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Córdoba,
Buenos Aires y Rosario recibieron esta
semana al legendario músico de Minnesota
que, a los 66 años y en el marco de su
Never Ending Tour, pisó por tercera vez
suelo argentino. Acompañado por su banda
de músicos notables, dio tres conciertos
sin fisuras y confirmó su vigencia. El sábado
15, en el estadio de Velez Sarsfield,
reunió a más de 20 mil personas.
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Además
de ratificar su talento, en su paso por la
Argentina, Bob Dylan volvió a dejar en
claro dos cosas: que el rock puede envejecer
dignamente y que no siempre es necesario morir
joven para ser leyenda.
Días
después del concierto en la Ciudad de Córdoba
(13/03) y antes de presentarse en Rosario
(18/3), el sábado 15 de marzo el músico y su
banda subieron al escenario en el estadio de
Velez Sarsfield de Buenos Aires, para colmar la
expectativa de las más de 20 mil personas allí
reunidas. Sin saludar, Dylan hizo escuchar su
voz recién con las primeras palabras del tema
inicial: Rainy Day Women 12 & 35.
Luego de la segunda pieza (Lay lady Lay),
dejo la guitarra a un lado
y se paró junto al piano para quedarse
ahí durante los restantes quince temas de la
noche. De a poco, y sin pausa, fueron pasando clásicos
inagotables (Like
a Rolling Stone,
Just like a Woman
y otros) aggiornados con el sonido impecable que
le posibilitan el resto de los músicos, rediseñados
para su nueva interpretación vocal e
intercalados con canciones de Modern Times,
su ultimo trabajo de estudio (2006).
Con
exquisitas versiones de All Along The
Watchtower y Blowing in the Wind, y
al cabo de dos horas, el viejo pero interminable
Bob dejó el escenario; otra vez sin saludar;
pero habiéndole dado a su publico cada una de
las cosas que había ido a buscar.
A
pesar del impresentable y elitista diseño de
las ubicaciones, con un innecesario campo
“VIP” que provocó que el estadio luciese
semi vacío –derivando incluso en
“rebotes” de sonido, por la falta de
contención acústica- hay que rescatar como
punto a favor de quienes organizaron la llegada
del músico a la Argentina, la saludable -y
lamentablemente poco frecuente cuando se trata
de una figura internacional- decisión de
incluir fechas en otras ciudades del país.
Dulce
espera
Mientras el público
aguardaba por Dylan, pudo disfrutar de León
Gieco que, por su parte, cumplió con un
postergado deseo de “telonear” a quien en
gran medida inspiró su obra. Y estuvo por demás
a la altura de las circunstancias; se dedicó a
lo largo de una hora a homenajear a la música
latinoamericana, interpretando temas de algunos
de sus mayores exponentes, como Alfredo
Zitarrosa, Violeta Parra y Atahualpa
Yupanqui; pidió a la gente que colaborase
con su voz en dos temas con el objetivo de
grabarlos y destinarlos a formar parte de un
disco para las Madres de Plaza de Mayo.; y sobre
el final, recibió en el escenario a Charly
Garcia - saludó gritando “todo por Bobby”
y a Gustavo Santaolalla quienes lo acompañaron
en la interpretación de Pensar en Nada y
El
Fantasma de Canterville.
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