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Primeros
vuelos
Como personaje de ficción, Superman
apareció, por primera vez, hace 70 años.
Durante un lustro, dos adolescentes de Cleveland, Jerry Siegel
y Joe
Shuster, recorrieron las redacciones de
diarios y revistas ofreciendo su creación, pero
eran continuamente rechazados. Hasta que en 1938
la revista Action Comics decidió editar la historieta. A
los lectores de las primeras entregas les llamó
la atención la poca preocupación del héroe
por la integridad física de las personas, a las
que tiraba por las ventanas desde rascacielos. Aún
así, el “buen muchacho” logró tener su
propia revista independiente. El por qué de su
éxito entre la sociedad norteamericana de la época
(además de por su evidente calidad), pudo
haberse debido al ideal de campeón de los
oprimidos en uno de los peores momentos en la
historia de los Estados Unidos, con la Gran
Depresión todavía reciente que había
provocado pobreza y corrupción, sumado esto al
fantasma de otra guerra mundial que estaba por
llegar.
Los norteamericanos necesitaban de un
gran héroe (aunque fuera de ficción), capaz de
enfrentarse a los enemigos reales que
amenazaban, y
eso fue lo que encontraron en Superman.
Pero en verdad, estos enemigos eran más
mundanos de lo que se podría pensar y, lejos de
hacer gala de patrioterismo barato al
enfrentarse contra potencias extranjeras, este Superman,
en el primer número de Action
Comics se desafió a senadores corruptos, gángsters
y hombres que maltrataban a sus mujeres.
Lo concreto es que Superman fue el primer cómic sobre un superhéroe de la historia:
¡Tenía habilidades sobrehumanas! Superman
fue pionero en su género y pronto se
convirtió en una de las historietas más
populares del mundo, además de un ícono de la
cultura pop.
Siguiendo la estela del éxito cosechado por Action
Comics, en 1939 se publicó el primer número
de la revista Superman, también a cargo
de Siegel
y Shuster.
En argentina, ese mismo año la revista Billiken
publicó el primer capítulo de El
superhombre (la versión en castellano de Superman),
historieta que sacó hasta
entrada la década del '50. Después, la Editorial
Jacobo Muchnik continuó con las ediciones
de Superman, dedicándole su propia revista: La revista del superhombre.
Pero la expansión del personaje no terminó en
el mundo del cómic. Lentamente, sus aventuras
fueron adaptándose a otros medios. En
1940 ya estaba en la radiofonía estadounidense.
Y fue precisamente durante la década del ’40
cuando se realizaron 17 películas de dibujos
animados sobre el
personaje. También apareció una novela
sobre nuestro héroe, escrita por George
Lowther. En 1948 y en 1951 se realizaron dos
seriales para cine de 15 episodios cada uno,
ambos, protagonizados por Kira
Alyn. En los ’50, George
Reeve protagonizó una serie para televisión,
Aventuras
de Superman. Además, la película de
1978 tuvo su antecesora –mucho más modesta-, Superman
y el Hombre Topo, de 1952. Salieron
más dibujitos animados, y en 1973 comenzaron
los Super
Amigos, una serie animada con varios héroes,
entre ellos, Superman, Batman y
Aquaman. Aquel George Reeve falleció en 1958, dos años después de que terminara
la serie de televisión. Ahora bien, que quede
claro: entre George Reeve y Christopher
Reeve (el de la película de 1978), no
existió parentesco alguno.
La
historia original
Superman
nació en el lejano planeta Kryptón,
en una civilización más desarrollada que la
nuestra. Sus padres, Jor-El (un científico eminente de la sociedad kryptoniana) y Lara,
lo llamaron Kal-El. Su padre había descubierto que su planeta corría peligro,
pero nadie le creyó, así que decidió crear
una nave para su familia, pero las conmociones
llegaron antes de lo esperado y la pareja decidió
entonces al menos salvar a su hijo. Así, el
padre lanzó la nave hacia la Tierra (planeta
que él había estudiado gracias a sus potentes
telescopios), y, como era de esperarse, al poco
rato de salir, el planeta Kryptón
estalló en mil pedazos. Pero la nave llega a la
Tierra y es encontrada por unos granjeros de Smallville,
Kansas
(siempre estas cosas suceden en los Estados
Unidos): Jonathan
y Martha
Kent adoptaron al bebé y lo llamaron Clark
Kent. Y le inculcaron –por supuesto- los
valores (occidentales y cristianos) de la raza
humana. Pero Clark
va descubriendo paso a paso sus poderes
especiales (aclaremos que Superman
tenía poderes extraordinarios por las
radiaciones de rayos amarillos en la Tierra -los
rayos del Sol de Kryptón
eran rojos-, por la gravedad –sí, esto le
daba poderes- y por pertenecer a una raza más
desarrollada). Así que nuestro querido superhéroe
decide, obviamente, utilizar sus poderes en pos
“del bien”. Por eso, el tímido muchacho, al
terminar sus estudios superiores, se va a vivir
a la gran ciudad, Metrópolis,
en donde se convierte en periodista del Daily
Planet.
En la
redacción conoce a la periodista Lois
Lane. En resumidas cuentas, se enamoran y se
casan. Pero su trabajo le permite estar en
contacto con las noticias y saber lo que pasa
para “actuar”. Así que usa la identidad de Superman
para poder ayudar sin ser acosado por el público,
para poder llevar una "vida normal" y
para proteger a sus amigos y familiares. Ahora
bien, su principal fuente de debilidad es la Kryptonita,
pedazos del planeta Kryptón
cargados de radioactividad, algo mortal únicamente
para los habitantes de ese planeta... etc.,
etc…. Esa es la historia básica de Superman…
Claro, se podrían agregar o sacar detalles,
tantos, que al final habría que recurrir a las
propias historietas porque casi todos los años
salen sagas, miniseries o maxiseries que ofrecen
las versiones de los tantísimos autores que ya
existen hoy en día.
La última película, Superman
returns (2006), fue protagonizada por Brandon Routh – luego de las cuatro protagonizadas por el
inolvidable Christopher Reeve - y en 2007
salió la serie Legión
de superhéroes, donde Clark
Kent es llamado por un grupo de superhéroes
del siglo 31 para que los ayude a vencer a los
enemigos de la legión cuando era un
adolescente, ya que para ese siglo Superman
era el superhéroe más grande de la historia.
Injusticia
para dos
Como vimos, Superman fue el primer superhéroe del cómic e inauguró un subgénero
a nivel mundial. Sin embargo, sus creadores no
recibieron la recompensa merecida y lucharon
durante toda su vida para recuperar los derechos
de un personaje que les fue arrebatado por los
editores. Como muchos jóvenes creadores, Jerry
Siegel
y Joe
Shuster querían
ver sus obras publicadas, y, como suele suceder,
se presentó la oportunidad y obviaron,
conciente o inconscientemente, los resquicios
legales que perjudicaran sus propios intereses.
En 1938 Siegel
y Shuster
vendieron el copyright de Superman a National
Periodical Publications, inc (la
actual DC Comics), la editorial de la revista Action
Comics, por 130 dólares.
Aclaremos que en 1938 (cuando ninguno de
los dos superaba los veinte años), el tema de
los derechos de los autores de cómics no era
tan común como ahora y la mayoría de los
editores solía imponer draconianas condiciones
en los contratos a los guionistas y dibujantes
que aceptaban firmar con ellos, obligándolos,
por contrato, a ceder los derechos de sus
creaciones a la editorial.
El negocio le salió redondo a la National
Periodical Publications, inc.,
en tanto que Siegel
y Shuster recibieron apenas 500 dólares
por cómic publicado.
En 1945 la editorial publicó las aventuras de un
Superman
adolescente llamado Superboy (a espaldas
de Siegel y Shuster), en la revista More Fun Comics.
Esto fue el detonante para que los
autores se rebelaran contra la editorial y
decidieran demandar a la empresa, reclamando lo
que, por justicia, les pertenecía.
En 1948 finalizó el juicio en el que Siegel y Shuster invirtieron toda su fortuna. La sentencia les dio
la razón a los editores, y los
verdaderos creadores del personaje fueron
despedidos de la editorial. En contrapartida, en
el mismo juicio, obtuvieron una indemnización
de 50 mil dólares por parte de la editorial por
la publicación de Superboy.
En los ‘50 la familia Siegel
estaba completamente arruinada, tan arruinada,
que Joanne Siegel, la esposa de Jerry,
visitó las oficinas de DC
Comics pidiendo que volviera a
contratar a su marido, lo cual la
editorial hizo en 1958, con la condición
de que no recibiría ningún crédito o trato de
favor. Pero de nuevo la situación se le complicó
a Siegel:
en 1964 fue despedido de DC
Comics al quejarse de que
esperaba un mejor trato. En 1978, Siegel escribió a todos los medios gráficos. La Warner, previendo críticas en su contra, les concedió una pensión
vitalicia, así como la inclusión de los
nombres de los creadores del personaje en los créditos.
Pero las heridas nunca se cerraron del todo. Años
después de su muerte (el fallecimiento de Joe
Shuster sucedió en 1992 y el de Jerry
Siegel en 1996), suelen leerse noticias
sobre nuevos litigios promovidos por sus
herederos por los derechos de este personaje.
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