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Considerado
como el hombre que inventó la alta costura, sinónimo
de sofisticación y elegancia, Christian Dior
nació en Granville, Francia, el 21 de enero de
1905 y murió en Montecatini, Italia, víctima
de una crisis cardiaca el 24 de octubre de 1957,
en plena gloria, con un imperio montado y la
condecoración de la Legión de Honor que le había
entregado el Ministro de Comercio francés en
1950.
Se autodefinía como un hombre tímido y
conservador. Era, además, solitario, inestable
y tan supersticioso que no tomaba un lápiz sin
consultar las cartas ni salía de su casa sin
sus cuatro amuletos: “Llevo colgados dos corazones y una estrella, y siempre guardo un trozo
de madera en uno de los bolsillos.”
Sus creencias fueron inspiración de colecciones
como Amuleto, Horóscopo, Gitana, Lotería, Trébol
de cuatro hojas y otras.
Estudió Ciencias Políticas con la
intención de dedicarse a la diplomacia pero,
cuando regresó del servicio militar, abrió su
propia galería de arte. Algunos años después
dejó la galería y se dedicó a lo que
realmente le apasionaba, la ropa. Comenzó
vendiendo sus dibujos de moda a los diarios de
París y trabajó para diferentes casas hasta
que, en 1946 y con el apoyo del magnate textil Marcel
Boussac, estableció su propia maison
en el número 30 de Avenue Montaigne.
En 1947 presentó su primera colección y
de inmediato se consagró como genio. Dior mostró
una colección que cambiaba la manera de vestir
a la mujer tras los duros años de la posguerra.
Le devolvió el glamour y creó una imagen de
mujer coqueta y muy femenina: faldas con mucho
vuelo, cintura ceñida, y hombros redondeados
que se completaban con tacones de aguja y
amplias capelinas. El propio Dior dijo: “Dibujé mujeres-flor, con
hombros suaves, pecho generoso, cintura de junco
y faldas tan amplias como un torbellino de pétalos.”
La directora de Harper’s Bazaar, Carmel
Snow, bautizó a la nueva línea de ropa
como New Look y, desde
entonces, nadie recuerda que su nombre original
fue Corolle.
Vistió a las mujeres más elegantes de
la alta sociedad, millonarias y estrellas como
la princesa de Yugoslavia, la duquesa de Windsor,
Lauren Bacall, Margot Fontayn, Lady
Diana Cooper, Marlene Dietrich, Rita
Hayworth, Elizabeth Taylor, Oliva
de Havilland, Ava Gardner y Eva Perón, que tenía un maniquí con sus medidas en la casa Dior.
Dior logró -en apenas 10 años- crear
una de las marcas más conocidas y respetadas en
el mundo. Fue pionero en el diseño de medias,
cosméticos y accesorios, así como en la
implantación del sistema de licencias para
accesorios, ropa interior y ropa de casa. Sus pañuelos,
corbatas, bolsos, anteojos, relojes y piezas de
alta joyería se venden en el mundo entero y sus
perfumes son tan célebres como sus vestidos. En
la actualidad, el grupo Dior engloba más de 60
marcas y factura 16.000 millones de euros al año.
En 1957, Christian Dior decidió ir a
Montecatini a pesar de la advertencia de su
adivina, Madame Delahaye, que le pidió
abandonar sus planes de viaje. Por única vez no
le hizo caso. El mundo entero, sacudido por su
muerte, envió tantas flores que el gobierno
francés autorizó que las pusiesen en el Arco
del Triunfo.
Fue enterrado, cumpliendo su deseo, en
Caillan, al lado de sus padres y su fiel
gobernanta Marthe. En la homilía pronunciada en
su funeral el párroco dijo que Dior había sido
“llamado
por Dios para vestir a los ángeles.”
“El entusiasmo por la vida es el secreto de toda
belleza. No existe belleza sin entusiasmo.”
Christian Dior
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