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1968 - Mayo Francés - 2008

La revolución que no quiso ser

Cuarenta años atrás, una  revuelta estudiantil que exigía un cambio de la sociedad lograba captar el apoyo de una gran masa obrera y tomaba dimensiones jamás esperadas por una adormecida población y un anquilosado gobierno francés. La espontaneidad del movimiento fue tan decisiva en su efervescente comienzo como en su tibio desenlace. En el convulsionado mundo de finales de los ’60 los acontecimientos de mayo en Francia dejarían algunas reformas culturales y muy pocos cambios políticos.

Por: Leandro Seoane

lseoane@codigoretro.com.ar


    Daniel Cohn-Bendit –conocido en aquel tiempo como Dany el Rojo- era uno de los líderes de los estudiantes universitarios que habían salido de las aulas para adueñarse de las calles. Entrevistado por  Jean Paul Sartre en pleno desarrollo de la revuelta de mayo del ’68, explicaba así la esencia de la movilización: “Para mí, no se trata de hacer metafísica, ni de indagar cómo habrá que realizar la revolución. Ya he dicho que creo que vamos más bien hacia un cambio perpetuo de la sociedad, provocados, en cada etapa, por acciones revolucionarias. El cambio radical de las estructuras de nuestra sociedad sólo sería posible si se produjera de golpe la coincidencia de una crisis económica grave, con la acción de un potente movimiento obrero y de un fuerte movimiento estudiantil. Hoy estas condiciones no están reunidas. Como máximo puede pretenderse la caída del gobierno. Pero no puede soñarse en hacer estallar la sociedad burguesa. Lo que no quiere decir que no haya que hacer nada: todo lo contrario, es necesario luchar paso a paso a partir de un cuestionamiento global.* 

“Soy un marxista de la tendencia de Groucho” (1)

(Je suis marxiste tendance Groucho.)

    Viernes 3 de mayo de 1968. La chispa para la explosión que haría mover los cimientos de la sociedad francesa y del gobierno de  Charles De Gaulle sería la represión de los estudiantes que tomaban el edificio la Universidad de la Sorbona como acción directa para el reclamo de cosas tan dispares -pero relacionadas- como la mayor posibilidad de inserción laboral de los jóvenes y la menor restricción de las visitas intersexuales a los respectivos campus universitarios. Ante esa reacción del gobierno, los universitarios ganaban el apoyo de gran parte de la sociedad, sobre todo de los sindicatos y de una gran masa de trabajadores. Los estudiantes parecían hacer despertar a un proletariado  adormecido por cierto bienestar. Se reunían en asambleas conjuntas, levantaban barricadas en las calles parisinas y convocaban a un paro general y por tiempo indefinido que lograba la adhesión de unos 10 millones de trabajadores. Las condiciones parecían estar dadas. La marcha de los hechos parecía encaminar las cosas hacia un desenlace revolucionario. Pero, entonces, se detuvo.

“En una sociedad que ha abolido toda aventura, la única aventura que resta es abolir la sociedad” (2)

(Dans une société qui a aboli toute aventure, la seule aventure qui reste est celle d'abolir la société.)

    La falta de organización y de un plan de lucha, debilitaron el fervor inicial del movimiento. Las protestas y las acciones se fueron diluyendo con una celeridad aun mayor que la de su origen. La espontaneidad, tan remarcada por los dirigentes anarquistas de los estudiantes, fue la causa del esplendor, pero también del rápido ocaso de la revuelta.

    La fuerza de nuestro movimiento reside precisamente en que se apoya en una espontaneidad ‘incontrolable’, que da el impulso sin pretender canalizar o sacar provecho de la acción que ha desencadenado”, declaraba Cohn-Bendit –hoy devenido en legislador del parlamento alemán- ante Sartre**.

    Tampoco los intelectuales franceses lograron guiar al movimiento y dotarlo de un programa. Y, claro está, el pobre desempeño de los partidos proletarios que no supieron comprender situación y sobre todo del Partido Comunista Francés, que adicto fiel a las directivas de Moscú, había abandonado hacía años el camino revolucionario. “La imaginación al poder”, suele ser la consigna más recordada de aquellos días. La mas ilustrativa: “No se lo que quiero, pero lo quiero ya”.

    En un principio, De Gaulle, sorprendido por los hechos, proponía un referéndum revocatorio de su mandato; pero al mismo tiempo, negociaba con la cúpula sindicalista unas importantes mejoras salariales y, por las dudas, se aseguraba disponer del apoyo de las fuerzas militares.

    Para el 30 de mayo las mejoras ya habían sido concedidas a los trabajadores, que por lo tanto, decidían levantar el paro y una gran parte de la población marchaba en apoyo del gobierno, y en reclamo del orden. Entonces, la situación daba un giro. El presidente abandonaba la idea del referéndum, disolvía la asamblea nacional y llamaba a elecciones parlamentarias. Las pocas protestas que perduraban eran reprimidas por el ejército y a finales de junio, De Gaulle lograba un contundente triunfo en las urnas.

"Sed realistas, exigid lo imposible" (3)

(Soyez réalistes, demandez l'impossible)

    El llamado mayo francés supo dejar algunas reformas culturales, pero muy pocos cambios políticos. Pueden destacarse la reforma universitaria, modificaciones en cuanto al estilo de vida y las libertades sexuales, y, sobre todo, una conciencia de la necesidad de la participación social y política de la juventud. Pero al ver en que contexto mundial se desarrolló se comprende que más allá de ser un acontecimiento destacable e influyente, no se trata de un hecho excepcional y que esos cambios estaban en consonancia y formaban parte de un proceso global. Antes de mayo del `68, había sido el turno del comienzo de la Revolución Cultural china, y de la Primavera de Praga. Y un año más tarde, explotaría en Argentina el Cordobazo. Este, a diferencia del movimiento francés, si sería un punto de inflexión en la vida política del país. Pero esa historia, aunque parte de la misma, merece otro capitulo.

*,** Le Nouvel Observateur, Edición Especial Nº 183. París, 20 de mayo 1968.

(1), (2), (3) Slogans y grafittis del Mayo francés

 


 
 

 

   

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