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Dante Quinterno

El prócer de la historieta

Creador de joyas como Patoruzú e Isidoro, Dante Quinterno es uno de los nombres más importantes en la historia del comic nacional. Cultor de un perfil bajísimo, sus creaciones, siempre exitosas, todavía hoy gozan de buena salud. En la década del '30 fundó el primer sindicato argentino de historietas. Gracias a eso, el dueño de una tira y de los personajes que la componen pasó a ser el autor y no el medio que los publica. El 26 de octubre cumpliría 97 años.

Por Diego Cabarcos 

dcabarcos@codigoretro.com.ar


      Algunos lo catalogaron como el “Walt Disney argentino”, pero llamarlo así no hace otra cosa que menoscabar el alcance de su talento y de su obra, y Dante Quinterno tenía nombre propio, un nombre que, sin necesidad de ser comparado con ningún otro, es considerado como uno de los más importantes del comic nacional, un verdadero “prócer” del género que hasta el mismo Disney llegó a admirar.

    Único hijo varón de los cuatro que tuvieron Martín Bautista Quinterno y Laura Raffo, Dante Raúl Quinterno, tal su nombre completo, nació el 26 de octubre de 1909 en Buenos Aires y realizó sus estudios en el colegio Bernardino Rivadavia. Fue por ese entonces cuando descubrió su vocación por el dibujo. “Primero ensuciaba con grafito cuanta superficie pulida se presentara a mi vista. Después, en los recreos de la primaria, garabateaba retratos de próceres argentinos en los pizarrones”, contó alguna vez Quinterno antes de llamarse a un voluntario silencio que duró más de siete décadas. Su último reportaje lo brindó en 1931, una muestra casi increíble de perfil bajo para un hombre que ha sido de los más exitosos en su rubro.

    Su primeros pasos en el mundo de la historieta los dio a los 15 años cuando ingresó como ayudante de DiógenesEl mono” Taborda, famoso humorista y caricaturista que, desde el diario Crítica, deleitaba a los lectores con sus caracterizaciones costumbristas de los porteños, las que lo convirtieron en toda una celebridad de la época. En 1925, al morir Taborda, el joven Quinterno pasó a secundar a Arturo Lanteri, autor de uno de los primeros grandes personajes que dio la historieta nacional: El Negro Raúl. Pero Lanteri no pudo contar con sus servicios por mucho tiempo. Ese mismo año, a través de Muzio Saenz Peña, director del diario El Mundo, Quinterno tuvo la oportunidad de publicar su primera tira en la revista El Suplemento, a la que tituló Panitruco. Al año siguiente, su trabajo comenzó a multiplicarse y creó, para La Novela Semanal, Andanzas y Desventuras de Manolo Quaranta. Pero fue en 1927 cuando, desde el legendario diario Crítica, llegó su primer gran éxito con un personaje llamado Don Gil Contento, un porteño que utilizaba su viveza para convertirse en miembro de la aristocracia. Luego, en ese mismo año, y para El Mundo, creó a Don Fermín, que después cambiaría su nombre por el de Don Fierro.

    El año siguiente no fue uno más para Quinterno, el 19 de octubre se produjo un hecho importante que terminaría por marcar su carrera para siempre. Dentro de la tira de Don Gil Contento hizo su aparición, como personaje secundario, quien se transformaría en su más famosa creación: el indio Curugua Curiguagüigua, más conocido como Patoruzú. Sin embargo, más allá del excelente futuro que el destino tenía deparado para este personaje, el debut fue también despedida. Al día siguiente, sin ningún tipo de explicaciones, la tira se levantó.

    Al poco tiempo, Quinterno comenzó a trabajar para La Razón con una nueva creación: Julián de Montepío, otro porteño avivado con aires de play boy. No mucho después, Julián también recibió en su tira a Patoruzú, con lo que el autor quiso repetir la experiencia frustrada del diario Crítica, pero esta vez, sin levantamientos de por medio, el resultado fue un éxito, tanto que, al poco tiempo, el indio relegó al personaje principal y la tira pasó a titularse con su nombre.

    Mientras tanto, y para acompañar la página de los automóviles del mismo medio, creó un personaje llamado Pepe Torpedo, un nuevo porteño piola y amante de los “fierros”. Luego, algunas diferencias con La Razón lo alejaron del diario y se fue, con Patoruzú bajo el brazo, al diario El Mundo, donde ya publicaba, desde hacía cuatro años, una tira que acompañaba los resultados del turf, protagonizada por un oficinista tímido y fanático de las carreras de caballos llamado Isidoro Batacazo. Por su parte, La Razón, que tenía los derechos de Julián de Montepío,  se quedó con el personaje y republicó, una y otra vez y hasta el cansancio, sus historias iniciales hasta antes de la llegada del indio, que sí era propiedad del autor, mientras que las aventuras de Torpedo terminaron con la partida de su creador.

    Al poco tiempo, y a raíz de las malas experiencias del pasado, el padre de Patoruzú y de tantos otros personajes, creó el primer sindicato argentino de historieta. Fue a partir de entonces que el dueño de una tira, y de los personajes que la componen, pasó a ser el autor y no el medio que los publica.

    Luego de viajar a Estados Unidos y contactarse con los estudios Disney, llegó la gran consagración de Dante Quinterno: en 1936 fundó su propia editorial y el 12 de noviembre de ese año lanzó a la venta la revista Patoruzú, la cual en pocas horas agotó los 100 mil ejemplares. El éxito fue arrollador, sobre todo en las décadas del ’40 y ‘50 donde la publicación llegó a vender 300 mil ejemplares semanales. Quizás uno de los secretos del éxito era que la revista no contaba solo con las aventuras del popular indio, sino también venían otras historietas del autor como El fantasma Benito se divierte, Don Fierro e Isidoro,  todas con vuelo propio, sobre todo la de este último, una mezcla de Montepío, Batacazo y Torpedo.  El rey de los play boy comenzó como padrino de Patoruzú, en el lugar que primero fuera de Don Gil Contento y de Julián de Montepío, después, y terminó desdoblándose para protagonizar su propia tira y más adelante, en 1968, una revista llamada Las locuras de Isidoro.

    El 20 de noviembre de 1942, Quinterno llegó al cine con un corto de quince minutos titulado Upa en apuros, el primer dibujo animado argentino en colores, el cual se presentó en el cine Ambassador, antes del estreno de una obra clave del cine nacional: La guerra gaucha.

    En 1945 se produjeron dos hechos importantes para su carrera, por un lado, lanzó el que sería otro boom editorial: Patoruzito, un semanario de historietas de aventuras, cuya tira central estaba protagonizada por una versión infantil del cacique; y por otro lado, su querido Patoruzú comenzó a publicarse en el diario PM de Estados Unidos, convirtiéndose en la primera historieta sudamericana en desembarcar en el país del norte.

    En los ’50 su vida dio un giro significativo y luego de comprar campos en Cañuelas, Coronel Brandsen y Trenque Lauquen, se dedicó a la actividad rural y ganadera y creó la revista Dinámica Rural, que compitió con la tradicional revista Chacra. Pero su éxito editorial no se detuvo ahí y siguió con marcha firme, durante esa década, al lanzar revistas dedicadas exclusivamente a cada uno de sus personajes más importantes, así fue como aparecieron Las grandes andanzas del Indio Patoruzú, en 1956; Correrías de un pequeño gran cacique Patoruzito, en 1957 y las ya mencionadas Locuras de Isidoro, en 1968, revistas que todavía hoy siguen publicándose mensualmente, en una reedición de las viejas historias con los retoques temporales pertinentes.

    Dante Quinterno siguió, siempre con su perfil bajo, ocupándose de su editorial hasta las últimos días de su vida. Falleció el 14 de mayo de 2003 a los 93 años. Tuvo tres hijos: Dante, Walter y Mónica, de su matrimonio con Rosa Schiaffino con quien se casó en 1938.  Con su partida, un sinfin de personajes entrañables de la historieta argentina quedaron huérfanos, pero con la suficiente vida propia como para salir a la conquista de las nuevas generaciones. De hecho, el filme Patoruzito, de 2004, se convirtió en una de las películas más vistas del cine nacional y hay proyectos para llevar  las aventuras de Isidoro a una cadena de televisión de dibujos animados internacional y al pantalla grande también. Quinterno puede descansar en paz, su obra sigue intacta y su personajes más vivos que nunca.  


 

 
 

 

   

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