|
Freddie
Mercury podía pasar de la extravagancia de
sus trajes y el despliegue de sus dotes de
showman sobre el escenario, a la tranquilidad y
cotidianeidad de su vida diaria.
En una entrevista de 1985, Mercury habló
sobre el carácter versátil de su personalidad:
“Soy un hombre que va de un
extremo al otro. Cambio día a día como un camaleón y cada día es
diferente. No quiero ser la misma persona todos
los días.”
Y de hecho sus días no fueron los mismos
luego de que en 1964 Freddie (cuyo verdadero
nombre era Farrokh
Bulsara), junto a su hermana Kashmira,
su padre Bomi y su madre Jer,
abandonaron su Zanzíbar natal y emigraron a
Inglaterra debido a la revolución que ocurría
en su país.
Pero previo a su partida hacia Europa,
Mercury ya había demostrado sus dotes histriónicas.
Durante su estadía en la escuela Saint
Peter´s de Bombay,
en donde adoptó el nombre Freddie, una docente
advirtió sus cualidades para la música y le
aconsejó que tomara clases de piano, teatro y
coro. En
una oportunidad, el cantante de Queen
recordó esas épocas de esta manera: “Cuando
era chico estuve en un coro y simplemente me
gustaba cantar. Entonces de repente me di cuenta
de que podía escribir canciones y hacer mi
propia música”.
Tiempo después formó su primera banda
llamada The Hectics (los agitados) y quizá
el nombre fue una premonitoria señal de la
agitada vida que tendría por delante.
Al llegar
a Inglaterra
la familia Bulsara se asentó en Feltham,
en el oeste de Londres.
Su padre Bomi consiguió trabajo como cajero y
su madre, como vendedora en la tienda Marks
& Spencer. Freddie ingresó al Ealing
College para estudiar diseño gráfico y
allí conoció al
bajista Tim
Staffel, quien le presentó al guitarrista Brian May y al baterista Roger
Taylor, quienes en ese momento tocaban junto
a Staffel en el grupo Smile.
Según recuerda su madre Jer, en una
entrevista realizada por el periodista Tim
Teeman para
el diario The
Times,
cuando ella le preguntó a su hijo qué iba a
hacer de su vida después de graduarse como diseñador
gráfico, él le dijo que no sabía.
Jer continuó: “Lo
recuerdo completando solicitudes de trabajo
mientras decía que esperaba que no lo
llamaran”.
Y por suerte
para quienes aún hoy siguen disfrutando de su música,
Mercury no obtuvo ninguno de esos trabajos y en
abril de 1970 se unió a Roger Taylor, John
Deacon y
Brian May y juntos formaron Queen.
Porque como
él mismo dijo años después:
“Es la forma en la que me gusta vivir. Si no
hiciera esto (música) no
tendría nada que hacer. No se cocinar y no soy
bueno con las tareas de la casa. Está en mi
sangre, parece que hubiera estado haciendo esto
por mucho tiempo”.
Pero los
comienzos de Queen no fueron fáciles.
En una entrevista que dio a la revista Melody
Maker,
en 1981, recordó los inicios de la
banda: “Dos o tres años antes de comenzar (con Queen)
casi nos separamos.
Sentíamos que no estaba funcionado, que
había demasiados “tiburones” en el negocio
y que era mucho para nosotros.
Pero algo nos hizo continuar y aprendimos
tanto de las malas como de las buenas
experiencias. A veces - continuaba el líder
de Queen - cosas
como las que nos pasaron te dan un incentivo aún
mayor para seguir. No ganamos dinero hasta
nuestro cuarto álbum A night at the opera”.
Pero antes de A Night At The Opera (1975) el grupo ya había conseguido
popularidad con sus discos anteriores: Queen,
de 1973, Queen
II y Sheer
Heart Attack, de 1974.
Con Freddie de treinta años, en 1976 Queen
lanzó su siguiente trabajo, A
day at the races (que con su nombre
recordaba nuevamente otra de las creaciones de
los hermanos Marx) que fue el primer disco
producido íntegramente por la banda. En una
entrevista que los integrantes del grupo dieron
a la revista Circus, en Enero de 1977, Freddie habló acerca del trabajo de producción: “Para
ser honesto, fue una decisión difícil.
Elegir el primer tema del disco es una
cuestión de gusto.
Elegimos Somebody to love para darlo a
conocer. Es
una de mis canciones”.
Más de treinta años después, Somebody
to love sigue emocionando por su fuerza
expresiva y la ferviente búsqueda del amor del
protagonista.
Ese amor que Freddie también buscó.
En
1980, y luego de haber pasado seis años juntos,
Mary Austin se
separó de Mercury.
Lo había conocido a los 19 años cuando
Freddie y otros artistas como Paul
Mc Cartney
solían comprar ropa en el negocio en el que
ella trabajaba.
Pero fue recién cinco años después
cuando Mercury la invitó a salir. “Cuanto más lo conocía, más me enamoraba de él.
Tenía valores, lo que creo que es raro
en estos días. El amor era una constante y sabíamos
que podíamos confiar en el otro y que nunca nos
haríamos daño a propósito”, declaró
Austin a la revista OK,
en marzo de 2000.
Cuando Freddie le confió su bisexualidad
a Mary ella decidió terminar la pareja, pero a
pesar de eso, nunca dejaron de estar en
contacto. De hecho, poco tiempo después de
separarse, él le compró un departamento a la
vuelta de su casa. “Podía
ver el departamento de Freddie desde mi baño.
Entonces pensé que nunca me iría de su
vida”, comentó Austin.
Y así fue.
Mary nunca dejó de estar al lado del
cantante y fue una de las personas que lo acompañó
durante sus últimos meses. Sobre esos tiempos
difíciles, ella comentó: “Su
calidad de vida había cambiado y cada día
estaba peor.
Estaba perdiendo la vista y su cuerpo
estaba cada vez más débil. Un día decidió
que ya era suficiente y dejó de tomar los
medicamentos.
Pero se fue en paz y murió con una
sonrisa en la cara”.
Freddie
Mercury falleció un 24 de noviembre de 1991, un
día después de haberle confesado a la prensa
su enfermedad.
Hoy, Mary vive junto a su familia
en la Mansión que el líder de Queen
tenía en Kensington, Londres, que el músico le dejó como herencia.
Versátil y creativo, Mercury era una
persona singular. No leía libros porque pensaba
que era una pérdida de tiempo y que esa
actividad no coincidía con la energía que él
tenía. Compuso
canciones maravillosas y, sin embargo, casi no
sabía música. El mismo Freddie contaba que el
día anterior a un show tenía que repasar sus
propias canciones porque si no,
se las olvidaba sobre el escenario.
Era
incansable y su “relajación”
consistía en dormir en un avión durante
veinte minutos.
Su energía parecía no terminarse nunca: “No necesito dormir mucho”, explicaba, “Puedo estar bien con tres o cuatro horas de sueño.
Eso es suficiente”.
Siempre pensaba en el futuro y en las
sorpresas que la vida le depararía, “vivo
para el mañana”, dijo alguna vez.
Cuando en 1985 le preguntaron cómo le
gustaría que lo recordaran en el mundo de la música,
dijo: “¿Cuándo
esté muerto, alguien va a recordarme?”.
Más
de veinte años después de esas declaraciones,
la imagen, el talento, el carisma y la excelente
voz de Freddie Mercury continúan junto a
nosotros.
“¿Alguien
va a recordarme?”
Si,
Freddie, de hecho, nunca vamos a olvidarte.
Fuentes
consultadas:
www.bbc.co.uk
www.timesonline.com
www.thequeenzone.com
www.rockmusic.org
www.freddie.ru
www.queenonline.com
|