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Fernando Sendra

“Yo digo que Mafalda es griega y Matías es romano”

En diálogo con el programa radial  Va... de Retro, el humorista marplatense hizo un repaso por su extensa y exitosa carrera. La comparación entre Mafalda y Matías, la responsabilidad que implica ocupar el espacio de Fontanarrosa en Clarín y cómo mantener la originalidad publicando en tres espacios diferentes del mismo medio, fueron los ejes por los que transcurrió una charla deliciosa que permite conocer mucho más a unos de los grandes talentos del humorismo gráfico de la Argentina.

Por: Leandro Seoane / Diego Cabarcos

lseoane@codigoretro.com.ar, dcabarcos@codigoretro.com.ar

 

(Entrevista realizada por Diego Cabarcos, Alejandra Basile y Leandro Seoane, en el programa radial Va...de Retro, viernes 20 hs. FM La Tribu 88.7).


    Fernando Sendra es, sin dudas, uno de los mayores exponentes del humorismo gráfico argentino de la actualidad. Desde principios de los ‘90 publica en la última página del diario Clarín la exitosa tira Yo, Matías, protagonizada por un simpático niño que con la simpleza del pensamiento infantil, intenta entender un poco mejor el mundo de los adultos, siempre ayudado por su mamá, un personaje que, curiosamente, nunca se vio en la tira. Pero el trabajo de este marplatense nacido en 1949, ahora afincado en el barrio de Barracas, en los últimos tiempos se vio multiplicado: es que además de publicar todos los días el chiste que acompaña la tapa del suplemento de clasificados del diario más vendido del país, se le sumó, desde hace unos meses, la difícil tarea de ocupar el lugar que dejó el gran Roberto Fontanarrosa con su chiste diario de actualidad en la página dos del mismo medio. Todo un honor que el humorista no podía eludir. De eso, entre otras cosas, habló en el programa radial Va... de Retro (viernes a las 20 por FM La Tribu 88.7). Una charla que Código Retro reproduce en esta nota y que no tiene desperdicio.

- Ocupar el espacio de Roberto Fontanarrosa en Clarín implica, imagino, una gran responsabilidad.

- Un día me llamaron del diario y yo empecé a barajar las opciones por la cual lo estaban haciendo; por la proximidad de las elecciones –faltaba alrededor un mes y medio- imaginé que era para cubrir el período electoral; yo ya lo había hecho para las elecciones porteñas, me había gustado hacerlo, y me parecía lógico que fuera para eso. Así que pensaba había 90% de posibilidades de que estuvieran llamándome para eso,  7% para despedirme y 3% para cualquier otra cosa. Pero no imaginaba realmente que era para ocupar el cuadro de humor que pertenecía a Fontanarrosa ( N de la R : Roberto Fontanarrosa había fallecido algunos días antes). Cuando me dieron el lugar tuve una sensación bastante confusa, y por algún motivo extraño, de esos circuitos que tiene la mente, además de sentirme honrado por que me hubieran llamado, y de sentir una gran responsabilidad, también sentí una gran culpa. La sensación de que “el negro” estaba presente era tan grande, que era como estar sacándole el trabajo a alguien. Recién cuando unos días después de que yo empecé a trabajar, me llamó Tiny, la primer esposa de el negro, para decirme que le parecía que yo era la persona indicada para ocupar ese lugar, empecé a sentir que era yo el que estaba ahí, y no era un suplente temporal de Roberto.

- ¿Usted era amigo de Fontanarrosa?

- Es difícil ser amigo de las personas que uno respeta demasiado. Yo le tenía un gran respeto. Aunque humanamente era un tipo muy accesible, como todos sabemos. Para los que somos del “palo” de él, resulta un maestro por varias cosas: por como encaraba el dibujo, los textos e incluso por como encaraba la profesión.

- Hacer un chiste de actualidad todos los días parece un trabajo difícil.

- Yo creo que hay una dificultad grande si a vos no te interesa la actualidad. Y eso pasa... Hay mucha gente a la que no le importa. Hay dibujantes, amigos míos, para los que leer el diario es una cosa tediosa, aburrida. A mi me encanta, y si no tuviera que hacer humor con la actualidad, lo seguiría leyendo con la misma pasión de todos lo días, viendo como se desarrollan hechos que aparentemente son mínimios, y que van creciendo hasta transformarse en cosas espantosas. Uno a veces las ve venir con visión de periodista y, entonces, anota “ese” dato que aparece en la página 48 y que después sube a la página 20 y termina siendo tapa durante un mes. Por lo tanto, a mí, que soy un apasionado de esas cosas de la actualidad, me resulta amigable el trabajo.

- ¿Y como  logra mantener la originalidad publicando diariamente en tres espacios diferentes?

- No es fácil. Pero había una época en la que yo sólo hacía un dibujo por día. Había decidido que sea así para que el trabajo me saliera muy bien. Y resulta que no me salía muy bien… Por que a fuerza de tener mucho tiempo trabajaba en eso más de lo que valía la pena, mas de lo que se debía, y el chiste terminaba siendo una cosa inexplicable que la entendía solamente yo. Quería decir “la Biblia” en cuatro cuadritos de humor, y no va. Cada cosa tiene su espacio y su modo de ser contado. Yo quería contar mas cosas de las que cabían en un cuadro de humor; hasta que por cosas de la vida fui tomando más trabajo, pensando que a lo mejor bajaba la calidad de mis creaciones, y me encontré con que era al revés, que la calidad mejoraba.

- Trabajar bajo presión puede ser a veces motivador.

- Algunas personas funcionamos mejor así. Cierto grado de presión me sienta bien y me da buenos resultados.

- ¿Cómo es su rutina de trabajo?

- Esta profesión tiene esa cosa de fantasía popular de “trabajas sólo en tu casa, a las 3 de la mañana”. La realidad es que yo empiezo a las 9 de la mañana y hago más o menos el horario de un oficinista. Lógicamente tengo ciertas libertades, como poder trabajar en posiciones que un oficinista por decoro no podría hacerlo, por ejemplo, tirado en una hamaca paraguaya o estar en la cama tomando apuntes. Pero esas son todas cosas de color. La realidad es que el horario de trabajo es extendido y normal.

- ¿Qué rasgos de su vida reconoce en cada uno de sus personajes?

- En casi todos sus personajes uno se reconoce. En alguno ponés el tarado que llevas adentro, en otro pones el niño, en otro la parte más intelectual o adulta. En casi todos los personajes uno tiene que poner algo suyo para que funcionen, si no son personajes de laboratorio que yo los podría hacer por oficio, pero que después no tendrían eso que hace que unos los sienta.

- ¿Y, en ese caso, que tiene Matías de usted?

- Matías tiene todo de mí. Pero yo no soy Matías. Si hay una parte infantil en mi, yo la reconozco en ese personaje. Así como reconozco que el loco que hay dentro mío  podría ser la cucaracha; también hay un adulto, y a ese lo pongo a lo mejor en la madre, que por un lado observa a Matías, pero que también es observada por el.

- ¿Qué te produce escuchar que algunas personas consideran a Matías un sucesor de Mafalda?

- Por lo pronto me da mucho más gusto que lo comparen con ese  y no con otros personajes que no valoro. Yo digo que Mafalda es griega y Matías es romano. Mafalda es racional y Matías pasional. El se maneja con la pasión con el “rollo” psicológico. Mafalda esta dentro del ámbito racional y social. De hecho tiene un entorno de amiguitos donde de alguna forma se reproducen los actores sociales más importantes de aquel momento: el comerciante (Manolito), la mujer popular (Susanita). Y su relación con lo adultos es baja. En cambio, en el caso de Matías, es casi una relación edìpica; la relación madre e hijo marca el grueso de la tira.

- ¿Es cierto que antes de dedicarse al humor grafico vendía cinturones de cuero?

- Si. Los fabricaba. Era una época en la que yo tenía como actividad oficial ser estudiante de ingeniería y como actividad paralela hacer cualquier cosa que me alejara de ella carrera. Yo empecé ingeniería después de un test vocacional que me aconsejó que estudiara bellas artes. La lógica del test decía eso, pero la lógica social me recomendaba estudiar arquitectura, que tenía cierta afinidad con el arte. Pero elegí esa carrera porque un amigo mío se metió en ingeniería, y yo realmente estaba destrozado por esa cosa de terminar el secundario y ver como se disolvía un grupo de amigos entrañables. Yo creo que el fin de la secundaria la sociedad no lo tiene bien resuelto: es una especie de jubilación de la adolescencia; de un golpe nos mandan a un lugar diferente. De ese grupo de amigos uno terminó vendiendo seguros, otro manejando unas pescaderías y yo siendo dibujante y luego con el oficio de humorista.

- ¿Y como llegó al humor gráfico?

- Yo estudiaba bellas artes y les decía a mis profesores que no quería ser artista. Teníamos discusiones interminables sobre por que estaba siguiendo esa carrera si no quería serlo; pero lo que buscaba explicarles, y no podía, era que yo no quería ser artista de caballete, que era para lo que nos formaban en aquella época. Luego me pasó lo contrario en otra rama del arte, que es la escritura. Ocasionalmente empecé a escribir, y quería hacer literatura seria pero no podía por que al quinto renglón empezaba a poner alguna trasgresión y al séptimo ya era todo una payasada. Esos dos caminos que se iban delineando, por una lado ser un escritor serio fracasado y por el otro ser un dibujante que no encontraba su lugar, en algún momento se unieron y encontré la opción del humor grafico donde me sentí muy satisfecho; la sensación fue de haber encontrado el guante para la mano.

- Por aquellos años estuvo radicado en Europa. ¿En ese lapso trabajo también como humorista?

- Yo tengo familiares en España. Nunca estuve radicado allí pero si viví un año en Francia. Y yo no quería estar allí; entonces opté por quedarme en mi cuarto, dibujando todo el día, para tener una buena carpeta y así al volver a la Argentina poder conseguir trabajo rápidamente. En Francia encontré cosas que hora parecen ridículas mencionarlas.

- ¿Por ejemplo?  

- Materiales que acá eran desconocidos. Excelente lápices de colores, tintas que hoy se compran normalmente pero que en ese momento no eran conocidas en Argentina y que a mi me abrieron la cabeza de una manera espectacular.

- ¿Como fue hacer humor en los años de la dictadura?

- Yo volví en el ’78. Rápidamente conseguí trabajo, rápidamente lo perdí. Trabaje un año en la revista La Semana y dos años en Clarín, haciendo un personaje que se llama Clodomiro. Esos trabajos los perdí; no puedo decir que yo haya sido censurado, pero me quedé sin trabajo. La realidad es que cuando volvió la democracia tuve trabajo de nuevo. Creo que no fui censurado por que mi trabajo era de la suficiente baja calidad como para que pudieran prescindir de él, sin demasiadas explicaciones.

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