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Daniel
Cohn-Bendit
–conocido en aquel tiempo como Dany
el Rojo- era uno de los líderes de los
estudiantes universitarios que habían salido de
las aulas para adueñarse de las calles.
Entrevistado por
Jean
Paul Sartre en pleno desarrollo de la
revuelta de mayo del ’68, explicaba así la
esencia de la movilización: “Para
mí, no se trata de hacer metafísica, ni de
indagar cómo habrá que realizar la revolución.
Ya he dicho que creo que vamos más bien hacia
un cambio perpetuo de la sociedad, provocados,
en cada etapa, por acciones revolucionarias. El
cambio radical de las estructuras de nuestra
sociedad sólo sería posible si se produjera de
golpe la coincidencia de una crisis económica
grave, con la acción de un potente movimiento
obrero y de un fuerte movimiento estudiantil.
Hoy estas condiciones no están reunidas. Como máximo
puede pretenderse la caída del gobierno. Pero
no puede soñarse en hacer estallar la sociedad
burguesa. Lo que no quiere decir que no haya que
hacer nada: todo lo contrario, es necesario
luchar paso a paso a partir de un
cuestionamiento global.*
“Soy
un marxista de la tendencia de Groucho”
(1)
(Je
suis marxiste tendance Groucho.)
Viernes 3 de mayo de 1968. La chispa para
la explosión que haría mover los cimientos de
la sociedad francesa y del gobierno de
Charles De Gaulle sería la represión de los estudiantes que
tomaban el edificio la Universidad de la Sorbona
como acción directa para el reclamo de cosas
tan dispares -pero relacionadas- como la mayor
posibilidad de inserción laboral de los jóvenes
y la menor restricción de las visitas
intersexuales a los respectivos campus
universitarios. Ante esa reacción del gobierno,
los universitarios ganaban el apoyo de gran
parte de la sociedad, sobre todo de los
sindicatos y de una gran masa de trabajadores.
Los estudiantes parecían hacer despertar a un
proletariado
adormecido por cierto bienestar. Se reunían
en asambleas conjuntas, levantaban barricadas en
las calles parisinas y convocaban a un paro
general y por tiempo indefinido que lograba la
adhesión de unos 10 millones de trabajadores.
Las condiciones parecían estar dadas. La marcha
de los hechos parecía encaminar las cosas hacia
un desenlace revolucionario. Pero, entonces, se
detuvo.
“En
una sociedad que ha abolido toda aventura, la única
aventura que resta es abolir la sociedad” (2)
(Dans
une société qui a aboli toute aventure, la
seule aventure qui reste est celle d'abolir la
société.)
La
falta de organización y de un plan de lucha,
debilitaron el fervor inicial del movimiento.
Las protestas y las acciones se fueron diluyendo
con una celeridad aun mayor que la de su origen.
La espontaneidad, tan remarcada por los
dirigentes anarquistas de los estudiantes, fue
la causa del esplendor, pero también del rápido
ocaso de la revuelta.
“La
fuerza de nuestro movimiento reside precisamente
en que se apoya en una espontaneidad
‘incontrolable’, que da el impulso sin
pretender canalizar o sacar provecho de la acción
que ha desencadenado”, declaraba Cohn-Bendit
–hoy devenido en legislador del parlamento
alemán- ante Sartre**.
Tampoco los intelectuales franceses
lograron guiar al movimiento y dotarlo de un
programa. Y, claro está, el pobre desempeño de
los partidos proletarios que no supieron
comprender situación y sobre todo del Partido
Comunista Francés, que adicto fiel a las
directivas de Moscú, había abandonado hacía años
el camino revolucionario. “La
imaginación al poder”, suele ser la
consigna más recordada de aquellos días. La
mas ilustrativa: “No
se lo que quiero, pero lo quiero ya”.
En
un principio, De Gaulle, sorprendido por los
hechos, proponía un referéndum revocatorio de
su mandato; pero al mismo tiempo, negociaba con
la cúpula sindicalista unas importantes mejoras
salariales y, por las dudas, se aseguraba
disponer del apoyo de las fuerzas militares.
Para el 30 de mayo
las mejoras ya habían sido concedidas a los
trabajadores, que por lo tanto, decidían
levantar el paro y una gran parte de la población
marchaba en apoyo del gobierno, y en reclamo del
orden. Entonces, la situación daba un giro. El
presidente abandonaba la idea del referéndum,
disolvía la asamblea nacional y llamaba a
elecciones parlamentarias. Las pocas protestas
que perduraban eran reprimidas por el ejército
y a finales de junio, De Gaulle lograba un
contundente triunfo en las urnas.
"Sed
realistas, exigid lo imposible" (3)
(Soyez
réalistes, demandez l'impossible)
El
llamado mayo francés supo dejar algunas
reformas culturales, pero muy pocos cambios políticos.
Pueden destacarse la reforma universitaria,
modificaciones en cuanto al estilo de vida y las
libertades sexuales, y, sobre todo, una
conciencia de la necesidad de la participación
social y política de la juventud. Pero al ver
en que contexto mundial se desarrolló se
comprende que más allá de ser un
acontecimiento destacable e influyente, no se
trata de un hecho excepcional y que esos cambios
estaban en consonancia y formaban parte de un
proceso global. Antes de mayo del `68, había
sido el turno del comienzo de la Revolución
Cultural china, y de la Primavera de Praga. Y un
año más tarde, explotaría en Argentina el
Cordobazo. Este, a diferencia del movimiento
francés, si sería un punto de inflexión en la
vida política del país. Pero esa historia,
aunque parte de la misma, merece otro capitulo.
*,** Le Nouvel Observateur, Edición Especial Nº
183. París, 20 de mayo 1968.
(1),
(2), (3) Slogans y grafittis del Mayo francés
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