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Para
el año
1965 ya no había lugar para el comandante
Ernesto Guevara en la isla de Cuba. Las razones,
sobre las cuales podría ensayarse extensamente,
podrían sintetizarse de esta manera: A
diferencia del Che, los otros altos dirigentes
cubanos habían dejado de lado casi por completo
su vocación internacionalista y habían
decidido tomar una actitud pragmática a favor
de los asuntos internos de la isla. Guevara
entendió que era tiempo de dejar Cuba, e
involucrarse personalmente en otras luchas
revolucionarias del mundo. Primero fue en el
Congo, luego Bolivia, donde fue finalmente
fusilado. Antes de partir, despidiéndose de
Fidel, le entregó una carta, con el pedido que
no se hiciese pública sino en el caso de que
fuese muerto. Al tiempo Castro rompió la
promesa, y ante la ola de rumores provocada por
la repentina desaparición del Che de la vida pública
y ante el plenario del Primer Congreso del
Partido Comunista Cubano expresa: “Hay una
ausencia en nuestro Comité Central de quien
posee todos los meritos y todas las virtudes
necesarias en el grado más alto: El Che
Guevara. El enemigo ha podido tejer mil
conjeturas; ha tratado de sembrar cizaña y la
duda. Y nosotros pacientemente, puesto que era
necesario esperar, hemos esperado”.
Acto seguido, dio lectura a la carta.
A
Fidel
[marzo
1965]
Habana
«Año
de la agricultura»
Fidel:
Me recuerdo
en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí
en casa de María Antonia, de cuando me
propusiste venir, de toda la tensión de los
preparativos. Un día pasaron preguntando a quién
se debía avisar en caso de muerte y la
posibilidad real del hecho nos golpeó a todos.
Después supimos que era cierto, que en una
revolución se triunfa o se muere (si es
verdadera). Muchos compañeros quedaron a lo
largo del camino hacia la victoria. Hoy todo
tiene un tono menos dramático porque somos más
maduros, pero el hecho se repite. Siento que he
cumplido la parte de mi deber que me ataba a la
Revolución cubana en su territorio y me despido
de ti, de los compañeros, de tu pueblo que ya
es mío. Hago formal renuncia de mis cargos en
la dirección del Partido, de mi puesto de
Ministro, de mi grado de Comandante, de mi
condición de cubano. Nada legal me ata a Cuba,
sólo lazos de otra clase que no se pueden
romper como los nombramientos. Haciendo un
recuerdo de mi vida pasada creo haber trabajado
con suficiente honradez y dedicación para
consolidar el triunfo revolucionario. Mi única
falta de alguna gravedad es no haber confiado más
en tí desde los primeros momentos de la Sierra
Maestra y no haber comprendido con suficiente
claridad tus cualidades de conductor y de
revolucionario. He vivido días magníficos y
sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a
nuestro pueblo en los días luminosos y tristes
de la crisis del Caribe. Pocas veces brilló más
alto un estadista que en esos días, me
enorgullezco también de haberte seguido sin
vacilaciones, identificado con tu manera de
pensar y de ver y apreciar los peligros y los
principios. Otras tierras del mundo reclaman el
concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo
hacer lo que te está negado por tu
responsabilidad al frente de Cuba y llegó la
hora de separarnos. Sépase que lo hago con una
mezcla de alegría y de dolor, aquí dejo lo más
puro de mis esperanzas de constructor y lo más
querido entre mis seres queridos... y dejo un
pueblo que me admitió como un hijo; eso lacera
una parte de mi espíritu. En los nuevos campos
de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el
espíritu revolucionario de mi pueblo, la
sensación de cumplir con el más sagrado de los
deberes: luchar contra el imperialismo donde
quiera que esté, esto reconforta y cura con
creces cualquier desgarradura. Digo una vez más
que libero a Cuba de cualquier responsabilidad,
salvo la que emane de su ejemplo. Que si me
llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi
último pensamiento será para este pueblo y
especialmente para tí. Que te doy las gracias
por tus enseñanzas y tu ejemplo al que trataré
de ser fiel hasta las últimas consecuencias de
mis actos. Que he estado identificado siempre
con la política exterior de nuestra Revolución
y lo sigo estando. Que en dondequiera que me
pare sentiré la responsabilidad de ser
revolucionario cubano, y como tal actuaré. Que
no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y
no me apena: me alegra que así sea. Que no pido
nada para ellos pues el Estado les dará lo
suficiente para vivir y educarse. Tendría
muchas cosas que decirte a ti y a nuestro
pueblo, pero siento que son innecesarias, las
palabras no pueden expresar lo que yo quisiera,
y no vale la pena emborronar cuartillas.
Hasta
la victoria siempre. ¡Patria o Muerte!
Te abraza con todo fervor revolucionario
Che
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