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Cuenta la historia que en 1975, mientras estaban
en el estudio de grabación dando forma al disco
Wish You Were Here (Desearía que estuvieras
aquí), los Pink Floyd vieron
detrás del vidrio a un tipo gordo, de cabello
muy corto con las cejas afeitadas y tardaron en
reconocerlo: Era Syd Barret, cantante y
compositor, miembro fundador de la banda, quien
llevaba un largo tiempo de encierro y
alejamiento de la vida pública.
A decir verdad, esa vida pública, los
escenarios y los estudios de grabación sólo
fueron un breve período en la existencia de
quien con el nombre Roger Keith Barrett naciera
en el invierno ingles de 1946. Breve período si,
pero suficiente para dejar una marca imborrable
en la historia de la música (y sobre todo en sus
compañeros de Pink Floyd) y para, en
complicidad con las drogas y el alcohol, acabar
con su talento y cordura.
Días de Floyd
A principios de los ’60, Barret había conocido
en la escuela secundaria a
David Gilmore
(fue de él que aprendió los primeros acordes de
guitarra), y tiempo más tarde a
Roger Waters,
que impresionado por su talento, lo invitó a
unirse a su grupo:
The Abdabs.
El joven Syd era un compositor de talento y un
buen cantante, con lo cual, no tardó en ponerse
al frente del grupo y, al poco tiempo, sugerir
un nuevo nombre:
The Pink Floyd Sound
(en homenaje a los músicos de blues
Pink Anderson
y
Floyd Council).
Luego de algunas exitosas presentaciones en
vivo, el grupo firmó contrato con EMI y en 1967
grabó en los estudio Abbey Road su primer larga
duración:
The Piper at the Gates
of Dawn.
Casi todos los temas de la placa eran de la
autoría de Barret, y el reconocimiento y el
éxito lo abrazaron de inmediato. Pero había un
factor extra que acompañaba al genio: el abuso
de las drogas. En especial LSD y el alcohol,
trastocaban su personalidad y generaban
múltiples problemas a la banda, sobre todo
durante las presentaciones en vivo. Fue
entonces cuando Waters decidió poner freno a la
situación y convocó a
David Gilmore
para que sea el guitarrista en el escenario y
reservar a Syd para la composición y grabación
en estudio. Pero el plan no prosperó; el segundo
disco de la banda, titulado A Saucerful of
secrets,
sólo contó con una sola composición suya (la
genial Jugband Blues)
y su vida comenzó un derrumbe sin freno.
Principio del fin.
1969 fue el año de su alejamiento definitivo de
la banda a la que había dado forma y alma. En
solitario grabó primero The Madcap laughs,
un disco áspero producido por sus amigos Gilmore
y Waters en el que en la mayoría de las
canciones solo se escuchan su voz y su guitarra.
Un año mas tarde fue el turno de Barret,
su segundo y último disco solista donde aún
brillaba como compositor. Punto Final. Lo que
siguió sólo fue la aceleración de su ruina
física y mental. Algunas presentaciones (la
mayoría de ellas frustradas) en vivo y unos
pocos temas grabados a pedido de
David Bowie
en 1974 fueron sus últimos destellos. A partir
de allí, el alguna vez brillante Syd Barret
viviría encerrado en su casa materna, en total
anonimato. Después de más de veinte años, un
grupo de periodistas británicos logró visitarlo
y realizarle una entrevista. El resultado fue
impactante: Barret estaba físicamente
irreconocible, mostraba desvaríos y decía no
recordar su carrera ni a sus antiguos amigos.
La muerte lo encontró,
consecuencia de un cáncer pancreático,
el 7 de julio de 2006. Su carrera fue una rápida
explosión y su vida un largo ocaso. Su
talento... será una luz eterna.
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