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Fernando
Sendra es, sin dudas, uno de los mayores exponentes
del humorismo gráfico argentino de la
actualidad. Desde principios de los ‘90
publica en la última página del diario Clarín
la exitosa tira Yo, Matías,
protagonizada por un simpático niño que con la
simpleza del pensamiento infantil, intenta
entender un poco mejor el mundo de los adultos,
siempre ayudado por su mamá, un personaje que,
curiosamente, nunca se vio en la tira. Pero el
trabajo de este marplatense nacido en 1949,
ahora afincado en el barrio de Barracas, en los
últimos tiempos se vio multiplicado: es que
además de publicar todos los días el chiste
que acompaña la tapa del suplemento de
clasificados del diario más vendido del país,
se le sumó, desde hace unos meses, la difícil
tarea de ocupar el lugar que dejó el gran Roberto
Fontanarrosa
con su chiste diario de actualidad en la página
dos del mismo medio. Todo un honor que el
humorista no podía eludir. De eso, entre otras
cosas, habló en el programa radial Va...
de Retro (viernes a las 20 por FM La Tribu 88.7). Una charla que Código
Retro
reproduce en esta nota y que no tiene
desperdicio.
-
Ocupar el espacio de Roberto Fontanarrosa en
Clarín implica, imagino, una gran
responsabilidad.
-
Un día me llamaron del diario y yo empecé a
barajar las opciones por la cual lo estaban
haciendo; por la proximidad de las elecciones
–faltaba alrededor un mes y medio- imaginé
que era para cubrir el período electoral; yo ya
lo había hecho para las elecciones porteñas,
me había gustado hacerlo, y me parecía lógico
que fuera para eso. Así que pensaba había 90%
de posibilidades de que estuvieran llamándome
para eso, 7%
para despedirme y 3% para cualquier otra cosa.
Pero no imaginaba realmente que era para ocupar
el cuadro de humor que pertenecía a
Fontanarrosa ( N de la R : Roberto Fontanarrosa
había fallecido algunos días antes). Cuando me
dieron el lugar tuve una sensación bastante
confusa, y por algún motivo extraño, de esos
circuitos que tiene la mente, además de
sentirme honrado por que me hubieran llamado, y
de sentir una gran responsabilidad, también
sentí una gran culpa. La sensación de que “el
negro” estaba presente era tan grande, que
era como estar sacándole el trabajo a alguien.
Recién cuando unos días después de que yo
empecé a trabajar, me llamó Tiny, la primer esposa de el
negro, para decirme que le parecía que yo
era la persona indicada para ocupar ese lugar,
empecé a sentir que era yo el que estaba ahí,
y no era un suplente temporal de Roberto.
- ¿Usted era amigo de
Fontanarrosa?
-
Es difícil ser amigo de las personas que uno
respeta demasiado. Yo le tenía un gran respeto.
Aunque humanamente era un tipo muy accesible,
como todos sabemos. Para los que somos del
“palo” de él, resulta un maestro por varias
cosas: por como encaraba el dibujo, los textos e
incluso por como encaraba la profesión.
- Hacer un chiste de actualidad
todos los días parece un trabajo difícil.
-
Yo creo que hay una dificultad grande si a vos
no te interesa la actualidad. Y eso pasa... Hay
mucha gente a la que no le importa. Hay
dibujantes, amigos míos, para los que leer el
diario es una cosa tediosa, aburrida. A mi me
encanta, y si no tuviera que hacer humor con la
actualidad, lo seguiría leyendo con la misma
pasión de todos lo días, viendo como se
desarrollan hechos que aparentemente son mínimios,
y que van creciendo hasta transformarse en cosas
espantosas. Uno a veces las ve venir con visión
de periodista y, entonces, anota “ese” dato
que aparece en la página 48 y que después sube
a la página 20 y termina siendo tapa durante un
mes. Por lo tanto, a mí, que soy un apasionado
de esas cosas de la actualidad, me resulta
amigable el trabajo.
- ¿Y como
logra mantener la originalidad publicando
diariamente en tres espacios diferentes?
-
No es fácil. Pero había una época en la que
yo sólo hacía un dibujo por día. Había
decidido que sea así para que el trabajo me
saliera muy bien. Y resulta que no me salía muy
bien… Por que a fuerza de tener mucho tiempo
trabajaba en eso más de lo que valía la pena,
mas de lo que se debía, y el chiste terminaba
siendo una cosa inexplicable que la entendía
solamente yo. Quería decir “la Biblia” en
cuatro cuadritos de humor, y no va. Cada cosa
tiene su espacio y su modo de ser contado. Yo
quería contar mas cosas de las que cabían en
un cuadro de humor; hasta que por cosas de la
vida fui tomando más trabajo, pensando que a lo
mejor bajaba la calidad de mis creaciones, y me
encontré con que era al revés, que la calidad
mejoraba.
- Trabajar bajo presión puede
ser a veces motivador.
-
Algunas personas funcionamos mejor así. Cierto
grado de presión me sienta bien y me da buenos
resultados.
- ¿Cómo es su rutina de
trabajo?
-
Esta profesión tiene esa cosa de fantasía
popular de “trabajas sólo en tu casa, a las 3
de la mañana”. La realidad es que yo empiezo
a las 9 de la mañana y hago más o menos el
horario de un oficinista. Lógicamente tengo
ciertas libertades, como poder trabajar en
posiciones que un oficinista por decoro no podría
hacerlo, por ejemplo, tirado en una hamaca
paraguaya o estar en la cama tomando apuntes.
Pero esas son todas cosas de color. La realidad
es que el horario de trabajo es extendido y
normal.
- ¿Qué rasgos de su vida
reconoce en cada uno de sus personajes?
-
En casi todos sus personajes uno se reconoce. En
alguno ponés el tarado que llevas adentro, en
otro pones el niño, en otro la parte más
intelectual o adulta. En casi todos los
personajes uno tiene que poner algo suyo para
que funcionen, si no son personajes de
laboratorio que yo los podría hacer por oficio,
pero que después no tendrían eso que hace que
unos los sienta.
- ¿Y, en ese caso, que tiene
Matías de usted?
-
Matías tiene todo de mí. Pero yo no soy Matías.
Si hay una parte infantil en mi, yo la reconozco
en ese personaje. Así como reconozco que el
loco que hay dentro mío
podría ser la cucaracha; también hay un
adulto, y a ese lo pongo a lo mejor en la madre,
que por un lado observa a Matías, pero que
también es observada por el.
-
¿Qué
te produce escuchar que algunas personas
consideran a Matías un sucesor de Mafalda?
-
Por lo pronto me da mucho más gusto que lo
comparen con ese
y no con otros personajes que no valoro.
Yo digo que Mafalda es griega y Matías es
romano. Mafalda es racional y Matías pasional.
El se maneja con la pasión con el “rollo”
psicológico. Mafalda esta dentro del ámbito
racional y social. De hecho tiene un entorno de
amiguitos donde de alguna forma se reproducen
los actores sociales más importantes de aquel
momento: el comerciante (Manolito), la mujer
popular (Susanita). Y su relación con lo
adultos es baja. En cambio, en el caso de Matías,
es casi una relación edìpica; la relación
madre e hijo marca el grueso de la tira.
- ¿Es cierto que antes de
dedicarse al humor grafico vendía cinturones de
cuero?
-
Si. Los fabricaba. Era una época en la que yo
tenía como actividad oficial ser estudiante de
ingeniería y como actividad paralela hacer
cualquier cosa que me alejara de ella carrera.
Yo empecé ingeniería después de un test
vocacional que me aconsejó que estudiara bellas
artes. La lógica del test decía eso, pero la lógica
social me recomendaba estudiar arquitectura, que
tenía cierta afinidad con el arte. Pero elegí
esa carrera porque un amigo mío se metió en
ingeniería, y yo realmente estaba destrozado
por esa cosa de terminar el secundario y ver
como se disolvía un grupo de amigos entrañables.
Yo creo que el fin de la secundaria la sociedad
no lo tiene bien resuelto: es una especie de
jubilación de la adolescencia; de un golpe nos
mandan a un lugar diferente. De ese grupo de
amigos uno terminó vendiendo seguros, otro
manejando unas pescaderías y yo siendo
dibujante y luego con el oficio de humorista.
- ¿Y como llegó al humor gráfico?
-
Yo estudiaba bellas artes y les decía a mis
profesores que no quería ser artista. Teníamos
discusiones interminables sobre por que estaba
siguiendo esa carrera si no quería serlo; pero
lo que buscaba explicarles, y no podía, era que
yo no quería ser artista de caballete, que era
para lo que nos formaban en aquella época.
Luego me pasó lo contrario en otra rama del
arte, que es la escritura. Ocasionalmente empecé
a escribir, y quería hacer literatura seria
pero no podía por que al quinto renglón
empezaba a poner alguna trasgresión y al séptimo
ya era todo una payasada. Esos dos caminos que
se iban delineando, por una lado ser un escritor
serio fracasado y por el otro ser un dibujante
que no encontraba su lugar, en algún momento se
unieron y encontré la opción del humor grafico
donde me sentí muy satisfecho; la sensación
fue de haber encontrado el guante para la mano.
- Por aquellos años estuvo
radicado en Europa. ¿En ese lapso trabajo también
como humorista?
-
Yo tengo familiares en España. Nunca estuve
radicado allí pero si viví un año en Francia.
Y yo no quería estar allí; entonces opté por
quedarme en mi cuarto, dibujando todo el día,
para tener una buena carpeta y así al volver a
la Argentina poder conseguir trabajo rápidamente.
En Francia encontré cosas que hora parecen ridículas
mencionarlas.
-
¿Por ejemplo?
-
Materiales que acá eran desconocidos. Excelente
lápices de colores, tintas que hoy se compran
normalmente pero que en ese momento no eran
conocidas en Argentina y que a mi me abrieron la
cabeza de una manera espectacular.
- ¿Como fue hacer humor en los
años de la dictadura?
-
Yo volví en el ’78. Rápidamente conseguí
trabajo, rápidamente lo perdí. Trabaje un año
en la revista La
Semana y dos años en Clarín,
haciendo un personaje que se llama Clodomiro.
Esos trabajos los perdí; no puedo decir que yo
haya sido censurado, pero me quedé sin trabajo.
La realidad es que cuando volvió la democracia
tuve trabajo de nuevo. Creo que no fui censurado
por que mi trabajo era de la suficiente baja
calidad como para que pudieran prescindir de él,
sin demasiadas explicaciones.
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