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Se
cumplieron los 11 meses de nuestra inauguración
guerrillera sin complicaciones, bucólicamente;
hasta las 12.30 hora en que una vieja,
pastoreando sus chivas entró en el cañón en
que habíamos acampado y hubo que apresarla. La
mujer no ha dado ninguna noticia fidedigna sobre
los soldados, contestando a todo que no sabe,
que hace tiempo que no va por allí. Sólo dio
información sobre los caminos; de resultados
del informe de la vieja se desprende que estamos
aproximadamente a una legua de Higueras y otra
de Jagüey y unas 2 de Pucará. A las 17.30,
Inti, Aniceto y Pablito fueron a casa de la
vieja que tiene una hija postrada y una medio
enana; se le dieron 50 pesos con el encargo de
que no fuera a hablar ni una palabra, pero con
pocas esperanzas de que cumpla a pesar de sus
promesas.
Salimos
los 17 con una luna muy pequeña y la marcha fue
muy fatigosa y dejando mucho rastro por el cañón
donde estábamos, que no tiene casas cerca, pero
sí sembradíos de papa regados por acequias del
mismo arroyo. A las 2 paramos a descansar, pues
ya era inútil seguir avanzando. El Chino se
convierte en una verdadera carga cuando hay que
caminar de noche.
El Ejército dio una rara información sobre la
presencia de 250 hombres en Serrano para impedir
el paso de los cercados en número de 37 dando
la zona de nuestro refugio entre el río Acero y
el Oro.
La noticia parece diversionista.
h-2,000 ms.
Esas son las últimas palabras que el Che
escribe en su diario antes de caer prisionero.
Las últimas que pronuncia, la tarde del 9 de
octubre de 1967, están dirigidas al soldado
encargado de darle muerte: “Dispara,
cobarde, vas a matar a un hombre”. La
primera ráfaga del fusil Garand del Sargento Mario
Téran, que no puede dominar sus nervios,
destrozan las piernas de Guevara; la
segunda, termina con su vida, y da inicio a la
figura mítica.
Con el nombre de
Adolfo Mena González y pasaporte uruguayo, el
Che llega a Bolivia a fines de 1966, en su firme
convicción de que las revoluciones había que
hacerlas, y como paso previo a su siempre
vigente objetivo de ver triunfar el comunismo en
la Argentina. Luego de varios años como
ministro del Gobierno Revolucionario Cubano, un
poco decepcionado por el rumbo político (ser un
satélite soviético) adoptado por la dirigencia
de la isla, pero también siguiendo su instinto
de hombre de acción, había decidido ponerse al
frente de nuevas operaciones en otras partes del
mundo. El primer destino fue el Congo, donde la
experiencia fue desastrosa y decepcionante tras
largos meses de ocultamiento y reflexión en
Praga, y luego de regresar clandestinamente a
Cuba, la nueva iniciativa en Latinoamérica
estaba decidida.
El fracaso de las
acciones en Bolivia puede entenderse por varios
motivos. Uno de ellos, el más decisivo quizás,
fue creer que las condiciones para un triunfo
eran similares a las que se habían dado diez años
atrás en la campaña de Cuba. Lejos estaban de
serlo. La incorporación de bolivianos a las
filas revolucionarias, fue casi nula, en
contraste con lo ocurrido en la isla del Caribe.
El ejército boliviano estaba bien entrenado a
diferencia de aquel del Dictador Batista.
Por otra parte, el Partido Comunista Boliviano
dio desde el comienzo un escaso aporte logístico
y material al Che y sus hombres y finalmente término
por dale la espalda. Clara esta también, la
apatía de Fidel Castro.
¿Por que encuentra el Che la
muerte en La Higuera?
Cierto es que Ernesto Guevara incomodaba
a muchos. Era incomodo para los Estados Unidos,
por que se expresaba abiertamente contra el
Capitalismo y contra el Imperialismo y actuaba
en consecuencia; para el Gobierno Soviético,
por denunciar su disfraz comunista. Para Castro
y la dirigencia cubana, por enfrentar al
gobierno soviético. Hay quienes llegan a
afirmar una “acción común” de las
potencias opuestas: Los soviéticos habrían
puesto a Guevara en Bolivia, para que los
norteamericanos lo maten. Confirmado está que
la CIA supo de su presencia en el altiplano
desde el mismo momento de su llegada. Y que el
Ejercito Boliviano llevaba años de
entrenamiento efectivo bajo las órdenes de
boinas verdes norteamericanos.
Las
últimas horas.
La
columna guerrillera, desmembrada, mal
alimentada, armada y vestida, circula por la
quebrada del Churo. Comienza un combate contra
una muy superior fuerza militar que viene desde
hace días cercando su posición. El Che, casi
descalzo y con su fusil inutilizado, finalmente
es hecho prisionero y encerrado en una pequeña
escuela rural. Durante sus últimas horas recibe
buenos y malos tratos de sus captores. Una joven
maestra de la escuela, llamada Julia Cortés,
se acerca al lugar para conocer al hombre que
tanto le habían enseñado a odiar. Le pregunta
“¿por que había venido de tan lejos a matar
bolivianos?”. El le contesta que los
guerrilleros luchaban para que haya menos pobres
en Bolivia, donde había enfermedades que podían
evitarse, como la desnutrición y la
tuberculosis. (Ver
Comunicado Nº1: Al pueblo boliviano.)
Pocas horas después, el presidente Barrientos
decide que debe dársele muerte. Su cadáver es
trasladado a la localidad de Vallegrande, y
luego de ser expuesto a la prensa, es enterrado
en un fosa común.
El 28 de
junio de 1997 un grupo de expertos cubanos y
argentinos descubre aquella fosa con los restos
del Che y de otros 6 guerrilleros. El 12 de
julio es recibido en el aeropuerto de San
Antonio de los Baños por su familia y compañeros.
Los restos del Che descansan en el mausoleo de
la Plaza Ernesto Che Guevara en Santa
Clara.
“El
argentino cumpliría todos los requisitos para
transformarse en un icono, para muchos, el mayor
del siglo XX: Moriría joven, era bello, lo haría
sin abjurar de sus ideales, llegando a la
inmolación como Jesucristo, como Juana de Arco,
como Martí. El derrumbe del bloque comunista le
regalaría la chance de ser venerado también
por quienes ya no temerían la derrota de
Occidente, y no habría riesgo de lucir su
efigie en una prenda de vestir o en pegar un póster
con la genialidad fotográfica de Korda”. Explica
Pacho O’Donnel en Che:
La vida por un mundo mejor, su recomendable
biografía de Guevara.
Hace algunos meses
en una íntima charla brindada en Vicente López,
Buenos Aires, Alberto Granado, el gran
amigo del Che, quizás la persona que más lo
conoció, ante la pregunta de “¿cómo desearía
que se recordara al Che?” respondió que, más
allá de lo que siempre se resalta, de lo
inigualable de sus hazañas y su heroísmo, lo
que hay que tener siempre presente es su condición
claramente humana, su cualidad de hombre, su
compromiso constante con la verdad y su
capacidad de conmoverse por las injusticias que
se cometan frente al prójimo en cualquier parte
del mundo; que los jóvenes debían
perfeccionarse en esos valores. Y que si
lograban adquirirlos estarían listos para ser
los próximos Che Guevara. Comentar
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