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Frente
a la mentira reaccionaria, la verdad
revolucionaria
El grupo de gorilas usurpadores, tras
asesinar a obreros y preparar el terreno para la
entrega total de nuestras riquezas al
imperialismo norteamericano, se burló del
pueblo en una farsa comicial. Cuando llega la
hora de la verdad y el pueblo se alza en armas,
respondiendo a la usurpación armada con la
lucha armada, pretende seguir su torneo de
mentiras.
En la madrugada del 23/3, fuerzas de la 4ª
división, con acantonamiento en Camiri, en número
aproximado de 35 hombres al mando del mayor Hernán
Plata Ríos se internaron en territorio
guerrillero por el cauce del río Ñacaguaso. El
grupo íntegro cayó en una emboscada tendida
por nuestras fuerzas. Como resultado de la acción,
quedaron en nuestro poder 25 armas de todo tipo,
incluyendo 3 morteros de 60 mm. con su dotación
de obuses, abundante parque y equipo. Las bajas
enemigas fueron: 7 muertos, entre ellos un
teniente, y 14 prisioneros, 5 de los cuales
resultaron heridos en el choque, siendo
atendidos por nuestro servicio sanitario con la
mayor eficiencia que permiten nuestros medios.
Todos los prisioneros fueron puestos en
libertad previa explicación de los ideales de
nuestro movimiento.
La lista de bajas enemigas es la
siguiente:
Muertos: Pedro Romero, Rubén Amenazaga,
Juan Alvarado, Cecilio Márquez, Amador Almasán,
Santiago Gallardo y el delator y guía del Ejército,
apellidado Vargas.
Prisioneros: Mayor Hernán Plata Ríos,
cap. Eugenio Silva, soldados Edgar Torrico
Panoso, Lido Machicado Toledo, Gabriel Durán
Escobar, Armando Martínez Sánchez, Felipe
Bravo Siles, Juan Ramón Martínez, Leoncio
Espinosa Posada, Miguel Rivero, Eleuterio Sánchez,
Adalberto Martínez, Eduardo Rivera y Guido
Terceros. Los cinco últimamente nombrados
resultaron heridos.
Al hacer pública la primera acción de
guerra establecemos lo que será norma de
nuestro Ejército: la verdad revolucionaria.
Nuestros hechos demostraron la justeza de
nuestras palabras. Lamentamos la sangre inocente
derramada por los soldados caídos, pero con
morteros y ametralladoras no se hacen pacíficos
viaductos como afirman los fantoches de
uniformes galonados, pretendiendo crearnos la
leyenda de vulgares asesinos. Tampoco hubo ni
habrá un solo campesino que pueda quejarse de
nuestro trato y de la forma de obtener
abastecimiento salvo los que, traicionando su
clase, se presten a servir de guías o
delatores.
Están abiertas las hostilidades. En
comunicados futuros fijaremos nítidamente
nuestra posición revolucionaria, hoy hacemos un
llamado a obreros, campesinos, intelectuales; a
todos los que sientan que ha llegado la hora de
responder a la violencia con la violencia y de
rescatar un país vendido en tajadas a los
monopolios yanquis y elevar el nivel de vida de
nuestro pueblo, cada día más hambreado.
Ejército
de Liberación Nacional de Bolivia
Fuente:
www.patriagrande.net
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