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Si bien Roberto Gómez Bolaños y Chespirito
son la misma persona, no nacieron el mismo día;
el primero lo hizo el 21 de febrero de 1929, en
la ciudad de México, mientras que el segundo,
lo hizo varios años después, cuando el
director cinematográfico Agustín Delgado
lo bautizó de esa manera, porque veía en esa
diminuta persona a un pequeño Shakespeare,
pequeño por su metro sesenta de altura, claro
está. Y no estaba equivocado Delgado, porque
después de más de 50 años de carrera, se
puede afirmar que hay un antes y un después de
Bolaños en la televisión mexicana, y vaya si
es así, sus creaciones, a base de humor sano,
recorrieron el mundo entero y fueron traducidas
a más de 36 idiomas, si hasta su Chavo del
Ocho, que acaba de convertirse en serie
animada, ya tiene su imagen impresa en una
estampilla. Un reconocimiento merecido para
alguien que hizo reír más de lo imaginable.
Un
camino hacia la gloria
Si bien desde joven lo que le gustaba era
escribir, en un primer momento, cuando todavía
no era Chespirito, Bolaños comenzó a
cursar la carrera de ingeniería, aunque el
intento por tener una carrera universitaria no
le duró mucho. Su pasión por la escritura pudo
más que su futura profesión. Tal es así, que
en segundo año abandonó la universidad y se
presentó por medio de un aviso del diario en
una agencia de publicidad. Fue ahí donde dio
sus primeros pasos como creativo y fue la
eficacia de sus guiones la que más tarde le
abrió las puertas del mundo de la radio primero
y del cine, la televisión y el teatro después.
Para la segunda mitad de la década del
’50, la actividad como guionista de Gómez
Bolaños, Chespirito o como quieran
llamarlo, se intensificó. Su nombre comenzó a
ser conocido dentro del mundo de los medios y el
éxito no tardó en llegar. Fue ese éxito el
que hizo que, en 1966, el actor Mario Moreno
“Cantinflas” lo eligiera para
ocuparse de los libros de un nuevo programa que
iba a llamarse El estudio de Cantinflas,
pero las altas pretensiones del famoso
comediante mexicano, hicieron que el anunciante
del envío cancelara el proyecto antes de salir
al aire.
Hacia fines de 1968, el recién
inaugurado Canal 8 lo contrató y le
ofreció dos espacios de diez minutos dentro de
un programa ómnibus los sábados a la tarde. Ahí
nacieron sketches como Los supergenios de
la mesa cuadrada y El ciudadano Gómez,
donde se animó, por primera vez, a probarse
como actor.
Dos años después, el canal le dio un
espacio propio de una hora los lunes a las 20 y
el programa pasó a llamarse Chespirito y
estaba compuesto de diferentes sketches. En uno
de ellos nació el personaje de El Chapulín
Colorado y un año más tarde, en el ’71,
hizo su primera aparición en la pantalla chica
el huérfano Chavo del Ocho. Los dos
personajes tuvieron tanta repercusión en la
audiencia, que el canal decidió darles espacio
propio, con un día especial en la semana para
cada uno y en horario central. El éxito no se
hizo esperar y la locura por estas dos
creaciones de Bolaños comenzó a crecer más de
lo que la mente del autor alguna vez pudo
imaginar. De hecho, fueron estos dos programas
los que le abrieron las puertas del mercado
internacional a la televisión mexicana. Tal es
así, que para 1973 El Chavo y El
Chapulín ya se veían en toda América
Latina y eran doblados en varios idiomas. Si
hasta Homero Simpson, personaje principal
de la serie animada más exitosa de todos los
tiempos, tiene al Chapulín Colorado como
uno de sus personajes favoritos.
Pero la galería de personajes de Gómez
Bolaños no termina ahí; de la mano de sus dos
personajes más famosos también tuvieron mucha
repercusión otros como Chaparrón Bonaparte,
El Chómpiras y el irritable Dr.
Chapatín, que fue su primer personaje
exitoso.
En 1978, el éxito de la televisión lo
llevó a animarse con el cine y El Chanfle,
película que produjo, escribió y también actuó,
rompió todos los record de taquilla existentes
en México hasta ese momento.
El teatro tampoco le fue ajeno y logró
marcas dignas de la envidia de cualquier
artista. En 1977, su espectáculo, con los
mismos personajes de la televisión, llenó dos
veces en el mismo día el Estadio de Fútbol de
Santiago de Chile, cuyo cupo es de 80 mil
personas. En Buenos Aires, si se suman sus dos
visitas en 1978 y 1987, colmó dieciséis veces
el Estadio Luna Park, además de la cancha de
Estudiantes de la Plata y el Mundialista de
Mendoza y en Nueva York, el Madison Square
Garden, desbordó de público dos veces, en la
misma fecha, por el espectáculo que puso en
escena.
Roberto
Gómez Bolaños, Chespirito o a esta
altura de la nota como más les guste, alegró
con sus programas a más de tres generaciones de
personas en varias partes del mundo y va por más.
Sus personajes de El Chapulín
Colorado y El Chavo del Ocho son todo
un clásico, y más allá de que los repitan una
y otra vez, sus excelentes guiones todavía
despiertan una sonrisa o, por que no, una
carcajada. Y por si fuera poco, las nuevas
generaciones tienen para elegir: o los viejos
capítulos del programa o la serie animada que
acaba de estrenarse. Quién hubiera dicho que un
hombre tan pequeño, iba a llegar tan alto.
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