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- ¿Cómo fueron los
comienzos de Niní?
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Niní empieza cantando en cinco idiomas, porque
tenía una linda vocecita de soprano ligera. En
todas las películas es ella la que canta,
incluida Carmen.
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Carmen es desopilante…
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Si, es una de las mejores. Lo gracioso es que
ella ya viejita, viendo Carmen, de pronto se da
vuelta y me dice: “La verdad que era graciosa
yo”. Niní empezó en una revista que se
llamaba La
novela semanal, en donde un amigo de mi
abuela le dio una página en la que ella tenía
que hacer una publicidad sobre aparatos eléctricos.
Entonces, ella escribía toda una historia para
esa publicidad.
Después le copiaron la idea. Ella fue
pionera en muchas cosas. También tuvo un
mini-programa de recetas de cocina en el que hacía
los ruidos. Ella había descubierto que frotando
dos hojas de papel de lija parecía una fritura.
En la radio, pero fuera de micrófono, por ahí
hacía a Cándida,
que era una imitación de Francisca, una criada
que ella había tenido en su casa. Ahí la
escuchó Pipita
Cano, que tenía una audición en Radio
Municipal, y ahí empezó con Cándida
haciendo los avisos. A Don Roberto Llauró, el avisador, le gustó mucho Cándida y se la
llevó a Radio
El mundo. Ahí tuvo mucho éxito, no así al
principio, cuando estuvo en una audición de Martinelli
Maza en donde la daban un papelito
y, como a ella le parecía que era muy estúpido
lo que la daban para decir, le pidió al
director de la radio que la dejara escribir y él
le dijo que eso no podía ser porque en la radio
no había humoristas mujeres.
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No puedo creer que le dijeran eso…
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Pero ella tanto insistió, que al final se lo
dejaron hacer y empezó en la audición de Francisco
Canaro, el director de orquesta más famoso
del momento, y esa terminó siendo la audición
de Niní
Marshall con Francisco Canaro.
Y después, Catita
surgió al escuchar a las chicas que iban a
pedirle autógrafos a Juan
Carlos Thorry.
Los dueños de La
piedad, que era una tienda muy importante
que estaba en Bartolomé Mitre y Cerrito, querían
que ella hiciera otro personaje además del de Cándida.
Entonces, ella propuso el de Catita
y les encantó, aunque el dueño dijo que no podía
aceptarlo porque todas las clientas hablaban
como el personaje.
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¿Cómo tomaron en su casa el protagonismo que
había adquirido Niní?
Porque en esa época no era tan habitual
que una mujer triunfara en los medios de
comunicación…
-Mi
abuela tenía veleidades…en la casa de mi
madre se cantaba y se escuchaba zarzuela. Mi
madre siempre me decía:
“Si
vos te reías conmigo lo que te hubieses reído
con tu abuela”. La
hermana mayor de mi mamá recién dijo que su
hermana era Niní Marshall cuando ella ya era
muy conocida. Porque cuando mi mamá debutó a
los cinco años, cantando en el Centro Asturiano, mi tía estaba indignada porque la madre le había
permitido a Niní que hiciera eso.
Pero mi abuela decía que mi tía era muy
antigua.
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Al recordar a los personajes de Niní, se
nota que ella era una gran observadora de todos
los estereotipos que existen en la sociedad.
- Eso
es lo que ella decía… Ella decía
“Yo no soy inteligente, yo soy muy observadora”.
Entonces yo le contestaba: “Mami,
la gente que tiene un sentido del humor como tenés
vos, como
lo tienen Les
Luthiers o Tato Bores, es muy inteligente”.
Ella decía que no era inteligente porque
no sabía sumar la cuenta del panadero. Sin
embargo, a mí me explicó la raíz cuadrada en
el secundario y siempre me acuerdo de eso.
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Justamente, esa inteligencia era la que se
apreciaba en cada intervención de sus
personajes, por eso resulta llamativo que Niní
haya sido censurada por denigrar el lenguaje. Cuénteme
que pasó exactamente.
- En
el año ´43 sacaron todos los números cómicos
de la radio porque decían que deformaban el
idioma. Entonces,
ella le hizo sufrir a Catita un ataque de
catalepsia y resurgir hablando “en fino”,
como decía ella. Entonces pensaron que se
burlaba.
Pero mi mamá sabía hablar muy bien
castellano y era muy lectora.
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¿Entonces qué pasó con los guiones de sus
personajes?
- El
censor los leía y decía “esto
si y esto no”. Pero había una canción
que cantaba Lupe,
la mexicana, que decía: “te
voy a hacer los calzones como los que usa el
ranchero. Te los comienzo de lana, te los
termino de cuero”.
Y le tacharon “calzones” y le
pusieron “prenda interior de lana”. Pero
ella era muy pícara y cuando suponía que había
alguna palabra que no iba a pasar por la
censura, ponía otra parecida.
Y luego decía la que ella quería y si
le decían algo, decía que era un furcio. Además era injusto, porque la característica de los sketches
de ella, era que el interlocutor la corregía.
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¿Cómo
llega Niní a tener que irse del país?
-
Ella estaba en una lista negra, sin comerla ni
beberla, porque nunca se metió en política.
Era una época en la que había poco
celuloide, entonces vino Mentasti
y le dijo: “Mire
Niní, la han tachado a usted de la lista y me
darán material para filmar siempre y cuando
usted no esté en la lista”. Ella
fue tres veces a hablar con Raul
Apold, no para pedir que la dejaran
trabajar, sino para que le dijeran por qué no
se lo permitían. Nunca le dieron esa satisfacción.
Y en una oportunidad, el secretario de Juan
Duarte le dijo: “Dice
el hermano de la señora, que recuerde cómo en
una fiesta de pitucos, disfrazada de prostituta,
usted imitó a la señora”.
Y mi mamá fue tal el disgusto que tuvo, que
ahí decidió irse.
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Una
situación muy absurda e injusta.
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Si, fue muy injusto. Pero a través de los
gobiernos siempre ha habido listas negras de un
lado y otro lado, pero a veces es gente que ha
militado en política.
Pero en el caso de ella no… pero era
muy popular y es cierto que se paraba el país
para escucharla. Lo mismo que pasaba con Tato
Bores. Era así.
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¿Niní
conoció personalmente a Eva Perón?
-No,
ni la conoció, ni la imito, nada. Pero Eva tenía
una compañía de radioteatro que
fue a la radio en donde estaba trabajando mi mamá,
a decir que quería el horario de los miércoles
a las nueve de la noche. Y le dijeron que esa
hora la tenía Niní Marshall, y no se la
dieron. Y Eva dijo: “Cómo
me van a comparar a mí que tengo toda una compañía
detrás de mí, con ella, que es ella sola”.
Y yo supongo que tiene que haber sido ese el
motivo del enojo con mi madre.
Porque mi madre nunca militó en nada.
Ella decía: “Yo no entiendo de política, yo voy a votar por el más buen mozo”.
-¿Cuándo
decide su madre regresar a La Argentina?
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Yo me iba a ir con ella, pero como me puse de
novia con mi primer marido, le pedí que me
dejara quedarme acá.
Ella llegó una semana antes de mi
casamiento (yo me casé el 24 de Julio del ´54)
y el 28 de Julio del ´54 ella volvió a la
radio, en una transmisión que se hizo desde el
Teatro El Globo. Pero Eva ya había muerto y Perón
(Juan Domingo) la admiraba muchísimo.
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¿Cómo
era un día de trabajo de su madre? ¿Cómo
creaba los guiones de sus personajes?
-
Ella desayunaba siempre en la cama y después,
con un block
Coloso
y un lápiz, escribía sus sketches.
Y no se la podía interrumpir. Después me
llamaba a mí (desde que yo tenía doce o trece
años) y me decía:
“Bueno nena, yo te voy a leer, y después me
vas a decir qué
es lo que no te gusta”. Y me lo leía
y yo le decía: “Mirá
mami, yo eso no se cómo lo tenés que arreglar,
pero a mí eso no me gusta”. Y siempre,
siempre, siempre, era una cosa que ella había
marcado con una cruz y con lo que ella tampoco
estaba conforme.
-
Se ve que
usted y su madre eran muy unidas.
-
Si, teníamos una gran afinidad. Tal es así,
que cuando mi mamá ya era viejita, mis amigas
me decían: “Vos
estás atada al cordón umbilical”.
Y yo les decía que no era así, que
yo lo que tenía era una gran afinidad.
Cuando falleció mi mamá yo me quedé en
paz, porque ella vivió conmigo los últimos años.
Yo la cuidé, la acompañé. Le di todo mientras
estuvo con nosotros.
-
Me quedé con la imagen de su madre escribiendo
mientras desayunaba y pensaba qué sucedía
cuando había momentos de “hojas en blanco”,
y Niní
tenía que terminar el guión para lo que se iba
a emitir esa noche…
-
Si, eso pasaba muchas veces. Pero también le
pasaba eso con las recetas de cocina. Para la
publicidad de la Manteca
argentina ella decía: “Buenos
días mis queridas oyentes, habla la Manteca
argentina, hoy les voy a hacer...” y
cuando ya se le acababa el repertorio decía:
“Hoy a pedido de Juanita de Chivilcoy voy a
repetir la receta del puré de papas”.
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Además
del éxito en la radio y el cine, Niní hizo un
espectáculo de café concert memorable, como
fue Se nos
fue redepente.
-
Eso fue agotador e hizo 1500 representaciones,
que en ese momento eran muchísimas.
Para mí es lo mejor que hizo, porque
ella hacía todos los personajes.
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¿Cómo
surgió la idea?
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Cuando Lino
Patalano y Elio Marchi
(que tenían un café concert en la
calle Tacuarí, llamado El
gallo cojo) fueron a verla, tardaron seis
meses en convencerla, porque ella era muy tímida
y tenía miedo de tener el público tan cerca.
Entonces, un día, ella les dice que tenía la
idea de escribir sobre el velorio del zapatero
del barrio al que van todas las clientas a darle
el pésame a la viuda. Y eso fue Se nos fue redepente, que es una joyita y que el año pasado lo hizo Karina K.
-Quien
tuvo excelentes críticas.
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Me llamó Lino y me dijo que había una chica
que podía hacer Se nos fue redepente.
Ella estaba haciendo Te quiero, sos perfecto, cambiá.
Yo fui a verla y vi pequeños movimientos
y cosas muy sutiles que me hicieron ver que podía
hacerlo. En un primer momento, Lino no encontró
cosa mejor que decirme que yo lo dirigiera. “No
voy a dirigir yo. Yo no soy directora”, le
dije. “Bueno, lo supervisás” me contestó. Eso sí lo podía hacer porque los personajes los tengo
metidos acá (se señala la cabeza) y mi marido
me dice por qué no los hago yo.
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¿Y por
qué no?
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Porque nunca las segundas partes fueron buenas y
ella hizo una cosa muy bien hecha.
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¿Por qué
Niní hizo tan poca televisión?
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A ella no le gustaba la televisión y además
decía que no servía para eso.
Primero porque en esa época se
improvisaba muchísimo y segundo, porque físicamente
ella no daba. Y tenía razón. Era bajita,
llenita y a algunos personajes, como Mónica Bedoya, o la niña
Jovita, ella se los imaginaba altos y
flacos. Por eso hizo muy poca televisión. Además,
ella no trabajaba todo el año, hacía dos meses
de radio y dos películas por año porque no podía.
Era demasiado sensible y tenía una
autoexigencia infernal.
-
¿A
que humoristas admiraba su madre?
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Mi mamá siempre decía que no era necesario
decir groserías o malas palabras para hacer reír.
A ella le gustaba el humor de Les
Luthiers y al único que le permitía
las malas palabras era a Enrique
Pinti.
También
le gustaba el humor de Telecataplum
o el de Gasalla
(Antonio).
Tal es así que ella ya estaba retirada,
y un día me dice: “Voy
a hacer a Doña Caterina en el programa de
Gasalla”, y lo hizo porque lo admiraba
mucho.
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¿Qué
recuerdos tiene de su madre?
-
Como mamá fue extraordinaria y separó muy bien
su vida pública de su vida artística.
Y eso se lo agradecí toda mi vida.
Ella venía de la radio y me hacía las láminas
para el colegio. Iba a las fiestas del colegio,
un poco para inspirarse para hacer Gladys
Minerva, y a mí me encantaba que fuera.
Cuando yo iba a entrar al secundario, al Lenguas
Vivas, por medio punto en matemáticas
no entré y fui a un colegio de monjas
por el Once, porque no quería estar con mis
compañeras del primario porque eran todas Mónica
Bedoya… (risas).
Y las chicas la habían visto a mi mamá y
durante un año entero me preguntaron si yo era
la hija de Niní Marshall y yo dije que no. Pero
en un momento, una de las profesoras del Lenguas
Vivas vino al colegio a tomar uno de los exámenes
obligatorios y me dijo: “Pase
Catita a sacar bolilla” ¡y yo me levanté
como un resorte!
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¿Qué
era lo que más disfrutaba hacer con su madre?
-
A mí me encantaba viajar con ella. Hasta el día
de hoy, que me perdonen mi marido y mis hijos,
pero yo con ella me divertía muchísimo.
Nos reíamos con solo mirarnos, porque mi
madre era tentadísima. Pero también era
severa. No me malcrió para nada. Y yo era muy
obediente.
-
Con
lo que se divertía con su madre, me imagino que
tendrá muchas anécdotas. Cuénteme alguna…
-
Mi mamá era bastante distraída. Y una vez
estaba en Nueva York con su marido Carmelo
Santiago e iban a ir a ver un unipersonal.
Ella tenía una estola de visón blanco
(porque le gustaban mucho las pieles y era muy
coqueta) y un sombrero.
Y cuando llegan al teatro se da cuenta de
que tiene puestas unas chinelas. Entonces dice: “¡Carmelo
cómo no me dijiste!” Y el le responde:
“¡Y qué se yo! Las mujeres se ponen cada
cosa…”
Y ella entró haciéndose la francesa,
porque ya no podía volverse, porque si no perdía
la función.
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