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Mafalda,
esa niña terrible y contestaria, tan porteña
como el tango, al igual que este trascendió las
fronteras del país con una repercusión que
impresiona. La creación de Quino, la
misma que según él se dio por casualidad, se
tradujo a más de veintiséis idiomas y aún hoy
siguen reimprimiéndose recopilaciones.
Ya en 1966, la tira, que en Argentina
empezó en la revista Primera Plana para
luego pasar al diario El Mundo y terminar
en Siete Días, comenzó a publicarse en
varios periódicos de Uruguay. Dos años después
llegó la conquista de Europa: el italiano fue
el primer idioma al que se la tradujo. Treinta
tiras fueron incluidas en una antología de
textos literarios y dibujos humorísticos que se
publicó en Milán y dada la buena repercusión
que esta tuvo, en 1969 se lanzó, con prólogo
de Humberto Eco, el primer libro que
recopilaba sus tiras titulado Mafalda, la
contestaria.
En 1970 le llegó el turno a la madre patria. En
España se editó el primer libro de Mafalda,
pero el gobierno franquista obligó a los
editores a ponerle una franja en la tapa que decía
“para adultos”. En 1972 se publicaron,
aunque sin mayor éxito, tres libros en
Finlandia y un año después la creación de
Quino puso un pie en Francia y otro en Alemania.
Entrado 1977, el furor por este personaje tocó
tierra mexicana y en el ’78 hizo lo propio
nada menos que en Grecia.
Pero el efecto dominó no se detuvo,
después llegaron Holanda, Brasil, Dinamarca,
Noruega, Suecia, Estados Unidos y Taiwán. En
definitiva, siempre preocupada por los problemas
del mundo, Mafalda lo conquistó sin
necesidad de armas ni de bombas atómicas, lo
hizo levantando la bandera de la paz y de los
anti-sopa, por supuesto.
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