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Desde
el inicio de los tiempos, el arte fue para el
hombre una forma de canalizar sus sentimientos,
pasiones, frustraciones y deseos. Y en ese
contexto, la ridiculización de situaciones poco
agradables de la vida, permitía al espectador
sobrellevarlas de mejor manera al verlas
exteriorizadas de una forma no trágica. La
comedia fue entonces el vehículo de
reconocimiento de nuestras propias debilidades y
temores. El vocablo comedia proviene de la
palabra griega “comos” que identificaba a
las fiestas populares en las que un grupo de
personajes, en estado de ebriedad y con poca
ropa, colocaban máscaras sobre sus rostros y
cantaban canciones obscenas insultando al público,
que respondía de la misma manera. De la comedia
griega deriva el mimo, en el que los actores
parodiaban situaciones cotidianas o temas de
orden mitológico mediante danzas y música.
A finales del siglo I a.C en Roma, los
espectáculos de mimo dejaron lugar a los de
pantomima.
En la pantomima (que significa imitación
de todo) se representaban solo con gestos las
situaciones tanto cómicas como trágicas.
Mucho tiempo después, durante el siglo
XX de la era cristiana, la pantomima seguía
siendo un referente de expresión artística.
Con la llegada del cine de la mano de los
hermanos Lumiére, este género expresivo encontraría un lugar más en el
que desarrollarse.
Casi
veinte años después de aquella primera
proyección cinematográfica, un nuevo personaje
hacía su aparición en la aún incipiente
pantalla grande. El vaivén asimétrico de sus
piernas acompañaba el devenir casi musical de
su bastón… el bigote se movía sobre las
muecas impacientes de sus labios.
Un sombrero negro, pantalones anchos,
saco ajustado y zapatones negros completaban su
figura. The tramp (el vagabundo) o Charlot,
como se lo conoció en Francia hacia 1915,
comenzaba sus peripecias. Charlot de conquista (Twenty minutes of love) Charlot en el baile (Tango Tangles) o Charlot prehistórico (His prehistoric past) fueron solo algunas de
las tantas situaciones con las que supo
divertirnos este personaje. Pero detrás de ese
vestuario simpático y de ese andar tan
particular, se encontraba un hombre. Ese hombre
era Charles
Chaplin y había nacido un 16 de
abril de 1889 en la calle East Lane, en Londres.
Sus padres eran Charles
Spencer Chaplin y Hannah
Hili, quienes se ganaban la vida como
actores de variedades.
Pero eran momentos difíciles para la
familia. Charlie tenía cinco años cuando su
padre falleció (se dice que fue a causa de una
cirrosis producto de su adicción al alcohol)
entonces Hannah, tuvo que mantener sola a sus
pequeños hijos con el dinero que obtenía como
cantante.
A Hannah se la conocía artísticamente
como Lily
Harvey. Su carrera estaba en ascenso cuando
un inconveniente con su voz durante una actuación
en Aldershot la hizo abandonar abruptamente el
escenario. En ese momento, el empresario
que la había contratado envió a Charles
a escena. El niño, de tan solo cinco años,
imitó la voz y los movimientos de su madre y
fue ovacionado por el público. El destino artístico
de Chaplin comenzaba a vislumbrarse, aunque la
alegría no seguía debajo del escenario. Los
trastornos psíquicos de su madre, más las
dificultades económicas, hicieron que la
familia se instalara en un asilo. En 1896 Hannah
tuvo que ser internada por orden estatal en un
neuropsiquiátrico y un año después, Charlie
se fue de gira teatral junto a los Eight
Lancashire Lads (Los ocho muchachos de
Lancashire)
El
vagabundo que marcó la historia del cine
La llegada del siglo XX encontró a
Chaplin como protagonista de la obra Jim, the
Romance of a Cockney y a
los dieciséis años emprendió una gira con la
pieza The Painful Predicament of Sherlock
Holmes. Mas tarde, firmó un contrato
con la compañía de Casey Court Circus
y con la de Fred Karno, de la que también era parte uno de los actores de la
recordada dupla de El
gordo y el flaco, Stan
Laurel.
Hacia 1912, el productor Mack
Sennet, quien había visto actuar a Chaplin
durante una gira que el cómico había realizado
por los Estados Unidos, lo invitó a formar
parte de su productora Keystone. Un año después,
Charles desembarcó con todo su genio creativo
en tierras estadounidenses. Su primera película
se llamó Ganándose la vida (Making a
Living) aunque también se la conoció como Charlot
periodista. A este filme le seguirían
muchos más en los que su famoso personaje del
vagabundo, aún no definido totalmente, estaría
envuelto en un sinfín de situaciones
disparatadas.
Para 1914, mientras Chaplin ya era un éxito
de taquilla, el mundo se conmovía y
aterrorizaba por el comienzo de la primera
guerra mundial. El cine, entonces, permitía a
la gente dejar de lado, aunque sea por un
momento, la cruel realidad en donde la miseria y
el horror formaban parte de la vida diaria.
En 1915 el actor, de 26 años, firmó
contrato con la productora Essanay, para ser el
protagonista exclusivo de cada uno de los films
o bien para compartir la trama junto a la actriz
Edna
Purviance.
Fue en el film El vagabundo (The Tramp) en el que quedó perfectamente delineado el
perfil de su tan conocido Charlot.
La elección del vestuario de aquel entrañable
personaje fue obra de la casualidad.
El mismo Chaplin lo contó años después,
en 1933, en una publicación llamada Woman’s
Home Companion.
En esa oportunidad, Charlie relataba que
para una de sus películas le habían pedido que
se pusiera un maquillaje raro. Entonces, fue
hasta un placard y seleccionó algunos elementos
que llamaron su atención, tales como un saco
ajustado, un sombrero, unos grandes zapatos y
pantalones anchos. Para “agregar un toque cómico”,
según palabras del propio actor, se colocó un
bigote. “Quería que las ropas
fueran una contradicción”, dijo Charles
en aquella entrevista, en donde también habló
del espíritu de su creación: “Él
(el vagabundo) se
convirtió en un personaje con alma, con un
punto de vista. Es un romántico hambriento que
busca eternamente un romance. Pero sus pies no
se lo permitirán”, explicó.
Pero como a veces el límite entre la
ficción y la realidad es tan delgado, es difícil
no traspasarlo, y el mismo Chaplin fue durante
mucho tiempo un romántico hambriento. En 1918,
firmó un contrato de un millón de dólares con
la First National. Pero el dinero no es todo en
la vida. Al cómico le faltaba encontrar el
amor… y creyó hallarlo en la actriz Mildred
Harris de tan solo diecinueve años, con
quien contrajo matrimonio. En 1919, Chaplin y
los actores Mary
Pickford y
Douglas
Fairbanks formaron la productora United
Artists, con la que Charlie no comenzó a
trabajar hasta 1923 cuando finalizó su contrato
con la First National.
Hacia 1920, su matrimonio se disolvió y
el costo del divorció ascendió a la “módica”
suma de 200 mil dólares. Luego de ese
matrimonio fallido, el actor filmó una docena
de películas entre las que se destacó El
Chico (The Kid) junto a Jackie
Coogan (quien en su adultez encarnaría al
recordado personaje del Tío Lucas en la
comedia Los
Locos Adams) y a Edna Purviance. En este
film, donde también apareció quien años más
tarde sería su esposa, la actriz Lolita
McMurray,
Chaplin desplegaba toda su sensibilidad y
lograba conmover al espectador.
En 1921, el ya consagrado comediante viajó
a Europa para presentar ese largometraje y fue
ovacionado tanto por la crítica como por los
espectadores. Además, le fue concedido el título
de Oficial de Instrucción Pública.
En su paso por Francia, se interesó por
la vida de Napoleón Bonaparte y planeó
realizar un film sobre ese tema, aunque nunca
llegó a concretarlo. Pero si dirigió A
Woman of Paris, protagonizada por Edna y Adolphe Menjou, en 1923.
Un año después, se casó en México con
la actriz Lolita McMurray, de adolescentes
dieciséis años, situación que puso de
manifiesto su indudable pasión por las
jovencitas.
Chaplin había conocido a Lolita cuando
ella tenía siete años y el romance comenzó
cuando la chica tenía doce. De su matrimonio
con McMurray nacieron sus primeros hijos: Charles
Spencer y Sydney Earle.
Según cuenta Phillips
Davis en su libro Charles
Chaplin, un familiar de Lolita presionó a
Charlie para que se casara con ella porque tener
relaciones con una adolescente era un delito
federal y podría denunciarlo.
Un año más tarde, en 1925, Chaplin filmó
otra de sus recordadas películas: La
Quimera del oro (The Gold Rush). Este film
estaba basado en un hecho real.
A principios del siglo XX se desencadenó
la llamada “fiebre del oro” en la que, para
paliar la pobreza, más de diez mil hombres
fueron en busca de ese precioso metal en el río
Klondike, en Alaska. Esta película estuvo a
punto de no estrenarse, ya que el advenimiento
del cine sonoro hacía temer el fracaso de una
producción que continuaba con la tradición Chapliniana de realizar películas mudas. Sin embargo, y en contra
de todos los pronósticos, el film se convirtió
en un éxito.
Pero a pesar del suceso profesional, para
Charlie nuevamente el amor tendría fecha de
vencimiento. En 1927, Mc. Murray le pidió el
divorcio. Pero esta vez la ruptura matrimonial
tuvo un costo económico mucho más alto. El
precio de la separación ascendió a un millón
de dólares. En su libro, Davis hace referencia
a una declaración del actor en la que explica
su relación con el sexo femenino: “Quizá yo he idealizado a la mujer en mis películas y por eso acabo
siempre desilusionado cuando las conozco fuera
de mis personajes. O quizá es que necesito ser
amado por muchas, como ocurre con Don Juan”.
Mientras tanto, el personaje del
vagabundo seguía divirtiendo y emocionando a
miles de espectadores. Con sus gestos, los
movimientos pendulares de sus piernas, la
reverencia de su sombrero y el zarandeo de su
bastón, conquistaba a públicos de todas las
edades. Pero había una característica que le
aportaba misterio a su creación: el silencio de
su voz. El
vagabundo no hablaba con palabras sino con un
derrotero de gestos y expresiones corporales.
Si bien a partir de 1927 con el film El
cantor de jazz se estrenó la primera película
sonora de la historia del cine, Charlie creyó
que lo que identificaba a su vagabundo era su capacidad para transmitir emociones sin utilizar una sola
palabra. Y
por eso continuó haciendo películas mudas. Una
de ellas realizada en 1928, El Circo (The circus)
le valió un Oscar de la Academia de Hollywood.
En
1929, durante el rodaje de la película Luces
de la ciudad (City Lights) falleció
su madre Hannah, a quien Charlie había traído
a los Estados Unidos tres años antes para
encargarse de su cuidado. Luces de la
ciudad fue proyectada primero en la cárcel
de Sing Sing y más tarde, en una función
privada para la alta sociedad neoyorquina. Los
distribuidores no estaban interesados en esta
película y el propio Chaplin se vio en la
necesidad de alquilar una sala por siete mil dólares
semanales para poder exhibirla.
Tres años después, en 1931 y en plena
crisis del ´30 en Estados Unidos,
el actor finalmente estrenó el film para
el público en general y obtuvo un gran éxito. En esta película, el vagabundo se hacía pasar por millonario para
ayudar a una vendedora de flores no vidente, a
poder operarse para recuperar la visión. El
personaje de Chaplin, entonces, se convertía en
boxeador para juntar el dinero para ayudar a la
chica. La profundidad expresiva del film, hizo
de Luces
de la Ciudad
uno de los más conmovedores relatos de la
historia del cine.
Un año después filmó Tiempos
modernos, una de sus más recordadas películas, junto a la actriz francesa
Paulette
Goddard, a quien había conocido durante su
viaje por Francia y con quien contrajo
matrimonio en secreto en 1933.
Este film reflejó con ironía las
consecuencias de la revolución industrial en la
sociedad. Aquí, el personaje de Chaplin es un
obrero que termina enajenado a causa del trabajo
en serie y la automatización de la producción.
En 1940, y en pleno desarrollo de la
segunda guerra mundial, el comediante realizó
otra de sus obras maestras: El
gran dictador (The great dictador), en la
que nuevamente demostró que el humor podía ser
un excelente recurso para proporcionar una visión
crítica de la realidad.
En esta película, Chaplin realizó dos
personajes: Adenoid
Hinkel, dictador de Tomania, y un barbero
judío.
En una de las escenas más recordadas del
film, Hinkel se recuesta sobre su
escritorio y juega con una pelota con forma de
globo terráqueo. Si bien Chaplin se destacó
por transmitir sus pensamientos y sentimientos
con una claridad increíble y sin la utilización
de palabras, en El gran dictador, su
personaje del barbero dijo uno de los monólogos
más recordados de la historia del cine, cuando
a causa
de su similitud con Hinkel, el barbero
fue confundido con el dictador y se vio obligado
a dar un discurso. En su alocución, aprovechó
la oportunidad para hablar sobre las libertades
individuales y los derechos humanos: “El
odio de los hombres pasará y los dictadores
morirán –decía el barbero en su discurso-
y así, el poder que le arrebataron al pueblo
volverá al pueblo. Aunque los hombres mueran,
la libertad no perecerá”.
Sobre
esta película, Chaplin dijo: “Hay
quien dice que los dictadores no son personajes
cómicos y que su maldad es demasiado seria como
para provocar la risa.
Pero están equivocados, ya que en sí
mismo el poder absoluto es ridículo”.
El gran dictador fue un verdadero éxito
y en España, en donde Chaplin estaba prohibido
desde 1937, hubo que esperar hasta la vuelta de
la democracia, en 1977 para que el film pudiera
exhibirse.
En junio de 1943 Charlie contrajo
matrimonio con quien sería la mujer que lo
acompañaría hasta sus últimos días. Se
llamaba Oona
O´Neill y era la hija del famoso dramaturgo
Eugéne O´Neill. La
diferencia de edad entre Oona y Charles era
notoria: ella tenía solo 17 años y él 54. A
pesar de los 37 años que los separaban, con
Oona, Charlie encontró la felicidad que tanto
buscaba y tuvo ocho hijos.
Sin embargo, los primeros meses del
matrimonio entre Chaplin y Oona tuvieron un
sabor amargo, debido al juicio por paternidad
que la actriz Joan Barry le inició a Charlie.
Si bien los exámenes de filiación
demostraron que Chaplin no era el padre de la
hija de Joan, el jurado condenó a Charlie a
asistir económicamente a la niña hasta que
tuviera la mayoría de edad. ¿Pero cómo conoció
Charlie a Joan? Barry estuvo a punto de
protagonizar la película Shadow and Sustance pero, tiempo antes de que comenzara la filmación,
la actriz sufrió un accidente automovilístico
y debió ser internada.
Por ese motivo, se dejó sin efecto la
realización de la película y como indemnización
Barry cobró 5000 dólares y recibió un pasaje
para volver a Nueva York. Pero la actriz pretendía
una cantidad mayor y un día se presentó
sorpresivamente en la casa de Chaplin. La idea
de Barry era acostarse con el actor, pero cuando
el actor se negó a aceptar su propuesta, lo
insultó y rompió la ventana de su dormitorio.
Luego de ese episodio,
Joan fue detenida en ropa interior.
Tiempo después, Charlie comenzó la
filmación de la película Monsieur
Verdoux, en la que su personaje de Charlot
ya no aparecía en pantalla. En este film
Chaplin realizó una parodia sobre la vida de Henry Landrú, quien había asesinado a diez mujeres y engañado a
casi trescientas, y a causa de su comportamiento
fue condenado a la guillotina.
En el film de Chaplin, Henri Verdoux
se casaba con mujeres de muy buena posición
económica y luego las mataba para quedarse con
su fortuna. El estreno de Monsieur Verdoux y
el haber dejado atrás el escándalo de
paternidad con la actriz Joan Barry, parecían
darle a Charles un momento de tranquilidad. Sin embargo, la película no obtuvo el éxito esperado y el
actor fue acusado de comunista.
Prohibido
y perseguido
A comienzos de la década del ‘50,
Charlie vendió el 25 por ciento de sus acciones
en la productora United Artists y comenzó a
filmar Candilejas (Limelight), un film de una aguda sensibilidad y ternura
que le valió un Oscar veinte años después de
haber sido estrenada. La larga y absurda espera
se debió a la prohibición que la Legión
extranjera había impuesto sobre el comediante.
Cansado de las persecuciones, en 1952,
Charlie partió hacia Europa junto a su familia.
En ese momento, el actor recibió una orden de
expulsión de los Estados Unidos y se le advirtió
que nunca regresara. A causa de esto, su esposa
Oona decidió renunciar a su nacionalidad
americana.
En
su libro, Phillips Davis incluyó el texto de un
telegrama que Chaplin envió al Comité de
Actividades Anticomunistas, en el que el actor
declaró: “Ni
soy comunista, ni he ingresado o participado en
ningún partido comunista, puesto que ni
siquiera conozco de su existencia. Soy un
pacifista y espero que esto no les ofenda”.
A partir de 1953, Charlie se estableció
definitivamente en Suiza y cuatro años más
tarde viajó a Inglaterra para filmar Un
rey en Nueva York (A king in New York),
su penúltima película.
En 1965 realizó el que sería su último
film: La
condesa de Hong-Kong (A countess from
Hong-Kong).
En esta película Marlon Brando y Sophía
Loren fueron la pareja protagónica y
Sydney, Charles, Geraldine y Victoria Chaplin
también participaron.
Pero a pesar de la trascendencia de los actores, la película no
fue bien recibida por la crítica.
En 1972, tiempo después de que Candilejas
se estrenara por primera vez en Los Ángeles,
Chaplin recibió una invitación de la Academia
de las Ciencias
Norteamericanas en la que se le informaba
que le habían concedido un Oscar por su
contribución a la cinematografía mundial.
Como ya había transcurrido bastante
tiempo, y las razones que habían llevado al
actor al exilio, por suerte, ya pertenecían al
pasado, Chaplin
decidió asistir a recibir su premio junto a su
esposa Oona. El inmenso aplauso que el público
le brindó al comediante en aquella ocasión, no
fue solo para felicitarlo por el galardón
recibido… fue también un pedido de disculpas por las injusticias que
el artista había tenido que padecer.
El hombre que dijo en una oportunidad al
diario New York Times que “el
movimiento de una ceja convence más que cien
palabras”, murió en la noche de navidad
del 25 de diciembre de 1977, mientras dormía.
Charles Chaplin dejó un legado
cinematográfico de una exquisita combinación
entre humor y drama en el que su irónica y
sencilla visión de la realidad, aún hoy nos
emociona y nos invita a reflexionar. Quizá el
éxito de su personaje del vagabundo se deba a
su similitud con nuestra condición humana, en
la que deambulamos sin pausa en busca del amor y
ternura que le de sentido a nuestras vidas.
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