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Los cines de barrio son casi un lindo recuerdo.
Es que, a diferencia de otras décadas, sobre
todo las del ‘30 y del ‘50 con media docena
de cines por barrio, hoy casi no quedan salas de
estas características; y mucho tuvo que ver con
esto el paso
demoledor de los años noventa, que convirtieron
a los viejos y queridos cines de barriales en
estacionamientos, templos evangelistas, bingos o
supermercados.
Pero atención, que no todo está perdido. En la
ciudad de Buenos Aires quedan dos cines de este
tipo. Uno de ellos es el cine / teatro San
Pedro, de Monte Castro (Bermúdez 2052), que
pertenece a la Parroquia San Pedro y que
permaneció cerrado 12 años hasta que en 2003,
desde la parroquia, se contactaron con Ariel
Carranza y César Guzzo, conductores
del programa radial Naftalina (Radio
Ciudad), quienes armaron una cooperativa y en
poco tiempo le devolvieron, con orgullo, el cine
al barrio de Monte Castro.
El propio Carranza, en diálogo con el programa Va...
de Retro (viernes a las 20 por FM La
Tribu 88.7), contó la historia de este
legendario cine de la ciudad. Una charla que Código
Retro reproduce en su totalidad.
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¿En qué año abrió el cine San Pedro?
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Hay dos aperturas. Una, que es la reapertura
nuestra, y otra, que es la historia antigua que
data del año 1945. La sala empezó como
cine y teatro en general en ese año, de
una manera un poco informal hasta el ‘54,
donde se transformó directamente en una sala de
cine. En aquel momento empezó como una cuestión
muy curiosa, porque era una iniciativa parroquial
para juntar fondos para sostener, desde el
proyecto cultural, una escuela de artes y
oficios. O sea, empezaba la parte cultural a
sostener la parte educativa. Y esa fue la idea
inicial, hasta que después el cine tomó fuerza
propia y se transformó en el cine de barrio
tradicional.
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¿Y por qué cerró?
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Cerró por las crisis de los cines de barrio que
fueron desapareciendo. Quedó cerrado y por
suerte, a diferencia de lo que pasó con otros
cines que se transformaron en otra cosa, las
autoridades del instituto San Pedro lo
conservaron y se utilizó como salón de actos
del colegio.
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¿Y en qué momento aparecen ustedes en la
historia de este cine, posibilitando su
reapertura?
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En el 2001 nosotros habíamos hecho unos
festivales de humor en el Centro Cultural San
Martín, ahí nos fue muy bien, con muchas
figuras: el negro (Alejandro) Dolina, Guillespi,
Tangalanga
y más de 50 humoristas. Todo a beneficio. La
gente de San Pedro vio como trabajábamos, nos
contactaron y nos contaron que ellos querían
hacer algo en la sala. Vimos la sala y construimos una cooperativa de trabajo, que es
una de las características que tiene el cine. Y
con mucho esfuerzo, porque no hay un capital atrás,
sino sólo voluntad de trabajo, ya hace cuatro años
que estamos cumpliendo, que estamos trabajando
semana a semana, con películas, propuestas
teatrales. Generando un nexo con el vecino de
Monte Castro de manera continua.
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¿Vos sos de la zona de Monte Castro?
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Si, soy vecino del barrio
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¿Entonces, me imagino que habrás ido a ese
cine, de chico, infinidad de veces?
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Por supuesto, fui muchísimas veces. Pero fue
una curiosidad total como se dieron las cosas,
porque el vínculo salió del pleno centro de la
ciudad. Parecía que la sala lo estaba buscando
a uno.
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En esa búsqueda de la que estás hablando,
también hay un encuentro con la historia misma
del cine ¿verdad?
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Bueno, justamente una de las cuestiones que nos
sorprendió cuando descubrimos la sala era el
patrimonio histórico del cine, que posee
proyectores que fueron inventados a barras de
carbón. Estos proyectores son únicos prácticamente.
En Capital seguro y en todo el país no se si
habrá otros. Y lo que tienen como curiosidad es
que la luz que proyectan es luz siempre fresca,
o sea que se ve muy bien permanentemente porque
no es como una lámpara que a lo mejor se agota
con el paso del tiempo y la imagen se pone
amarilla. Además, quienes proyectan son dos
chicos que tomaron este oficio y son una
generación única que sabe proyectar a carbón.
Por otra parte, también organizamos visitas
guiadas, mostramos un poco lo que es la proyección
en este sistema.
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¿Cuál fue la respuesta de los vecinos desde
que reabrió el cine?
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La respuesta es óptima. Primero es muy
importante la relación con el barrio, con los
comerciantes de Monte Castro, con las escuelas,
con los institutos escolares. Porque el hecho de
tener una sala barrial permite la incorporación
de mucha gente que está excluida del sistema.
Por ejemplo, las personas mayores que no van a
los shoppings, o las madres que con los chicos
van al shopping pero van agarrados del brazo,
con mucho temor de que sus hijos no se pierdan.
Acá, en cambio, se accede con mucha
tranquilidad, con mucha familiaridad. Se
reparten volantes por todos lados, se pegan
afiches en los negocios. Es decir, hay una
movida muy fuerte y de mucho apoyo. Así que la
relación con los vecinos es de amistad. Hay
gente que viene al cine sin saber qué vamos a
dar. Vienen y preguntan: “Que vamos a ver
hoy”, como si fuera el living de su casa.
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¿En el San Pedro, se le da lugar al cine
independiente?
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Si, se le da espacio a las compañías
independientes, no sólo al cine comercial. Además,
la idea es abrir el lugar, también, a compañías
de teatro que no tienen una sala donde
presentarte.
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Me imagino que aparte de ser esa una buena
política, la de apoyar a los proyectos
independientes, el tema de conseguir copias no
debe ser nada sencillo, ¿no?
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Es terrible. Es fatal eso. Porque hay una cuestión
que tiene que ver con que las películas tienen
una cantidad de copias limitadas y la prioridad
la tienen las salas grandes. A veces la gente
pregunta “¿por qué no dan tal película en
estreno?”,
y resulta que la película tiene veinte
copias y hay 200 salas.
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Si, y además a un valor altísimo...
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Claro. Pero no es una cuestión de valor, sino a
la prioridad de la compañía distribuidora.
Tienen prioridad los shoppings, algunas salas
muy importantes del interior. Y los cines de
barrio siempre estamos peleando las últimas
copias.
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