto, claro, le quitaba tiempo
para estudiar, por lo que su paso por la escuela
primaria, que terminó a duras penas, y el
secundario, donde quedó libre por exceso de
rabonas, no fue tan exitoso como sí lo sería
su carrera varios años después.
Su sueño era ser músico, de hecho se
inició en el estudio del clarinete, pero su
gracia para contar chistes lo llevaría por
otros rumbos. En 1943, comenzó como “plomo”
de las orquestas de René Cóspito y Luis
Rolero, que actuaban en el programa de Pepe
Iglesias “El Zorro”, en Radio
Splendid, quien terminó por contratarlo para
que desplegara esa gracia, con la que divertía
a los músicos y al personal de la radio, en el
micrófono.
Ya en el ’44 la gente lo identificaba
cuando hacía del alumno Igor en La
escuelita humorística, personaje que fue
censurado por el ministro de Educación de
entonces, con el argumento de que los
chicos, después, hablaban igual en la escuela.
No pasó mucho para que llegara su debut
en el teatro de revistas. En el mítico Maipo
estuvo nada menos que nueve años consecutivos,
donde desplegó su talento al lado de las
figuras más importantes de la escena nacional.
El cine también sería un medio que no
le sería esquivo a Borezstein. En 1947, La
caraba, protagonizada por Olinda Bozán
y Francisco Álvarez y dirección de Julio
Saraceni, fue la primera película en la que
participó. Dos años después llegarían Campeón
a la fuerza y Un pecado por mes, y en
1951 Mala gente. También se dio el lujo
de actuar junto a Miguel de Molina en Esta
es mi vida (1952). Luego, en su filmografía
figuran títulos como Casada y señorita (1953),
Por cuatro días locos (1953), El
asalto (1959), Vacaciones en la Argentina
(1960), Propiedad
(1961), El televisor (1962), Disputas
en la cama (1971), Departamento
compartido (1980) y Amante para dos
(1981); en estas dos últimas compartió cartel
con otro gran capocómico argentino: Alberto Olmedo.
...Y
por fin llegó a la TV
En 1957, tras participar en el film Historia
de una carta, con Angel Magaña y Julia
Sandoval llegó su debut en la, por ese
entonces, joven televisión. Fue en un ciclo que
se llamaba Caras y Morisquetas, aunque su
incursión en el humor político llegaría recién
en 1960, en un sketch escrito por Landrú.
Ahí fue cuando creó al personaje con el que
todos lo identifican: Tato Bores, aunque su
vestimenta no era la misma. “Al principio
yo vestía muy a lo atorrante, casi siempre con
campera”, recordaba años más tarde. Es
que el frac pasó a formar parte de su atuendo
recién en 1961 cuando, con libros de Cesar Bruto (Carlos
Warnes), debutó en Canal 9 con programa
propio: Tato siempre en domingo, título
que eligió en alusión a la película Nunca
en domingo, que luego pasó a Canal 11
y continuó hasta 1970. “Eran tantos los
ministros que se cambiaban que yo propuse que
todos los argentinos vistiéramos de frac porque
en cualquier momento nos ofrecían un
ministerio. Desde entonces ya no me saqué el
frac”, decía el cómico que en noviembre
de 1992 recibió el título de Ciudadano Ilustre
de Buenos Aires, reconocimiento que agradeció
parafraseando a Groucho Marx: “No
puedo ser ciudadano ilustre de una ciudad que
nombra ciudadano ilustre a un tipo como yo”,
bromeó.
Al frac le agregó anteojos gruesos, una
peluca algo despeinada, patines y un habano que
nunca llevaba en la boca, debido a su
verborragia inigualable al hablar, esa que se
convirtió en marca registrada. “Siempre me
gustó exponer rápido lo que tenía que decir
en un escenario. Mis inicios fueron en el teatro
de revistas, allí empecé a hablar rápido
porque no me dejaban estar mucho, además en esa
época éramos muchos los actores que formábamos
un elenco, si yo me perpetuaba veinte minutos en
escena ¿qué hacían las figuras más
importantes? Ahora me acostumbré y si lo quiero
hacer despacio no me sale”, respondía
Tato cada vez que alguien le peguntaba sobre la
velocidad de sus palabras.
Años
de censura, amenazas, democracia....y otra vez
censura
Por siempre Tato, fue el nombre
del programa que Bores hizo en las temporadas
del ’71 y ’72, también por Canal 11,
con los guiones de Jordán de la Cazuela.
En 1973, con libros del mismo escritor,
llevó a la pantalla de Canal 13 Dígale
sí a Tato, título que un año después
cambió por Dele crédito a Tato. Y fue
este programa, cuyos libros estaban a cargo de Aldo
Cammarota, el origen de la primera de sus
interrupciones televisivas. “Me rajaron al
día siguiente de morir Perón, por mandato de López
Rega”, contaría años más tarde.
Hasta 1978, sólo era posible ver a Tato
Bores en unipersonales teatrales. En la televisión
estaba prohibido y cada vez que en público decía
que había sido censurado, recibía una amenaza.
Recién logró volver a la pantalla chica en
1979 con Tato versus Tato, otra vez con
guión de Cammarota y la incorporación de Juan
Carlos Mesa. Pero el país estaba lejos de
vivir una situación tranquila y esa
intranquilidad se apoderó del actor cuando un
anónimo le avisó que una bomba con 550 gramos
de trotyl lo esperaba en el palier del edificio
donde vivía.
Luego se comprobó que el detonador estaba
desconectado y que se trataba sólo de una
advertencia.
En 1981 llevó a Canal 13 Tato
por ciento, al que luego le seguiría Extra
Tato, escrito en conjunto por Oscar
Blotta, Carlos Abrevaya y Jorge
Guinzburg, luego continuado en el ‘83 por Jorge
Basurto, Geno Díaz y José María
Jaunarena. Tato que bien se TV,
llegaría en 1984 y Tatus en 1985, ambas
temporadas con libros de Díaz.
En 1986 no hizo televisión y sólo se
dedicó a disfrutar del éxito teatral de La
jaula de las locas, donde compartió cartel
con el actor uruguayo Carlos Perciavalle.
Fueron dos temporadas de un suceso rotundo y más
de cuatrocientas funciones.
La vuelta a la pantalla chica recién
sucedió en 1988, con una estética totalmente
renovada. Tato Diet salía por Canal 2,
(en ese entonces Teledos), con una
particularidad: a partir de ese ciclo, quienes
se hicieron cargo de los libros fueron sus hijos
Alejandro y Sebastián Borezstein.
Así, aparecieron el “inodoro justiciero” y
las canciones escritas, para el programa, por Charly
García. También continuaban las charlas
telefónicas con el presidente de turno y los
sabrosísimos fideos con tuco, que saboreaba al
lado de las personalidades más destacadas del
país.
Un año después regresó a Canal 13
para hacer Tato al borde de un ataque de
nervios, Tato en busca de la vereda del
sol (1990), Tato, la leyenda continúa
(1991) y Tato de América (1992). En este
último, tuvo el tan resonante inconveniente con
la Justicia. Se le prohibió difundir un sketch
donde satirizaba a la jueza Maria Romilda
Servini de Cubría. En el segmento en
el que debía ir esa parte, se podía leer un
cartel que decía: “Censura judicial”. Este
hecho hizo que buena parte de la farándula
local se reuniera en uno de los estudios del
canal para repudiar lo sucedido. Meses
después la Justicia levantó la medida.
En 1993, Tato se pasó a Telefe y
realizó su último ciclo, que por primera vez
no llevaba su nombre en el título: Good Show.
Era un programa mensual, algo que al cómico lo
atraía mucho, pero no tuvo un final feliz. Al
poco tiempo, el programa fue levantado por culpa
de “una mano negra”, según él mismo aseguró
tiempo después.
El
cómico falleció en Buenos Aires el
11 de enero de 1996. Su cáncer óseo lo había
obligado a retirarse del espectáculo unos años
antes. Estaba casado con Berta
Szpindler, con quien había contraído
matrimonio el 12 de mayo de 1954. Juntos
tuvieron tres hijos: Alejandro, Sebastián y Marina.
Tato Bores, que a lo largo de su carrera ganó
doce premios Martín Fierro, dejó un recuerdo
imborrable tanto en el público como en el
medio. Sus monólogos (fueron más de dos mil y
todos de memoria) eran esperados y disfrutados
por igual. Mientras ocupó su “puesto” de
“Actor Cómico de la Nación”, pasaron 16
presidentes y 37 ministros de Economía, y
ninguno de ellos logró salvarse de su ironía,
como tampoco los sindicalistas y todo aquel que
coqueteara con el gobierno de turno. Sin dudas,
con su partida dejó un hueco muy difícil de
llenar, algo que se nota sobre todo en estos
tiempos, donde la crítica hacia el Gobierno
casi no tienen lugar en una televisión copada
por los realities y los programas de
entretenimientos.
|