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Angelita Abregó - Hija de Niní Marshall

“A mi mamá la censura le provocó tal disgusto que tuvo que irse del país”

Angelita Abregó tiene una mirada transparente y cálida, que se llena de dulzura cada vez que recuerda a su mamá, la inigualable actriz Niní  Marshall, a quien define como “una madre extraordinaria que separó muy bien su vida pública de su vida artística”. En diálogo con Código Retro, Angelita habla de los inicios de Niní en el espectáculo, el difícil momento del exilio de su madre y la excelente relación que las unía.

Por Alejandra Basile

abasile@codigoretro.com.ar


- ¿Cómo fueron los comienzos de Niní?

- Niní empieza cantando en cinco idiomas, porque tenía una linda vocecita de soprano ligera.  En todas las películas es ella la que canta, incluida Carmen.

- Carmen es desopilante…

- Si, es una de las mejores. Lo gracioso es que ella ya viejita, viendo Carmen, de pronto se da vuelta y me dice: “La verdad que era graciosa yo”. Niní empezó en una revista que se llamaba La novela semanal, en donde un amigo de mi abuela le dio una página en la que ella tenía que hacer una publicidad sobre aparatos eléctricos. Entonces, ella escribía toda una historia para esa publicidad.  Después le copiaron la idea. Ella fue pionera en muchas cosas. También tuvo un mini-programa de recetas de cocina en el que hacía los ruidos. Ella había descubierto que frotando dos hojas de papel de lija parecía una fritura. En la radio, pero fuera de micrófono, por ahí hacía a Cándida, que era una imitación de Francisca, una criada que ella había tenido en su casa. Ahí la escuchó Pipita Cano, que tenía una audición en Radio Municipal, y ahí empezó con Cándida haciendo los avisos. A Don Roberto Llauró, el avisador, le gustó mucho Cándida y se la llevó a Radio El mundo. Ahí tuvo mucho éxito, no así al principio, cuando estuvo en una audición de Martinelli Maza en donde la daban un papelito y, como a ella le parecía que era muy estúpido lo que la daban para decir, le pidió al director de la radio que la dejara escribir y él le dijo que eso no podía ser porque en la radio no había humoristas mujeres. 

- No puedo creer que le dijeran eso…

- Pero ella tanto insistió, que al final se lo dejaron hacer y empezó en la audición de Francisco Canaro, el director de orquesta más famoso del momento, y esa terminó siendo la audición de Niní Marshall con Francisco Canaro. Y después, Catita surgió al escuchar a las chicas que iban a pedirle autógrafos a Juan Carlos Thorry.  Los dueños de La piedad, que era una tienda muy importante que estaba en Bartolomé Mitre y Cerrito, querían que ella hiciera otro personaje además del de Cándida. Entonces, ella propuso el de Catita y les encantó, aunque el dueño dijo que no podía aceptarlo porque todas las clientas hablaban como el personaje.

- ¿Cómo tomaron en su casa el protagonismo que había adquirido Niní?  Porque en esa época no era tan habitual que una mujer triunfara en los medios de comunicación…

-Mi abuela tenía veleidades…en la casa de mi madre se cantaba y se escuchaba zarzuela. Mi madre siempre me decía: “Si vos te reías conmigo lo que te hubieses reído con tu abuela”.  La hermana mayor de mi mamá recién dijo que su hermana era Niní Marshall cuando ella ya era muy conocida. Porque cuando mi mamá debutó a los cinco años, cantando en el Centro Asturiano, mi tía estaba indignada porque la madre le había permitido a Niní que hiciera eso.  Pero mi abuela decía que mi tía era muy antigua.

- Al recordar a los personajes de Niní, se nota que ella era una gran observadora de todos los estereotipos que existen en la sociedad.

- Eso es lo que ella decía… Ella decía “Yo no soy inteligente, yo soy muy observadora”.  Entonces yo le contestaba: “Mami, la gente que tiene un sentido del humor como tenés vos,  como lo tienen  Les Luthiers o Tato Bores, es muy inteligente”.  Ella decía que no era inteligente porque no sabía sumar la cuenta del panadero. Sin embargo, a mí me explicó la raíz cuadrada en el secundario y siempre me acuerdo de eso.

- Justamente, esa inteligencia era la que se apreciaba en cada intervención de sus personajes, por eso resulta llamativo que Niní haya sido censurada por denigrar el lenguaje. Cuénteme que pasó exactamente.

- En el año ´43 sacaron todos los números cómicos de la radio porque decían que deformaban el idioma.  Entonces, ella le hizo sufrir a Catita un ataque de catalepsia y resurgir hablando “en fino”, como decía ella. Entonces pensaron que se burlaba.   Pero mi mamá sabía hablar muy bien castellano y era muy lectora. 

- ¿Entonces qué pasó con los guiones de sus personajes?

- El censor los leía y decía “esto si y esto no”.  Pero había una canción que cantaba Lupe, la mexicana, que decía: “te voy a hacer los calzones como los que usa el ranchero. Te los comienzo de lana, te los termino de cuero”. Y le tacharon “calzones” y le pusieron “prenda interior de lana”. Pero ella era muy pícara y cuando suponía que había alguna palabra que no iba a pasar por la censura, ponía otra parecida.  Y luego decía la que ella quería y si le decían algo, decía que era un furcio.  Además era injusto, porque la característica de los sketches de ella, era que el interlocutor la corregía.

- ¿Cómo llega Niní a tener que irse del país?

- Ella estaba en una lista negra, sin comerla ni beberla, porque nunca se metió en política.  Era una época en la que había poco celuloide, entonces vino Mentasti y le dijo: “Mire Niní, la han tachado a usted de la lista y me darán material para filmar siempre y cuando usted no esté en la lista”.  Ella fue tres veces a hablar con Raul Apold, no para pedir que la dejaran trabajar, sino para que le dijeran por qué no se lo permitían. Nunca le dieron esa satisfacción. Y en una oportunidad, el secretario de Juan Duarte le dijo: “Dice el hermano de la señora, que recuerde cómo en una fiesta de pitucos, disfrazada de prostituta, usted imitó a la señora. Y mi mamá fue tal el disgusto que tuvo, que ahí decidió irse.

-  Una situación muy absurda e injusta.

- Si, fue muy injusto. Pero a través de los gobiernos siempre ha habido listas negras de un lado y otro lado, pero a veces es gente que ha militado en política.  Pero en el caso de ella no… pero era muy popular y es cierto que se paraba el país para escucharla. Lo mismo que pasaba con Tato Bores. Era así. 

- ¿Niní conoció personalmente a Eva Perón?

-No, ni la conoció, ni la imito, nada. Pero Eva tenía una compañía de radioteatro  que fue a la radio en donde estaba trabajando mi mamá, a decir que quería el horario de los miércoles a las nueve de la noche. Y le dijeron que esa hora la tenía Niní Marshall, y no se la dieron. Y Eva dijo: “Cómo me van a comparar a mí que tengo toda una compañía detrás de mí, con ella, que es ella sola”. Y yo supongo que tiene que haber sido ese el motivo del enojo con mi madre.  Porque mi madre nunca militó en nada.  Ella decía: “Yo no entiendo de política, yo voy a votar por el más buen mozo”.

-¿Cuándo decide su madre regresar a La Argentina?

- Yo me iba a ir con ella, pero como me puse de novia con mi primer marido, le pedí que me dejara quedarme acá.  Ella llegó una semana antes de mi casamiento (yo me casé el 24 de Julio del ´54) y el 28 de Julio del ´54 ella volvió a la radio, en una transmisión que se hizo desde el Teatro El Globo. Pero Eva ya había muerto y Perón (Juan Domingo) la admiraba muchísimo. 

- ¿Cómo era un día de trabajo de su madre? ¿Cómo creaba los guiones de sus personajes?

- Ella desayunaba siempre en la cama y después, con un block Coloso y un lápiz, escribía sus sketches. Y no se la podía interrumpir. Después me llamaba a mí (desde que yo tenía doce o trece años) y me decía: “Bueno nena, yo te voy a leer, y después me vas a decir  qué  es lo que no te gusta”. Y me lo leía y yo le decía: “Mirá mami, yo eso no se cómo lo tenés que arreglar, pero a mí eso no me gusta”. Y siempre, siempre, siempre, era una cosa que ella había marcado con una cruz y con lo que ella tampoco estaba conforme. 

- Se ve que usted y su madre eran muy unidas.

- Si, teníamos una gran afinidad. Tal es así, que cuando mi mamá ya era viejita, mis amigas me decían: “Vos estás atada al cordón umbilical”.  Y yo les decía que no era así, que yo lo que tenía era una gran afinidad.  Cuando falleció mi mamá yo me quedé en paz, porque ella vivió conmigo los últimos años. Yo la cuidé, la acompañé. Le di todo mientras estuvo con nosotros.

- Me quedé con la imagen de su madre escribiendo mientras desayunaba y pensaba qué sucedía cuando había momentos de “hojas en blanco”, y  Niní tenía que terminar el guión para lo que se iba a emitir esa noche…

- Si, eso pasaba muchas veces. Pero también le pasaba eso con las recetas de cocina. Para la publicidad de la Manteca argentina ella decía: “Buenos días mis queridas oyentes, habla la Manteca argentina, hoy les voy a hacer...” y cuando ya se le acababa el repertorio decía: “Hoy a pedido de Juanita de Chivilcoy voy a repetir la receta del puré de papas”. 

- Además del éxito en la radio y el cine, Niní hizo un espectáculo de café concert memorable, como fue Se nos fue redepente.

- Eso fue agotador e hizo 1500 representaciones, que en ese momento eran muchísimas.  Para mí es lo mejor que hizo, porque ella hacía todos los personajes. 

- ¿Cómo surgió la idea?

- Cuando Lino Patalano  y Elio Marchi  (que tenían un café concert en la calle Tacuarí, llamado El gallo cojo) fueron a verla, tardaron seis meses en convencerla, porque ella era muy tímida y tenía miedo de tener el público tan cerca. Entonces, un día, ella les dice que tenía la idea de escribir sobre el velorio del zapatero del barrio al que van todas las clientas a darle el pésame a la viuda.  Y eso fue Se nos fue redepente, que es una joyita y que el año pasado lo hizo Karina K.

-Quien tuvo excelentes críticas.

- Me llamó Lino y me dijo que había una chica que podía hacer Se nos fue redepente.  Ella estaba haciendo Te quiero, sos perfecto, cambiá.  Yo fui a verla y vi pequeños movimientos y cosas muy sutiles que me hicieron ver que podía hacerlo. En un primer momento, Lino no encontró cosa mejor que decirme que yo lo dirigiera. “No voy a dirigir yo. Yo no soy directora”, le dije. “Bueno, lo supervisás” me contestó.  Eso sí lo podía hacer porque los personajes los tengo metidos acá (se señala la cabeza) y mi marido me dice por qué no los hago yo.

- ¿Y por qué no?

- Porque nunca las segundas partes fueron buenas y ella hizo una cosa muy bien hecha.

- ¿Por qué Niní hizo tan poca televisión?

- A ella no le gustaba la televisión y además decía que no servía para eso.  Primero porque en esa época se improvisaba muchísimo y segundo, porque físicamente ella no daba. Y tenía razón. Era bajita, llenita y a algunos personajes, como Mónica Bedoya, o la niña Jovita, ella se los imaginaba altos y flacos. Por eso hizo muy poca televisión. Además, ella no trabajaba todo el año, hacía dos meses de radio y dos películas por año porque no podía. Era demasiado sensible y tenía una autoexigencia infernal.

- ¿A que humoristas admiraba su madre?

- Mi mamá siempre decía que no era necesario decir groserías o malas palabras para hacer reír. A ella le gustaba el humor de Les Luthiers y al único que le permitía las malas palabras era a Enrique Pinti.  También le gustaba el humor de Telecataplum o el de Gasalla (Antonio). Tal es así que ella ya estaba retirada, y un día me dice: “Voy a hacer a Doña Caterina en el programa de Gasalla”, y lo hizo porque lo admiraba mucho.

- ¿Qué recuerdos tiene de su madre?

- Como mamá fue extraordinaria y separó muy bien su vida pública de su vida artística.  Y eso se lo agradecí toda mi vida.  Ella venía de la radio y me hacía las láminas para el colegio. Iba a las fiestas del colegio, un poco para inspirarse para hacer Gladys Minerva, y a mí me encantaba que fuera. Cuando yo iba a entrar al secundario, al Lenguas Vivas, por medio punto en matemáticas  no entré y fui a un colegio de monjas por el Once, porque no quería estar con mis compañeras del primario porque eran todas Mónica Bedoya(risas). Y las chicas la habían visto a mi mamá y durante un año entero me preguntaron si yo era la hija de Niní Marshall y yo dije que no. Pero en un momento, una de las profesoras del Lenguas Vivas vino al colegio a tomar uno de los exámenes obligatorios y me dijo: “Pase Catita a sacar bolilla” ¡y yo me levanté como un resorte!

- ¿Qué era lo que más disfrutaba hacer con su madre?

- A mí me encantaba viajar con ella. Hasta el día de hoy, que me perdonen mi marido y mis hijos, pero yo con ella me divertía muchísimo.  Nos reíamos con solo mirarnos, porque mi madre era tentadísima. Pero también era severa. No me malcrió para nada. Y yo era muy obediente. 

- Con lo que se divertía con su madre, me imagino que tendrá muchas anécdotas. Cuénteme alguna…

- Mi mamá era bastante distraída. Y una vez estaba en Nueva York con su marido Carmelo Santiago e iban a ir a ver un unipersonal.  Ella tenía una estola de visón blanco (porque le gustaban mucho las pieles y era muy coqueta) y un sombrero.  Y cuando llegan al teatro se da cuenta de que tiene puestas unas chinelas. Entonces dice: “¡Carmelo cómo no me dijiste!” Y el le responde: “¡Y qué se yo! Las mujeres se ponen cada cosa…”  Y ella entró haciéndose la francesa, porque ya no podía volverse, porque si no perdía la función. 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

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