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Un
acto de rebeldía ante una injusticia puede
cambiar la vida de una persona, la de dos y la
de millones. El 1º de diciembre de 1955, Rosa
Parks, una mujer negra de
Montgomery, Alabama (Estados Unidos) fue encarcelada por negarse a
dar su asiento a una persona blanca -según lo
estipulaba la ley local-
mientras viajaba en un transporte público.
Parks, por entonces una luchadora activa por los
derechos civiles, se transformó en un icono de
la pelea por la integración de los negros. Pero
el mismo suceso también vino a marcar
definitivamente el camino de un tal Martin
Luther King: Un pastor de la Iglesia
Baptista que por aquel entonces tenía 26
años y había llegado recientemente Montgomery.
Ante la encarcelación de Parks, el joven
reverendo convocó a la comunidad a realizar un
fuerte boicot contra el trasporte público: “No
tenemos otra opción que la protesta. Han sido
muchos los años de notable paciencia, hasta el
punto de que, en ocasiones, hemos dado a
nuestros hermanos blancos la impresión de que
nos gustaba el modo en que nos trataban. Pero
esta noche estamos aquí para liberarnos de esa
paciencia que nos ha hecho pacientes con algo
tan importante como la libertad y la
justicia".
El llamado fue ampliamente apoyado y
potenciado, aun más, por la encarcelación de
King. La protesta duro 381 días, hasta que la
corte suprema de los Estados Unidos prohibió la
segregación en los transportes públicos de
Alabama y otros estados*. El reverendo, pasaba a
ser un referente y uno de los máximos líderes
de la población negra, en la lucha por la
igualdad de derechos. Fundaba la Conferencia
de Lideres Cristianos del Sur (SCLC) y
era elegido presidente de la misma.
Apoyado por anti-segregacionistas negros
y blancos, del norte y del sur, el movimiento
comenzó a adquirir relevancia en todo el país,
caracterizado por aferrarse al método de la
resistencia no violenta. “De
mi formación cristiana he obtenido mis ideales
y de Gandhi
la técnica de la acción”;
aun restaba pelear por el derecho al voto y por
el fin de la segregación en la educación y el
trabajo y, por ello, King encabezaba nutridas
marchas en las que jamás faltaba la represión
y tras las que, frecuentemente, terminaba
encarcelado.
En 1963 brindó su mas famoso discurso
frente a una multitud reunida en el monumento a Lincoln,
en la ciudad de Washington (Ver:
Un sueno todavía no realizado). Al año siguiente, recibe el
Premio Nóbel de la Paz y el gobierno promulga
la Ley de Derechos Civiles, que prohibía la
segregación racial en locales públicos, y la
discriminación educativa y laboral.
A pesar de las reivindicaciones
conseguidas –a las que se había sumado la
Ley de Derecho al Voto firmada por el presidente Johnson
en agosto de 1965-
la lucha no estaba para nada unificada.
La comunidad negra, sobre todo la del norte,
comenzaba a radicalizarse en sus posturas y a
concebir otros métodos y objetivos: “Las
tácticas de disuasión pacifista que Martin
Luther King había tomado de Gandhi y aplicado
con éxito para remediar la situación en el Sur
producían carcajadas en los jóvenes negros del
Norte que tenían a Lumumba
en la cabeza, a Che
Guevara en el corazón y estaban a punto de
tener a Malcolm
X en sus consignas de combate” explica
Eduardo Chamorro en un articulo para el diario El Mundo de España (1998). King apostaba a la convivencia e
integraba sus reclamos con los de otras minorías
y, eso, no era bien visto por algunos de sus
pares.
En lo estrictamente personal, su situación
tampoco era demasiado auspiciosa: estaba
asediado por el FBI que desde hacia años monitoreaba sus movimientos y
comunicaciones en la sospecha (no podía faltar)
de su afinidad con el comunismo; diversos grupos
antisemitas aumentaban día a día el odio hacia
su figura; y, por último, había logrado
ganarse la definitiva antipatía del gobierno,
al fijar su posición en contra de la intervención
bélica en Vietnam.
En abril
de 1968 King viajó en Memphis para liderar una marcha del sindicato de basureros. La tarde del día
4, un disparo le dio muerte mientras
caminaba en el balcón del hotel donde se
alojaba.** Un hombre llamado James
Earl Ray confesó haber cometido el crimen y
fue encarcelado. Días después, desmintió su
declaración. Durante años apeló la sentencia,
cambiando constantemente de abogado defensor y
alegando haberse
declarado culpable para evitar una
sentencia a muerte. Mark Lane, uno de sus
abogados, llegó a afirmar que el FBI era el
responsable de la muerte del líder negro y que
su defendido no era más un chivo expiatorio***.
La familia de King, apoyó esa versión.
Un
sueño todavía no realizado
“(…)
Sueño que un día esta nación se levantará y
vivirá el verdadero significado de su credo:
"Afirmamos
que estas verdades son evidentes: que todos los
hombres son creados iguales".
Sueño que un día, en las rojas colinas de
Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y
los hijos de los antiguos dueños de esclavos,
se puedan sentar juntos a la mesa de la
hermandad.
Sueño que un día, incluso el estado de
Mississippi, un estado que se sofoca con el
calor de la injusticia y de la opresión, se
convertirá en un oasis de libertad y justicia.
Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día
en un país en el cual no serán juzgados por el
color de su piel, sino por los rasgos de su
personalidad.
¡Hoy tengo un sueño! (…)”
MLK
Probablemente
sean muchas las personas que jamás han odio
hablar de Luther King, o que no conocen
ciertamente cual era su lucha. Pero sin duda
alguna la mayoría sabe de la existencia de este
discurso, pronunciado en 1963 ante más de 200
mil personas en Washington o, al menos, de su
frase emblemática: “Yo
tengo un sueño”. Aquel sueño, el mismo
que lo animaba desde joven y por el que lucharía
hasta el fin, era lograr la igualdad de los
derechos civiles, y de integración entre negros
y blancos.
“Las
personas de color son los norteamericanos más
pobres, los que proporcionalmente más
frecuentan las cárceles, los que menos negocios
dirigen y los que más problemas con las drogas
tienen. Solamente en contadas profesiones, los
negros han traspasado barreras raciales y se han
convertido en estadounidenses de pies a cabeza.
Sin importar el color de su piel”,
sostenía Chamorro en 1998 e ilustraba con
algunas cifras:
“Sólo
el 1,3 % de los
35 millones de personas de raza negra de EEUU
tiene un negocio propio; La mortandad infantil
entre los bebés negros es del 18,6%
y la de los blancos del 8,1%.; El 41%
de las personas detenidas por posesión y tráfico
de drogas es de color. Pero sólo el 12% de la
población estadounidense es de raza negra”.
De todos modos no hacen falta las estadísticas
para poder afirmar que el sueño de King, hoy, a
40 años de su muerte, esta aún lejos de
cumplirse.
*El
desarrollo de la lucha y el boicot puede
consultarse en el libro que el propio King
escribió titulado Stride
Toward Freedom. (1958)
** Desde
1986, el tercer lunes de enero, cada año, se
conmemora el Día Martin Luther King.
***
Diario
el País
(15-08-1978)
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