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Los muñecos de He-man, El Simon, la
camioneta de Brigada A, el reloj jueguito, los
álbumes de figuritas, El juego de la vida, el
Yo-Yo Bronco, los play móbil, el Scalectrix,
el balero, el Pequeño Pony, los soldaditos de
plomo...
No cabe duda que jugar es una de las
cosas más bellas de la infancia, quizás de las
más importantes para un chico, porque es a través
del juego cuando logra transportarse a un
universo imaginario donde nada es imposible; tal vez sea por eso que cuando se ingresa
al impiadoso mundo de los adultos se añoran
tanto esos años, en los que pocas cosas eran más importante
que completar el álbum de figuritas del momento
y ganarse algún premio, cosa que,
claro, pocas veces ocurría. Porque en
definitiva, algunos más, otros menos, no
hay persona en el mundo que haya crecido sin un
juguete, porque hasta los que por cuestiones
económicas no pueden acceder a todos los que impone
el mercado, apelan a su imaginación para
crearse los propios con los materiales que
tienen a mano (¿Quién no jugó alguna vez con
una pelota hecha con medias viejas o trapos?),
sino basta con ver un capítulo del eterno Chavo
del ocho para darse cuenta de lo que puede
hacer el maravilloso ingenio de un chico.
De manera tal que, algunos más sofisticados,
otros más sencillos, cada juguete cobra con el
paso del tiempo un valor único, ese que le da
el recuerdo de cada uno.
Así lo entendió el anticuario y coleccionista Roberto
Frassinetti y por eso fundó, hace más de
10 años, The Buenos Aires toy museum (www.ba-toymuseum.com.ar),
un excelente e invalorable museo
virtual de juguetes – el primero de estas
características – que recibe más de 45 mil
visitas por mes y que fue creado con la intención
de generar “un espacio de alto valor
cultural y educativo, en el cual padres, madres,
hijos e hijas pueden compartir momentos
significativos y enriquecedores para todos, cada
uno desde su lugar y sus intereses”, como
él mismo lo definió en su charla con Código
Retro.
-
¿Cómo se le ocurrió la idea de armar un museo
virtual de juguetes?
-
La idea surge
aproximadamente hace 12 años,
con el nacimiento de mi hijo, Christian.
Considero que una parte importante y central de
lo que significa ser padre esta ligada a la
impronta lúdico-creativa que se puede
desarrollar por medio de juegos y juguetes que
favorecen el desarrollo del pensamiento, el análisis
abstracto y crítico y proveen una visión
abarcadora del mundo. Es decir que a partir de
juegos y juguetes comenzamos a desarrollar y
compartir códigos muy propios de padre e hijo.
Cuando fue creciendo me di cuenta que tenía que
crear un espacio en el que ambos nos
divirtiéramos. Así, cuando me separé, y de
pronto de padre 24 horas, tuve que ocupar el
lugar complejo de padre de fin de semana,
encuentro que en el
mundo de los juguetes antiguos hay un ámbito
prolifero e interesante, a partir del cual puedo
desarrollar un mundo compartido entre mis
intereses y los de mi hijo. En principio comencé
a recuperar juguetes valiosos de entre los
mercados y las ferias. En determinado momento,
aquel espacio había excedido los límites de lo
individual. Cuando descubro que mi casa es un
museo viviente me doy cuenta de que había
comenzado a producir una experiencia socialmente
significativa. El museo de juguetes como una
expresión cultural riquísima que repone al
juguete desde una mirada dual: como objeto de
juego, como objeto lúdico y como pieza de arte,
como representación artística y de diseño de
un determinado momento histórico cultural. Así
surge la necesidad de encontrar algún resquicio
para el desarrollo de todas las potencialidades
de lo que comenzó como un hobby.
-
¿Internet fue el espacio ideal para eso?
-
Con la masificación de Internet, encuentro
que este espacio lleno de potencialidades de
comunicación, de contacto es el espacio
perfecto desde el cual difundir y construir este
tipo proyectos.
En esencia ví
que los tiempos cambiaban, que se abrían
instancias de trabajo colectivo y social de gran
magnitud y decidí aprovechar la oportunidad y
la apertura. Se trataba, y aun se trata, de un
campo inexplorado en la Argentina. No solamente
recuperaba las piezas del olvido, sino que además
comencé a realizar colectivamente proyectos de
investigación para reponer su historia y
contexto.
-
¿Cómo se lleva a cabo ese proceso de
investigación de la historia de un juguete, que
me imagino, en la mayoría de los casos, debe
ser una tarea compleja?
-
En efecto, la tarea es sumamente compleja y
ardua. Principalmente porque conocer un juguete
es conocer su historia, su contexto de producción,
su inserción en el mundo de los juguetes a
nivel global. En este sentido, entran en juego
un gran caudal de conocimientos e información
que permiten reponer la real importancia de las
piezas en cuestión. Asimismo, particularizando
en la historia de los juguetes argentinos, hay
un problema incluso más profundo, que tiene que
ver con que no hay registros profusos sobre la
temática, e incluso muy poco investigado. En
este sentido, el trabajo de reconstrucción debe
remontarse a un punto de partida mucho más
elemental. Se trata de un trabajo muy importante
para nosotros, que disfrutamos muchísimo y que
se presenta como un desafío interesantísimo.
-
¿En dónde se realiza la búsqueda de las
piezas coleccionables?
-
En mercados, ferias, negocios, contactando
coleccionistas privados, en todos los espacios
de venta posibles. Además encontramos las
piezas como producto de un conocimiento profundo
respecto de los objetos de nuestro interés.
Asimismo, hemos recibido donaciones de personas
particulares que habiéndonos encontrado en la
web, han elegido nuestro museo y particularmente
a nuestras personas como depositarios de juegos
y juguetes de gran valor social y cultural. Pero
creo que lo sustancial de esto es que estas
personas que nos han confiado con sus historias,
encuentran en el museo un lugar especial al cual
aportan con sus juguetes significativos.
-
De todas las piezas que componen el museo ¿cuál
es la más preciada por ustedes?
-
Todas las piezas del museo son valiosas por su
valor simbólico, especialmente porque cada una
de ellas fue elegida singularmente. Pero para
mi, las piezas más preciadas son los juguetes
populares, aquellos realizados de manera casera
que demuestran una gran habilidad: auto,
barco... además, los robots antiguos a mi me
maravillan, me parecen impresionantes por su
talante futurista y de diseño de alto nivel.
-
¿Cómo se financia un proyecto como este,
tienen algún tipo de ayuda estatal o privada?
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El proyecto en estos momentos se autofinancia
por medio de ventas que realizamos para el
mercado de coleccionistas en el plano
internacional, pero únicamente vendemos
aquellos juguetes de los cuales tenemos más de
un ejemplar. Realmente es algo que nos apena
profundamente ya que nos gustaría no tener que
vender ni uno de estos ejemplos fabulosos de
diseño y estética lúdica. Actualmente
estamos desarrollando una idea de Museo-Club. Se
trata de un proyecto en el cual los
coleccionistas y apasionados del museo realmente
formarían parte del mismo, ya que el
Club del Museo, permitiría a sus futuros socios
tener acciones y prácticas íntimamente ligadas
al desarrollo del museo.
Sin lugar a
dudas, dichos aportes son siempre bien recibidos
ya que no solo significan un apoyo simbólico
importante que funciona como aliciente del
trabajo diario, sino que asimismo nos permitiría
profundizar el trabajo de investigación y
recuperación de nuestro patrimonio cultural e
histórico.
- ¿Cuántas
personas hay detrás de The Buenos Aires Toy
Museum?
-
Flor (Florencia) Rodríguez y yo somos
quienes llevamos a adelante el proyecto, pero
contamos con colaboradores ocasionales que
participan con sus trabajos, ideas y opiniones.
Pero cuando trabajamos en varios proyectos de
investigación conjuntos, trabajamos con equipos
de estudiantes de historia que colaboran con
nuestra labor de investigación.
- Los que estén interesados en recuperar
juegos o juguetes de la infancia ¿lo pueden
hacer a través del museo?
-
Seguro. Nosotros para esas personas que buscan
juguetes específicos les ofrecemos un servicio
de búsqueda personalizada para tal fin.
- ¿Tienen como meta a futuro convertir al
museo en una exposición “real” y permanente
que se pueda visitar?
- Si absolutamente. Estamos trabajando en
construir un museo “real” para chicos y
grandes, un espacio cultural integral donde los
juguetes y su historia se reflejen desde el
punto de vista artístico e histórico.
- ¿Y de qué depende esa transición de museo
virtual a “real”?
-
La
transición depende de los vaivenes del mercado
inmobiliario porteño, ya que buscamos un
espacio amplio y de fácil acceso, pero en tanto
este es un proyecto autofinanciado, la transición
a un espacio físico insume mucho capital,
especialmente para habilitar un espacio que
cumpla con las reglamentaciones actuales para
organizar muestras y eventos.
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