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“Podría darte centenares de nombres, y
no te mentiría: todos han sido míos. Pero quizá
el que te resulte más comprensible sea el que
me puso una especie de filósofo de fines del
siglo XXI... El Eternauta me llamó él... para
explicar en una sola palabra mi condición de
navegante del tiempo, de viajero de la
eternidad, mi triste y desolada condición de
peregrino de los siglos”.
De esa manera se presentaba Juan Salvo, en
las primeras viñetas de El Eternauta, al
hacer su aparición, materializándose en la
casa de Germán -el propio autor, que se
incluye como uno de los personajes, para ser el
interlocutor al cual el viajante eterno contará
su historia-. Así comenzaba... así comienza;
la obra definitiva de la Historieta Argentina.
Comienzo
de la desventura.
“Siempre me fascino la idea del
Robinson Crusoe (...) El Eternauta inicialmente
fue mi versión del Robinson. La soledad del
Hombre, rodeado, preso, no ya por el mar sino
por la muerte”. (Héctor
Germán Oesterheld, en el prologo de la
primera edición).
Un día como cualquiera, en 1957, una extraña
nevada comienza a caer sobre Buenos Aires -y
sobre el resto del mundo-. Juan Salvo es
un hombre de trabajo que, al momento del hecho,
está en plena partida de truco con sus amigos y
junto a su familia en su casa de Vicente López.
Desde la ventana comienzan a observar que los
copos que bajan del cielo provocan la muerte a
quien tome contacto con ellos. En un principio
se plantean la hipótesis de una tragedia
nuclear, pero pronto toman conciencia de una
mucho más cruel situación: Buenos Aires es
invadida por extraterrestres. El grupo tiene que
unirse para poder sobrevivir, primero para
encontrar la manera de protegerse de la nevada,
luego para tomar contacto con los otros
sobrevivientes de la ciudad y presentar
resistencia. Cascarudos Gigantes, una especie de
mastodontes prehistóricos llamados Gurbos
y los Manos son algunos de los enemigos,
diversos, pero con algo en común: todos ellos
son razas sometidas, empleadas como fuerza de
choque de la verdadera y casi invisible potencia
invasora: Los Ellos. A partir de allí,
la destrucción, la lucha y el comienzo de un
viaje circular, eterno, a través del tiempo y
el espacio.
El
Héroe colectivo y la otra -o única- lectura.
El Eternauta supo, y sabe, atrapar
por su brillante estilo y narrativa. Porque es
una gran aventura. Pero hay otros factores, quizás
los mas importantes, que la elevaron por encima
de todo lo conocido. Es que además de permitir
al lector identificarse con un escenario
cotidiano, desarrollando la acción en lugares
como el Estadio de River Plate, Plaza Italia o
la General Paz, de detenerse en el relato para
desarrollar planteos sobre la condición humana,
presenta como rasgo distintivo, en una época de
superhéroes, al Héroe Colectivo; el Hombre común,
en comunión y cooperación con el resto de sus
compañeros en el objetivo de sobrevivir y
resistir a la dominación. Hay un trasfondo
ideológico innegable e insoslayable en la
historia. Y algo de premonitorio, en una trama
que muestra
el accionar de una fuerza de dominación
extranjera, que avanza a través de terceros a
su servicio y que busca someter y alienar al
Hombre. El Eternauta fue escrita en un
contexto histórico nacional donde la llamada
Revolución Libertadora había derrocado a Juan
Domingo Perón dos años antes, lo que dio
comienzo a una seguidilla de golpes militares
sumisos a potencias del norte, que seguirá con
el “Onganiato” y su Doctrina de Seguridad
Nacional – recomendada por los Estados Unidos-
y con la más sangrienta embestida imperialista
en la Argentina: El nefasto Proceso de
Reorganización Nacional comenzado en 1976, que
haría desaparecer a más de 30 mil personas y,
entre ellas, a Oesterheld y sus hijas.
El
cuándo, el cómo y el por qué.
Las primeras páginas de la historieta se
publicaron en una revista semanal –del propio
Oesterheld- llamada Hora Cero el 4 de
septiembre de 1957 y bajo el título: Una
cita con el futuro: El Eternauta, memorias de un
navegante del porvenir. Instantáneamente se
convirtió en un éxito; y durante más de cien
entregas (de tres a cinco paginas cada una) y
casi dos años, la publicación mantuvo
expectantes a sus seguidores.
Los entendidos del tema, y los lectores más
fervientes sostienen que fue esa historieta, en
si misma, El Eternauta. Lo que vino después...
fue sólo un anexo.
A lo largo de los años, se han editado múltiples
historias que ¿continúan? a la original
editada entre 1957 y 1959. Inmediatamente después
de la primera parte, existió la intención de
realizar una segunda, pero Francisco Solano López
solo tenía en mente viajar a Europa para hacer
experiencia y, por otro lado, la editorial iba
rumbo a la quiebra. Pocos años después,
Oesterheld publicó su historia en forma de
novela y en 1969, junto al dibujante Alberto
Breccia hizo una reversión de la historieta
con un carácter político más fuerte, acorde
con la radicalización de sus posturas políticas
en ese tiempo, y la publicó semanalmente en la
revista Gente. Fue desaprobada por el público,
por los directivos de la revista y por el
gobierno, y debió acelerar su conclusión. En
1976, desde la clandestinidad,
y otra vez con la colaboración de López
escribió El Eternauta II. El autor había
cambiado –ya participaba activamente en
Montoneros- y en consecuencia, el personaje
también lo haría: En esta nueva entrega, Juan
Salvo regresaba a la tierra en el siglo XXII
para seguir combatiendo a los Ellos; pero
ahora como un líder duro, capaz de sacrificar a
muchos de los suyos con tal de vencer a su
enemigo. “Héctor tomó el Eternauta como
una herramienta de militancia. Yo cuestioné
mucho esto, porque no me consultó. Vi que
estaba haciendo propaganda por la lucha armada.
Y yo no estaba de acuerdo. Tampoco estaba de
acuerdo con los militares, pero entre los
militares y los montoneros, en el medio, había
unos cuantos millones de personas” contó
alguna vez, Solano.
En Abril de 1977 Oesterheld fue emboscado por los
militares en La Plata y posteriormente
desaparecido.
Tiempo después vería la luz una poco
feliz tercera parte, escrita por Alberto
Ongaro y dibujada por Oswal. También,
El Eternauta: El mundo arrepentido y El
Eternauta: El regreso, entre otras, fueron
obras en consecuencia de aquella que sorprendió
al mundo hace 50 años y que sigue deslumbrando.
Una historia que solo puede ser contada a partir
de sus propias viñetas.


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