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Oscura Transilvania. Basada en
la literatura de terror de Bram
Stoker y con el protagonismo del maravilloso
y excéntrico Bela Lugosi, Drácula de Tod
Browning (ya que tiene decenas de
versiones), se destacó, en la década del ´30,
con pocos efectos especiales pero actuaciones
magistrales y triunfó en el Hollywood de Betty Davis o Greta Garbo.
La
trama consiste en que Rendfield,
un joven abogado, visita
al Conde
Drácula en su castillo para venderle la
Abadia de Carfax, en Inglaterra, pero el abogado
comienza a molestarse por el extraño
comportamiento del conde.
El
conde y Rendfield, quien se había vuelto un
poco desquiciado, llegan a Inglaterra. El joven
abogado es internado mientras Drácula matiza la
pantalla con sus pasos por las sombrías calles
inglesas.
Una
noche, en la clásica ópera, Drácula conoce a Lucy, quien queda impresionada por ese aire misterioso que sembraba
el conde.
Hasta
que una noche un murciélago aparece en la
ventana del dormitorio de Lucy que al instante
pierde la conciencia y al día siguiente aparece
muerta, aunque sin ni un rasguño.
Al
investigar la muerte, el estudioso de los
vampiros, el profesor Van
Helsing,
concluye que el fallecimiento se debió a
un “chupador de sangre”.
El
resto está dado por el éxito de enigmático
papel de Lugosi quien interpreta a un Drácula
elegante e intelectual que inspira respeto.
Con
excelente fotografía a cargo de Joseph
Brotherton, música de Piotr
Tchaikovski, Franz
Schubert y Richard
Wagner y un conde con la picardía de la
sensualidad en su aspecto y actitud, Drácula es
indiscutiblemente una joyita
del cine fantástico, dramático, y quizás
también, del cine de terror.
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