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A todos los políticos les sucede lo
mismo: luego de las campañas y los discursos
proselitistas, olvidan lo que dijeron y sumergen
en un océano
amnésico a sus promesas, llevándonos a los
ciudadanos, a un naufragio igual al del Titanic.
El ex presidente argentino, Carlos
Saúl Menem, probó más de una vez de esas
aguas durante la década que permaneció en el
gobierno. A continuación, un repaso por tres de
las contradicciones menemistas.
1) Ley anticorrupción: Haz lo que yo digo, pero no lo
que yo hago.
En 1996, a un año del comienzo de su
segundo mandato, Menem presentó dos proyectos
de ley anticorrupción. El político riojano se
comprometió a “eliminar
los focos de corrupción que todavía quedan” mediante
la reforma del Código Penal, el aumento de
penas y la creación de la figura del
arrepentido, entre otras.
Paradójicamente, cinco años después,
en abril de 2001, el en ese entonces ex
presidente Menem, era investigado como supuesto
jefe de una asociación ilícita que había
vendido armas a Ecuador y Croacia.
A causa de esto, el Juez Urso determinó
que el ex primer mandatario permaneciera bajo
arresto domiciliario durante cinco meses.
En tanto, tres años después, Menem era
citado a declarar por presuntos sobreprecios en la construcción de las cárceles de
Ezeiza y Marcos Paz.
2)
El salariazo que no fue
¿Alguien recuerda aquel mágico conjuro en forma
de libro, creado por Carlos
Menem y Eduardo Duhalde, en momentos de amistad?
La revolución productiva: de la Argentina especuladora a la Argentina
del trabajo
(1989) se convirtió en una clara demostración
de otra promesa incumplida.
Según
escriben Diana Hamra y
el historiador Felipe Pigna en un
trabajo publicado en el sitio www.portalplanetasedna.com.ar,
a comienzos de ese año el presidente Menem ponía
en práctica lo acordado entre el Banco Mundial
y el Fondo Monetario Internacional bajo el
nombre de Consenso de Washington,
en el que entre sus puntos establecía darle
prioridad al gasto público en educación y
salud, realizar una reforma tributaria,
proclamar la necesidad de políticas comerciales
liberales, abrir la inversión a capitales
extranjeros, privatizar empresas públicas y
acordar la desregulación y protección de la
propiedad privada. Ante este panorama, las promesas de “salariazo” y “revolución
productiva” quedaron en el olvido y, en
contrapartida, aumentó la desocupación y subió
el índice de trabajadores sobreempleados (los
que trabajan más de 8 horas diarias) y
subocupados (los que trabajan menos de siete
horas diarias).
Según el Instituto Nacional de Estadísticas
y Censos (INDEC), en 1998
las personas
sobreocupadas llegaban a 1.891.613.
Pero la crisis laboral venía desde hacía
rato. Siete
años antes, en 1991, se aprobaba la Ley
de empleo que, entre otras cosas,
permitía que el 20 por ciento del
salario se pagara en tickets
de comida, le daba vía libre a la reducción de aportes patronales para la seguridad social y las
obras sociales y le ponía tope al monto de las
indemnizaciones por antigüedad y por
accidentes. Además, otro de los ejes de la
llamada “flexibilización laboral”, era la
entrada en vigencia de los contratos
temporarios.
En
síntesis,
luego de una década, poco quedó de las
promesas de “salariazo” y “revolución
productiva” ya que, durante el período de gobierno menemista,
la desocupación se duplicó y pasó de un 7,1
por ciento en 1989 a un 15 por ciento en un
lapso de diez años.
Delirio de alto vuelo
El
seis de marzo de 1997, el ex presidente Menem
firmaba el decreto
número 176 que establecía un convenio
de colaboración para que la Comisión Nacional
de Actividades Espaciales (CONAE) participara en
el desarrollo de un proyecto que la empresa
norteamericana Lockheed realizaba para la NASA.
Esta iniciativa proponía reemplazar los aviones
comunes por unos de última generación.
El
mismísimo ex presidente Menem, al explicar los
alcances de tales aeronaves, decía:
“Van a salir de la atmósfera, se van a
remontar a la estratósfera y desde ahí elegir
el lugar adonde quieran ir. Luego, el ex
jefe de estado hablaba sobre las posibilidades
del emprendimiento y ponía un sorprendente
ejemplo:
“De tal forma, que en una hora y media
podremos estar desde Argentina en Japón, en
Korea o en cualquier parte del mundo”.
Casi diez años después, las declaraciones del ex
presidente Menem siguen sorprendiéndonos; no
solo por su hilarante imaginación, sino, y por
sobre todo, a causa de la desconexión existente
entre sus palabras y la realidad económico-social
que a los argentinos nos tocaba vivir durante su
gobierno.
Fuentes consultadas:
Archivos Diario Clarín y Diario Rio Negro on
line.
www.portalplanetasedna.com.ar
Instituto
Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC)
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