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Jorge Carlos García - Director de cine

“Quedé atrapado por las películas de terror”

Desde chico se sintió atraído por el séptimo arte y a los nueve años no pudo con su curiosidad y se metió en la cabina de proyección de un cine. Fascinado con las películas de terror, a los 13 años se compró su primera cámara para hacer sus propias películas.  En la actualidad, su largometraje Villa Ravanush ya está en post-producción y el 17 de septiembre comenzará el rodaje de su última creación: G´naw, carcome, devora, roe.

Por Alejandra Basile

abasile@codigoretro.com.ar


- A los nueve años usted ingresó por primera vez a una sala de proyección. ¿Qué fue lo que le atrajo de ese lugar?

- Cuando yo era pibe en los clubes de barrio se daban películas para chicos, como las de Chaplin.  Esas películas me deslumbraron y yo siempre miraba hacia atrás y veía un haz de luz permanente. Iba al cine día por medio.  Cuando terminábamos el colegio, si sacábamos buenas notas, mi madre “aflojaba” y con mi hermano gastábamos unas “chirolas” en el cine.   Entonces, yo le preguntaba a mi hermano: “¿Por qué se ve gente ahí?” y el me respondía: “Porque es gente que se mete en una “bolsa blanca” (la luz de la cabina de proyección) y actúa ahí adentro”. Y un día no me aguanté más y entré a la cabina de proyección y me encuentro con un patio y con un ruido de máquinas terrible. Sale un tipo en overall y dice: “qué hacés vos acá” y me explica que él era el operador y que ahí pasaba las películas. Entonces, yo cebaba mate y el operador me dejaba cargar un rollo de película.

- Me imagino lo que habrá sido al día siguiente en la escuela, cuando le contó a sus compañeros su “aventura”.

- Estaba cursando sexto grado y tenía un profesor que se llamaba Justo Cairati que me dijo: “¿Qué tiene García debajo del banco?” ¡Y no supe que excusa darle!, porque yo tenía dibujado un proyector de cine y una bobinadora. Entonces, el profesor me dijo que pasara al frente y le explicara a la clase lo que era eso. ¡Y tuve que dar una clase de cine a los nueve años! Después Cairati me preguntó: “¿Ud. qué piensa hacer cuando sea un hombre?” y yo le dije: “Voy a seguir televisión y cine sonoro”. Y me felicitó. 

- Quizá fue esa determinación la que lo llevó a comprarse una filmadora a los 13 años. ¿Cómo fue que encontró esa cámara?

- Cuando termino el primario, mi madre me manda al secundario y un día no aguanté más y le dije: “Mamá yo no quiero estudiar más, quiero trabajar”.  Entonces, a la mañana trabajaba como cadete en una farmacia y a la tarde en una tintorería. Un día cuando paso por la juguetería Quintana, en Varela y avenida Del trabajo, veo un cartel que dice: “Vendo filmadora”.  Y le pregunté al dueño qué era una filmadora y me dijo que era para hacer películas.  Me la compré con mi trabajo y la ayuda de mi mamá.  Me fui a un lugar en donde vendían película virgen y empecé a filmar a mi perro, a mi mamá, a mi papá, a mi tío Pepe, a todos…

- ¿Cuándo se empezó a interesar por el cine de terror?

- Fui con mi padre al cine San José de Flores a ver La venganza del ahorcado, Fantomas y La isla de los resucitados.  Y fue algo terrible para mí.  Ahí sentí que, al margen del miedo que me causaban algunas escenas, mi adrenalina se multiplicaba por 50 o por 100.  Desde ese día yo quedé atrapado por las películas de terror.

- ¿Cómo fueron las primeras experiencias como director?

- A los trece años me fui con mi modesta cámara al Parque Avellaneda con unos chicos del barrio. Nos maquillamos con corcho quemado y yo hice de hombre lobo y me caí en un pozo y me ensucié todo el traje. Cuando llegué a mi casa fue inolvidable la soberana paliza de mi madre.

- También hizo una versión de Frankestein

- Hice Frankestein con una vecina y con Carlos Boga, un amigo que hacía teatro en la parroquia del barrio.  Compré masilla para hacer la cara de Frankestein y lo llevé a Boga a sacarse unas fotos a un estudio.  La gente nos miraba en la calle.

- ¿Cómo tomó su familia que hiciera películas de terror?

- Con alegría, menos mis padres que eran un poco remanentes a la cosa.

- ¿Cómo llega a ser operador cinematográfico de televisión?

- A los 16 años aprendí la profesión de operador cinematográfico, aunque no podía trabajar porque era menor de edad.  Me preguntaron si me animaba a trabajar como operador en Canal 11 y fui. Ahí conocí a José Martínez Suárez, Leopoldo Torre Nilson, Armando Bo, Enrique Salaberry, María Inés Andrés y María Herminia Avellaneda.

- ¿Qué recuerda de ellos?

- Mi mejor relación fue con Osvaldo Pacheco, que me dijo: “Yo te voy a enseñar todo lo que se” y Armando Bo que me dijo: “Traete un cuaderno y una birome que yo te voy a enseñar lo que hay que hacer para filmar; pero antes decime, ¿Qué hay que tener en la mano para hacer una película?”  “Y, la cámara”, le dije y me dio un  “biromazo” en la cabeza.  Entonces le dije: “Y, el actor…” y otro “biromazo” en la cabeza.  Al final me rendí y él me dijo que lo que tenía que tener era la idea de lo que iba a hacer y me enseñó a hacer un guión.  Después le pregunté: “¿Pero cuanta película tengo que gastar” y me dijo: “Si vas a la guerra tenés que pelear”.

-¿Qué anécdota tiene de sus épocas como operador cinematográfico?

- La película La tregua no se podía pasar porque se decían muchas malas palabras.  Entonces, Sergio Renán le pidió a mi jefe, Martín Kreimeyer, que le presentara al mejor compaginador para editar la película para que se pudiera pasar por televisión.  Matías me llamó a mí para que la película quedara apta para todo público, porque los militares no permitían que se dijeran cosas obscenas por televisión.  El productor y director René Auré me dijo: “Si esto te queda bien, seguís en el canal”. Y me mandé…corté, edité y donde no podía cortar pinté con tinta china la banda de sonido.  Cuando Sergio Renán vio cómo había quedado me dijo: “Quiero que seas vos el próximo editor de todas las películas que traiga acá”.

-Asi como Renán tuvo que modificar La Tregua para que la pudieran proyectar, en una de sus películas, El bosque de los condenados, Ud. también padeció la censura.

- El bosque de los condenados fue la película más osada del cine argentino.  Cada personaje representaba lo que sentía el ser humano: El miedo, la enfermedad, el sueño, el latir del corazón. Como no se podían hacer reuniones masivas, la policía nos preguntó que estábamos haciendo y se llevó los rollos de sonido.

- Uno de sus más recordados largometrajes es Estigma de terror. ¿Qué significó para usted haber hecho esa película?

- La hicimos con el actor Roberto Pieri y es el día de hoy que esa película me sigue dando satisfacciones, porque se sigue mostrando.  Cuando se proyectó en la Sociedad Hebraica Argentina, entre el público estaba Jorge Surraco, quien me vino a ver a la filmoteca del canal y me dijo que era un precursor. Y de ahí me quedó el mote.

- Y 30 años después de haber filmado Estigma de Terror, en 2004, realizó la segunda parte.

- Yo ya estaba retirado del cine, y aunque odiaba las computadoras, mi hijo Fabián tuvo la paciencia de enseñarme a teclear la “bendita” PC y así fue como por un mail me enteré de que por Estigma de terror me querían hacer un homenaje en el Centro Cultural Fortunato Lacámera.  Ahí Elvira Serio me dijo: “Quiero filmar con Ud. Yo le doy todo el equipo ¿Tiene algún guión?”. Y yo tenía un guión escrito, que era la continuación de Estigma de terror, que después fue Spectrum Voraz.

- ¿Cómo fue esa experiencia?

- Cuando hacemos el doblaje, los actores Carla Conti y Gerardo Varela, ven la película en crudo y dicen: “¡Qué película horrible que hemos filmado!” y me dicen que no van a hacer el doblaje.  Entonces yo tuve que debutar como actor para hacer uno de los reemplazos. Cuando en Imagen Satelital se enteran de que Spectrum Voraz va al festival Buenos Aires Rojo Sangre,  me citan y me proponen un convenio de seis meses de difusión que después se extendió por un año más.

- A que atribuye el hecho de que en la Argentina el género de terror no haya trascendido en el circuito comercial como pasó en otros países?

- A que a los productores argentinos, acostumbrados a la idiosincrasia del obrero y la novia del barrio, no les daba para un género de thriller.  Los empresarios no se arriesgaban a poner esas películas en cartel porque pensaban que no iban a funcionar.  El único que “zafó” fue Narciso Ibáñez Menta, cuando hizo Una luz en la ventana, junto a Irma Códoba y Juan Carlos Thorry, en 1943.

- ¿Qué le apasiona del género de terror?

- Que nacimos y mamá y papá nos enseñaron lo que era bueno y lo que era malo.  Nosotros nos equivocamos y, por otro lado, acertamos. Esos conceptos reflejan nuestros reales sentimientos.

- En sus películas usted trabaja mucho con la psicología de los personajes…

- Reflejo los estados de las personas.  En todas las películas pongo de manifiesto los estados de infierno, animalidad, éxtasis, sabiduría, paz, amor e iluminación.

- Una de las particularidades que hace que una escena de terror sea creíble, es la caracterización de los personajes. ¿Cómo trabaja los efectos de maquillaje?

- Depende del tipo de maquillaje. Cuando se filma a color y de acuerdo a la cantidad de luces que se utilicen (siempre es luz fría para que salga mejor) se usa una base especial. En el caso de las películas que hice, iba primero la base, después la piel sintética (sobre la que se hacen las costuras o lastimaduras) y después va otra capa de base y se le da la luz necesaria de acuerdo al tipo de plano.

- Cuenteme cómo crea algunos de los “trucos” que se ven en sus películas.

- Si es un primer plano en donde una persona le clava a otra un cuchillo, se utiliza el normalmente llamado “doble hoja”, que es un cuchillo de plástico que se hunde hasta la mitad y ahí rompe una bolsa muy chiquitita de un líquido llamado “frutilla” que

da el efecto de la herida. Si, en cambio, se quiere hacer el efecto de atravesar un cuerpo, el trabajo es distinto. Se filma con el palo ya clavado y la cámara se pone boca abajo.  Al decir “acción” un asistente tira del palo con un piolín  y en la mesa de edición se ve que el palo se introduce en el cuerpo.

- Al ser realizador de películas de terror y conocer la forma en la que se hacen ¿Si ve una película, se asusta?

- Si, me asusto mucho y participo del “juego”, que no pasa solo por un cuchillo sangriento, una cabeza cortada o el desmembramiento de un cuerpo. No todo el terror pasa por ahí.


Nota: Las fotografías que ilustran esta nota son gentileza de Jorge Carlos García.        www.jorgecgarcia.freeprohost.com
 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

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