|
Se cuenta que, al ver la edición final Cocksucker blues* (Blues del chupa penes, disculpen ustedes), Mick
Jagger le dijo a Robert Frank: “Es
una gran película, Robert, pero si la
proyectamos, jamás volveremos a ser admitidos
en América”. El cantante de los Stones
y el resto de la banda mantuvieron firme su
decisión y actuaron legalmente contra el
documentalista; una resolución de la corte británica
limitó la proyección de la película a sólo
una vez por año y en presencia del director.
El vínculo profesional de la banda con el eximio
fotógrafo había comenzado meses atrás, cuando
le encargaron el diseño de arte para el disco Exile on Main Street. Con fotos propias, Frank dejó su sello
impreso en un colage blanco y negro, a modo de
portada para una de las obras fundamentales del
grupo ingles.
Robert Frank había adquirido fama
mundial como fotógrafo, especialmente a partir
de 1958, tras la publicación de The
Americans, una obra a través de la
cual retrata de manera crítica y con una visión
“escéptica y fresca” a la sociedad
estadounidense de post guerra. Pero por la misma
época había comenzado a focalizar su interés
en el cine y a realizar sus primeras películas
influenciado por el movimiento Beat. CockSucker
Blues, de 1972, es considerada por muchos
como la mejor de sus obras fílmicas.
Conformes con el trabajo fotográfico realizado
para el disco, los Rolling Stones
invitaron a Frank a acompañarlos durante su
nueva gira por los Estados Unidos y a
registrarla con miras de realizar un documental
producido por Marshall
Chess, uno de los propietarios de la
legendaria discográfica Chess Records. El artista focalizó su trabajo principalmente en el
“fuera de escena” y, con la crudeza que lo
caracterizaba también como fotógrafo, logró
captar imágenes impactantes de la realidad de
la vida en gira.
Con
acceso irrestricto a cada rincón del tour
(habitaciones, aviones, etc) y con una asombrosa
capacidad para mimetizarse y pasar inadvertido
registró la cotidianeidad del círculo Stone:
escenas de sexo grupal, preparación y consumo
de todo tipo de drogas, charlas incoherentes.
Pero, principalmente, el tedio. Mas allá de
mostrar a Keith
Richards recibiendo inyecciones y cayendo en
trance lentamente, a una groupie hablando
desnuda y fumando marihuana sobre una cama luego
de haber recibido la estima (por así decirlo)
de dos muchachos o a Jagger balbuceando un
pedido al servicio de habitación, la intención
de Robert Frank fue, sin duda, captar lo
insoportable, aburrido y desgastante de los
tiempos muertos entre conciertos. Probablemente,
además de una real necesidad de cuidar su
endeble imagen en Norteamérica -una joven había
muerto apuñalada en un concierto de la anterior
gira de 1969- lo que motivó a la banda a
prohibir la difusión del video haya sido el
“golpe a la mandíbula” de constatar la
maquillada soledad en la que estaban inmersos.
Como no pudieron lograr la prohibición
completa, al menos se encargaron de obligar a
que en el comienzo de la cinta se explicitase:
“excepto por los
escenas musicales, los eventos mostrados en esta
película son ficticios;
no tienen la
intención de representar personas y eventos
reales.”
Al mismo tiempo, en Cocksucker Blues,
el director dejó inmortalizados algunos
momentos brillantes de los Rolling Stones
sobre el escenario, incluido uno con la
participación de Stevie
Wonder cantando en Satisfaction;
también imágenes llamativas como una charla
entre Jagger y Richards en la que tranquilamente
analizan la grabación en vivo de uno de sus
temas; o al mismo guitarrista tocando el piano y
mas tarde –una escena clásica- arrojando un
televisor por el balcón de un hotel. Y momentos
de color, como las apariciones de Andy
Warhol y Truman Capote o la visita de Tina
Turner a la banda en el Camarín. Todo,
compaginado a través de un montaje exquisito,
de alto nivel artístico.
En días en los que mundialmente se esta
estrenando el Documental Shine a light, que bajo la dirección de Martin Scorsese muestra una gira actual de los Stones, no estaría
nada mal desear una vez más la edición
oficial, remasterizada y subtitulada de la obra
maestra de Robert Frank. Una película que, a
pesar de los esfuerzos por confinarla al olvido,
supo circular a través de grabaciones caseras y
que, hoy, digitalizada, puede conseguirse fácilmente
en Internet.
* Originalmente,
Cocksucker
Blues es el nombre de una canción -narra de
manera explicita la historia de un homosexual en
busca de sexo- que los Rolling Stones
compusieron a modo de respuesta provocativa ante
la exigencia de cumplimiento de contrato por
parte de la discográfica Decca.
Ficha
técnica:
Dirección
y cámara: Robert Frank // Edición: Robert Frank – Susan Steinberg –
Paul Justman // Producción: Marshall
Chess // Música: The Rolling Stones // Duración:
93 min. // Año: 1972
Comentar
esta nota aquí
|