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Charles Chaplin

La profundidad del silencio

Fue uno de los mayores exponentes del cine de todos los tiempos, pero a pesar del éxito de sus películas, no tuvo una vida fácil. Debió enfrentar la prematura muerte de su padre y la enfermedad de su madre, y hasta un juicio por paternidad. Se lo acusó de comunista sin serlo y debió exiliarse por ese motivo. Con su personaje del vagabundo, reflejó con sensibilidad y sencillez las desventuras y alegrías de un hombre simple, que detrás de esa aparente simpleza, escondía un profundo mensaje de amor y ternura.  

Por Alejandra Basile 

abasile@codigoretro.com.ar


    Desde el inicio de los tiempos, el arte fue para el hombre una forma de canalizar sus sentimientos, pasiones, frustraciones y deseos. Y en ese contexto, la ridiculización de situaciones poco agradables de la vida, permitía al espectador sobrellevarlas de mejor manera al verlas exteriorizadas de una forma no trágica. La comedia fue entonces el vehículo de reconocimiento de nuestras propias debilidades y temores. El vocablo comedia proviene de la palabra griega “comos” que identificaba a las fiestas populares en las que un grupo de personajes, en estado de ebriedad y con poca ropa, colocaban máscaras sobre sus rostros y cantaban canciones obscenas insultando al público, que respondía de la misma manera. De la comedia griega deriva el mimo, en el que los actores parodiaban situaciones cotidianas o temas de orden mitológico mediante danzas y música.

    A finales del siglo I a.C en Roma, los espectáculos de mimo dejaron lugar a los de pantomima.  En la pantomima (que significa imitación de todo) se representaban solo con gestos las situaciones tanto cómicas como trágicas.

    Mucho tiempo después, durante el siglo XX de la era cristiana, la pantomima seguía siendo un referente de expresión artística. Con la llegada del cine de la mano de los hermanos Lumiére, este género expresivo encontraría un lugar más en el que desarrollarse.

    Casi veinte años después de aquella primera proyección cinematográfica, un nuevo personaje hacía su aparición en la aún incipiente pantalla grande. El vaivén asimétrico de sus piernas acompañaba el devenir casi musical de su bastón… el bigote se movía sobre las muecas impacientes de sus labios.  Un sombrero negro, pantalones anchos, saco ajustado y zapatones negros completaban su figura. The tramp (el vagabundo) o Charlot, como se lo conoció en Francia hacia 1915, comenzaba sus peripecias. Charlot de conquista (Twenty minutes of love) Charlot en el baile (Tango Tangles) o Charlot prehistórico (His prehistoric past) fueron solo algunas de las tantas situaciones con las que supo divertirnos este personaje. Pero detrás de ese vestuario simpático y de ese andar tan particular, se encontraba un hombre. Ese hombre era Charles Chaplin y había nacido un 16 de abril de 1889 en la calle East Lane, en Londres. Sus padres eran Charles Spencer Chaplin y Hannah Hili, quienes se ganaban la vida como actores de variedades.  

    Pero eran momentos difíciles para la familia. Charlie tenía cinco años cuando su padre falleció (se dice que fue a causa de una cirrosis producto de su adicción al alcohol) entonces Hannah, tuvo que mantener sola a sus pequeños hijos con el dinero que obtenía como cantante.

    A Hannah se la conocía artísticamente como Lily Harvey. Su carrera estaba en ascenso cuando un inconveniente con su voz durante una actuación en Aldershot la hizo abandonar abruptamente el escenario. En ese momento, el empresario  que la había contratado envió a Charles a escena. El niño, de tan solo cinco años, imitó la voz y los movimientos de su madre y fue ovacionado por el público. El destino artístico de Chaplin comenzaba a vislumbrarse, aunque la alegría no seguía debajo del escenario. Los trastornos psíquicos de su madre, más las dificultades económicas, hicieron que la familia se instalara en un asilo. En 1896 Hannah tuvo que ser internada por orden estatal en un neuropsiquiátrico y un año después, Charlie  se fue de gira teatral junto a los Eight Lancashire Lads (Los ocho muchachos de Lancashire)

El vagabundo que marcó la historia del cine

    La llegada del siglo XX encontró a Chaplin como protagonista de la obra Jim, the Romance of a Cockney y a los dieciséis años emprendió una gira con la pieza The Painful Predicament of Sherlock Holmes. Mas tarde, firmó un contrato con la compañía de Casey Court Circus  y con la de Fred Karno, de la que también era parte uno de los actores de la recordada dupla de El gordo y el flaco, Stan Laurel.

    Hacia 1912, el productor Mack Sennet, quien había visto actuar a Chaplin durante una gira que el cómico había realizado por los Estados Unidos, lo invitó a formar parte de su productora Keystone. Un año después, Charles desembarcó con todo su genio creativo en tierras estadounidenses. Su primera película se llamó Ganándose la vida (Making a Living) aunque también se la conoció como Charlot periodista. A este filme le seguirían muchos más en los que su famoso personaje del vagabundo, aún no definido totalmente, estaría envuelto en un sinfín de situaciones disparatadas.

    Para 1914, mientras Chaplin ya era un éxito de taquilla, el mundo se conmovía y aterrorizaba por el comienzo de la primera guerra mundial. El cine, entonces, permitía a la gente dejar de lado, aunque sea por un momento, la cruel realidad en donde la miseria y el horror formaban parte de la vida diaria.

    En 1915 el actor, de 26 años, firmó contrato con la productora Essanay, para ser el protagonista exclusivo de cada uno de los films o bien para compartir la trama junto a la actriz Edna Purviance. Fue en el film El vagabundo (The Tramp) en el que quedó perfectamente delineado el perfil de su tan conocido Charlot.

    La elección del vestuario de aquel entrañable personaje fue obra de la casualidad.  El mismo Chaplin lo contó años después, en 1933, en una publicación llamada Woman’s Home Companion.  En esa oportunidad, Charlie relataba que para una de sus películas le habían pedido que se pusiera un maquillaje raro. Entonces, fue hasta un placard y seleccionó algunos elementos que llamaron su atención, tales como un saco ajustado, un sombrero, unos grandes zapatos y pantalones anchos. Para “agregar un toque cómico”, según palabras del propio actor, se colocó un bigote.  “Quería que las ropas fueran una contradicción”, dijo Charles en aquella entrevista, en donde también habló del espíritu de su creación: “Él (el vagabundo) se convirtió en un personaje con alma, con un punto de vista. Es un romántico hambriento que busca eternamente un romance. Pero sus pies no se lo permitirán”, explicó.

    Pero como a veces el límite entre la ficción y la realidad es tan delgado, es difícil no traspasarlo, y el mismo Chaplin fue durante mucho tiempo un romántico hambriento. En 1918, firmó un contrato de un millón de dólares con la First National. Pero el dinero no es todo en la vida. Al cómico le faltaba encontrar el amor… y creyó hallarlo en la actriz Mildred Harris de tan solo diecinueve años, con quien contrajo matrimonio. En 1919, Chaplin y los actores Mary Pickford y  Douglas Fairbanks formaron la productora United Artists, con la que Charlie no comenzó a trabajar hasta 1923 cuando finalizó su contrato con la First National.

    Hacia 1920, su matrimonio se disolvió y el costo del divorció ascendió a la “módica” suma de 200 mil dólares. Luego de ese matrimonio fallido, el actor filmó una docena de películas entre las que se destacó El Chico (The Kid) junto a Jackie Coogan (quien en su adultez encarnaría al recordado personaje del Tío Lucas en la comedia Los Locos Adams) y a Edna Purviance. En este film, donde también apareció quien años más tarde sería su esposa, la actriz Lolita McMurray, Chaplin desplegaba toda su sensibilidad y lograba conmover al espectador. 

    En 1921, el ya consagrado comediante viajó a Europa para presentar ese largometraje y fue ovacionado tanto por la crítica como por los espectadores. Además, le fue concedido el título de Oficial de Instrucción Pública.

    En su paso por Francia, se interesó por la vida de Napoleón Bonaparte y planeó realizar un film sobre ese tema, aunque nunca llegó a concretarlo. Pero si dirigió A Woman of Paris, protagonizada por Edna y Adolphe Menjou, en 1923.

    Un año después, se casó en México con la actriz Lolita McMurray, de adolescentes dieciséis años, situación que puso de manifiesto su indudable pasión por las jovencitas.  Chaplin había conocido a Lolita cuando ella tenía siete años y el romance comenzó cuando la chica tenía doce. De su matrimonio con McMurray nacieron sus primeros hijos: Charles Spencer y Sydney Earle. 

    Según cuenta Phillips Davis en su libro Charles Chaplin, un familiar de Lolita presionó a Charlie para que se casara con ella porque tener relaciones con una adolescente era un delito federal y podría denunciarlo.

    Un año más tarde, en 1925, Chaplin filmó otra de sus recordadas películas: La Quimera del oro (The Gold Rush). Este film estaba basado en un hecho real.  A principios del siglo XX se desencadenó la llamada “fiebre del oro” en la que, para paliar la pobreza, más de diez mil hombres fueron en busca de ese precioso metal en el río Klondike, en Alaska. Esta película estuvo a punto de no estrenarse, ya que el advenimiento del cine sonoro hacía temer el fracaso de una producción que continuaba con la tradición Chapliniana de realizar películas mudas. Sin embargo, y en contra de todos los pronósticos, el film se convirtió en un éxito.

    Pero a pesar del suceso profesional, para Charlie nuevamente el amor tendría fecha de vencimiento. En 1927, Mc. Murray le pidió el divorcio. Pero esta vez la ruptura matrimonial tuvo un costo económico mucho más alto. El precio de la separación ascendió a un millón de dólares. En su libro, Davis hace referencia a una declaración del actor en la que explica su relación con el sexo femenino: “Quizá yo he idealizado a la mujer en mis películas y por eso acabo siempre desilusionado cuando las conozco fuera de mis personajes. O quizá es que necesito ser amado por muchas, como ocurre con Don Juan”.

    Mientras tanto, el personaje del vagabundo seguía divirtiendo y emocionando a miles de espectadores. Con sus gestos, los movimientos pendulares de sus piernas, la reverencia de su sombrero y el zarandeo de su bastón, conquistaba a públicos de todas las edades. Pero había una característica que le aportaba misterio a su creación: el silencio de su voz.  El vagabundo no hablaba con palabras sino con un derrotero de gestos y expresiones corporales.  

    Si bien a partir de 1927 con el film El cantor de jazz se estrenó la primera película sonora de la historia del cine, Charlie creyó que lo que identificaba a su vagabundo era  su capacidad para transmitir emociones sin utilizar una sola palabra.  Y por eso continuó haciendo películas mudas. Una de ellas realizada en 1928, El Circo (The circus) le valió un Oscar de la Academia de Hollywood.

    En 1929, durante el rodaje de la película Luces de la ciudad (City Lights) falleció su madre Hannah, a quien Charlie había traído a los Estados Unidos tres años antes para encargarse de su cuidado. Luces de la ciudad fue proyectada primero en la cárcel de Sing Sing y más tarde, en una función privada para la alta sociedad neoyorquina. Los distribuidores no estaban interesados en esta película y el propio Chaplin se vio en la necesidad de alquilar una sala por siete mil dólares semanales para poder exhibirla.

    Tres años después, en 1931 y en plena crisis del ´30 en Estados Unidos,  el actor finalmente estrenó el film para el público en general y obtuvo un gran éxito. En esta película, el vagabundo se hacía pasar por millonario para ayudar a una vendedora de flores no vidente, a poder operarse para recuperar la visión. El personaje de Chaplin, entonces, se convertía en boxeador para juntar el dinero para ayudar a la chica. La profundidad expresiva del film, hizo de Luces de la Ciudad uno de los más conmovedores relatos de la historia del cine.

    Un año después filmó Tiempos modernos, una de sus más recordadas películas, junto a la actriz francesa  Paulette Goddard, a quien había conocido durante su viaje por Francia y con quien contrajo matrimonio en secreto en 1933. Este film reflejó con ironía las consecuencias de la revolución industrial en la sociedad. Aquí, el personaje de Chaplin es un obrero que termina enajenado a causa del trabajo en serie y la automatización de la producción. 

    En 1940, y en pleno desarrollo de la segunda guerra mundial, el comediante realizó otra de sus obras maestras: El gran dictador (The great dictador), en la que nuevamente demostró que el humor podía ser un excelente recurso para proporcionar una visión crítica de la realidad.  En esta película, Chaplin realizó dos personajes: Adenoid Hinkel, dictador de Tomania, y un barbero judío.

    En una de las escenas más recordadas del film, Hinkel se recuesta sobre su escritorio y juega con una pelota con forma de globo terráqueo. Si bien Chaplin se destacó por transmitir sus pensamientos y sentimientos con una claridad increíble y sin la utilización de palabras, en El gran dictador, su personaje del barbero dijo uno de los monólogos más recordados de la historia del cine, cuando a causa de su similitud con Hinkel, el barbero fue confundido con el dictador y se vio obligado a dar un discurso. En su alocución, aprovechó la oportunidad para hablar sobre las libertades individuales y los derechos humanos: “El odio de los hombres pasará y los dictadores morirán –decía el barbero en su discurso- y así, el poder que le arrebataron al pueblo volverá al pueblo. Aunque los hombres mueran, la libertad no perecerá”.

    Sobre esta película, Chaplin dijo: “Hay quien dice que los dictadores no son personajes cómicos y que su maldad es demasiado seria como para provocar la risa.  Pero están equivocados, ya que en sí mismo el poder absoluto es ridículo”.

    El gran dictador fue un verdadero éxito y en España, en donde Chaplin estaba prohibido desde 1937, hubo que esperar hasta la vuelta de la democracia, en 1977 para que el film pudiera exhibirse.

    En junio de 1943 Charlie contrajo matrimonio con quien sería la mujer que lo acompañaría hasta sus últimos días. Se llamaba Oona O´Neill y era la hija del famoso dramaturgo Eugéne O´Neill.  La diferencia de edad entre Oona y Charles era notoria: ella tenía solo 17 años y él 54. A pesar de los 37 años que los separaban, con Oona, Charlie encontró la felicidad que tanto buscaba y tuvo ocho hijos. 

    Sin embargo, los primeros meses del matrimonio entre Chaplin y Oona tuvieron un sabor amargo, debido al juicio por paternidad que la actriz Joan Barry le inició a Charlie.  Si bien los exámenes de filiación demostraron que Chaplin no era el padre de la hija de Joan, el jurado condenó a Charlie a asistir económicamente a la niña hasta que tuviera la mayoría de edad. ¿Pero cómo conoció Charlie a Joan? Barry estuvo a punto de protagonizar la película Shadow and Sustance pero, tiempo antes de que comenzara la filmación, la actriz sufrió un accidente automovilístico y debió ser internada.  Por ese motivo, se dejó sin efecto la realización de la película y como indemnización Barry cobró 5000 dólares y recibió un pasaje para volver a Nueva York. Pero la actriz pretendía una cantidad mayor y un día se presentó sorpresivamente en la casa de Chaplin. La idea de Barry era acostarse con el actor, pero cuando el actor se negó a aceptar su propuesta, lo insultó y rompió la ventana de su dormitorio.  Luego de ese episodio,  Joan fue detenida en ropa interior.

    Tiempo después, Charlie comenzó la filmación de la película Monsieur Verdoux, en la que su personaje de Charlot ya no aparecía en pantalla. En este film Chaplin realizó una parodia sobre la vida de Henry Landrú, quien había asesinado a diez mujeres y engañado a casi trescientas, y a causa de su comportamiento fue condenado a la guillotina.  En el film de Chaplin, Henri Verdoux se casaba con mujeres de muy buena posición económica y luego las mataba para quedarse con su fortuna. El estreno de Monsieur Verdoux y el haber dejado atrás el escándalo de paternidad con la actriz Joan Barry, parecían darle a Charles un momento de tranquilidad.  Sin embargo, la película no obtuvo el éxito esperado y el actor fue acusado de comunista.

Prohibido y perseguido

    A comienzos de la década del ‘50, Charlie vendió el 25 por ciento de sus acciones en la productora United Artists y comenzó a filmar Candilejas (Limelight), un film de una aguda sensibilidad y ternura que le valió un Oscar veinte años después de haber sido estrenada. La larga y absurda espera se debió a la prohibición que la Legión extranjera había impuesto sobre el comediante.

    Cansado de las persecuciones, en 1952, Charlie partió hacia Europa junto a su familia. En ese momento, el actor recibió una orden de expulsión de los Estados Unidos y se le advirtió que nunca regresara. A causa de esto, su esposa Oona decidió renunciar a su nacionalidad americana.  

En su libro, Phillips Davis incluyó el texto de un telegrama que Chaplin envió al Comité de Actividades Anticomunistas, en el que el actor declaró: “Ni soy comunista, ni he ingresado o participado en ningún partido comunista, puesto que ni siquiera conozco de su existencia. Soy un pacifista y espero que esto no les ofenda”.

    A partir de 1953, Charlie se estableció definitivamente en Suiza y cuatro años más tarde viajó a Inglaterra para filmar Un rey en Nueva York (A king in New York), su penúltima película. 

    En 1965 realizó el que sería su último film: La condesa de Hong-Kong (A countess from Hong-Kong).  En esta película Marlon Brando y Sophía Loren fueron la pareja protagónica y Sydney, Charles, Geraldine y Victoria Chaplin también participaron. Pero a pesar de la trascendencia de los actores, la película no fue bien recibida por la crítica.

    En 1972, tiempo después de que Candilejas se estrenara por primera vez en Los Ángeles, Chaplin recibió una invitación de la Academia de las Ciencias  Norteamericanas en la que se le informaba que le habían concedido un Oscar por su contribución a la cinematografía mundial.

    Como ya había transcurrido bastante tiempo, y las razones que habían llevado al actor al exilio, por suerte, ya pertenecían al pasado,  Chaplin decidió asistir a recibir su premio junto a su esposa Oona. El inmenso aplauso que el público le brindó al comediante en aquella ocasión, no fue solo para felicitarlo por el galardón recibido…  fue también un pedido de disculpas por las injusticias que el artista había tenido que padecer.

    El hombre que dijo en una oportunidad al diario New York Times que “el movimiento de una ceja convence más que cien palabras”, murió en la noche de navidad del 25 de diciembre de 1977, mientras dormía.

    Charles Chaplin dejó un legado cinematográfico de una exquisita combinación entre humor y drama en el que su irónica y sencilla visión de la realidad, aún hoy nos emociona y nos invita a reflexionar. Quizá el éxito de su personaje del vagabundo se deba a su similitud con nuestra condición humana, en la que deambulamos sin pausa en busca del amor y ternura que le de sentido a nuestras vidas.


 
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