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Convertida
en todo un símbolo de resistencia de los años
duros de la dictadura, la revista Humor marcó
una época dentro del periodismo gráfico
argentino, logrando sobrevivir a presiones,
amenazas de bombas y todo tipo de boicots. Un
espacio donde se podía decir desde el humor lo
que en otros medios no se podía y que contaba
con firmas como las de
Alejandro
Dolina,
Osvaldo
Soriano,
Juan
Sasturain,
Enrique
Vázquez,
Santiago
Kovadloff
y Aída
Bortnik,
entre otras.
Las tapas, que en muchos casos
ridiculizaban a los militares, eran realizadas
por su director Andrés
Cascioli
y dentro de la revista se destacaba el talento
de guionistas y dibujantes como Grondona
White,
Meiji,
Tabaré, Tomás Sanz, Trillo,
Altuna, Ceo y Aquiles
Fabregat.
A 30 años de su salida a la calle,
Cascioli mantuvo una charla con el programa
radial Va... de Retro
(FM La Tribu, viernes a las 20), en donde
describió como fue llevar adelante una revista
como Humor en los peores años de la
Argentina y sobrevivir para contarlo.
-
Andrés ¿qué
siente cuando mira para atrás y ve todo lo que
generó la revista Humor que a 30 años de su
aparición es motivo de homenajes permanentes?
-
No me la creo mucho… Yo creo que no pasó gran
cosa…
-
Hicieron escuela…
-
Si, puede ser... algo de eso hubo. Yo creo que
después de Humor pasó otra cosa,
especialmente en la televisión donde se sumó
el humor al análisis político y social. Pero
me parece que eso después se fue degenerando.
Quedaron, si, algunos periodistas que se
convirtieron en personajes importantes. Pero me
parece que la revista no dejó una escuela que
se haya seguido y enriquecido. Yo creo que la
política nacional hizo que todo eso se
convirtiera en una deformación que, me da la
sensación, ya no tiene nada que ver con Humor.
- ¿Como nació la revista?
-
Apareció en el ’78, durante el mundial de fútbol.
Era un buen momento para intentar hacerlo porque
los militares estaban inmersos en un intento por
“limpiarle la cara” a la dictadura y para
eso el mundial les era útil. Aprovechamos que
estaban entretenidos con eso para sacar Humor,
una revista
que era la consecuencia de otras publicaciones
por las que nos habían amenazado de muerte, por
ejemplo en el ’76.
-
Ustedes sabían que les iba a generar nuevos
problemas. ¿Cómo hacían, entonces,
para expresar a través del humor todo
aquello que querían decir sobre la dictadura?
-
En los primeros momentos buscamos volver a
comunicarnos con un tipo de lector que ya conocía
los trucos que nosotros usábamos para eso y que
sabía que nosotros íbamos a tratar de eludir
la censura. Con lo que fuimos directamente al
grano fue con el tema económico y con el fútbol;
por ejemplo, dibujábamos a Menotti (César
Luís, director técnico de la selección
Argentina de fútbol en aquellos años), con las
orejas de Martínez de Hoz (ministro de
Economía del gobierno de facto). Fuimos directo
a ese tipo de personajes, que fueron los ideólogos
de la dictadura. Últimamente estoy exponiendo
por todo el país las tapas de la revista y a la
gente le explico que en ellas están los
asesinos, los ladrones…
- ¿Y como toleraban los
militares esas tapas?
-
No se (risas). El que no se las “bancaba”
era Harguindeguy (Albano, ministro del
Interior del gobierno de facto). Como el
manejaba la policía, a veces nos la mandaba a
la noche, nos tanteaban.
- ¿Recibían amenazas?
-
Si, amenazas recibíamos todo el tiempo. Y también
juicios por calumnias e injurias. La única
explicación que encuentro para su tolerancia es
que ellos habían tenido una experiencia muy
dura con el secuestro y tortura de Jacobo
Timerman, que tomó estado internacional, se
discutió mucho, y Jimmy Carter
(presidente de los EE.UU.), que era un demócrata,
mando gente a la Argentina para hablar con los
militares
- ¿La revista Humor fue
la primera que entrevisto a las Madres de Plaza
de Mayo?
-
Si. En esa época ¿quién le iba a hacer una
nota a las madres de Plaza de Mayo?
- ¿Cómo abordaron el tema de
los desaparecidos?
-
Se fue abordando de a poco. Primero fueron las
cartas de los lectores que hacían denuncias y
nosotros las publicábamos. También apoyando a
las madres; íbamos los jueves a acompañar sus
marchas; hablábamos de ellas. También
criticamos a la revista Para Ti porque
festejaba cuando la policía las echaba de la
plaza. Hicimos una nota contra la gente de Atlántida,
que era la editorial en ese momento e intentaron
echarnos de la asociación de editores porque
los dueños tenían la presidencia y hacían lo
que querían. Dificultades había en todos
lados; y peleamos como locos para poder hacer lo
que nos gustaba. Teníamos una revista a través
de la cual intentábamos reírnos del poder y
buscábamos hacerlo de cualquier manera. Y lo
hicimos. Era un trabajo maravilloso para hacer;
lástima que no lo pude hacer más.
- ¿Sería factible hoy una
revista como esa?
-
No. La gente para hacerla está; pero lo que no
está es el lector. Yo creo que en la época de Menem
la cultura cayó en manos de un montón de
canallas que lo destruyeron todo y lo vaciaron
todo.
- ¿Cuántos ejemplares llegó
a vender la revista?
-
El número que más vendió fue uno de
principios de 1983, después del secuestro del
numero de febrero. Hicimos 330 mil ejemplares y
los vendimos todos. Y después siguió vendiendo
esa cantidad, cerca de los 350 mil ejemplares
por mes.
- ¿Cómo sucedió exactamente
el secuestro de ese número por el gobierno de
la dictadura?
-
Ya nos habían amenazado seis meses antes y había
habido una defensa de la revista por parte de
políticos como
Raúl Alfonsín o el mismo Ítalo
Luder, y por eso habíamos podido seguir
editándola. Pero no aguantaron más y eligieron
secuestrar el número de febrero del ’83, que
era un número especial mensual que hacíamos
todos los febreros por que nos íbamos de
vacaciones. Fueron y lo secuestraron; yo estaba
en la costa y me tuve que venir corriendo a la
noche a enfrentar el problema. Lo que pudimos
lograr, pese a la época que se vivía, fue un
recurso de amparo; algunos jueces ya estaban
“re podridos” de los milicos y nos dieron
lugar, por lo cual pudimos volver a publicar a
los quince días con una tapa donde hicimos a
los tres jefes de la dictadura como “los monos
de la censura”, que no hablan, no escuchan y
no ven. La gente asaltó los kioscos y se vendió
todo. Después de eso fue una fiesta, dibujamos
a los militares de cualquier manera, incluso pegándole
patadas en el traste para que se vayan. Era una
cosa muy fuerte, ya era una pelea; antes era una
cosa más sutil, yo usaba los dibujos de las
tapas a modo de editorial. Por ejemplo cuando
durante de la guerra de Malvinas hicimos la tapa
de las grandes traiciones donde el canciller
argentino descubre en la cama al representante
americano con Margaret Tatcher. Después
ya no fuimos más sutiles.
-
¿Cuales fueron las tapas que generaron más
impacto?
-
Sin dudas, una fue la de Malvinas. En Argentina
se hablaba de que estábamos ganando y nosotros
hablábamos de la gran traición de los Estados
Unidos, que aparentemente apoyaban a estos
generales argentinos que habían estudiado en
sus escuelas de Panamá pero que después los
abandonaron a su suerte y además apoyaron a los
ingleses. Después en esa cama que te mencionaba
lo agregamos a Pinochet (Augusto). Esa
tapa fue muy interesante. También mencionaría
una del ’97: la de Nicolaides, que le
hizo juicio a cuatro miembros de la revista,
incluyéndome.
- Con la llegada de la
democracia los militares de alguna manera
dejaron de ser el enemigo. ¿Cómo se posicionó
la revista ante el nuevo escenario político?
-
El problema es la imposibilidad de hacer una
revista de humor que sea condescendiente con el
poder. Yo, por ejemplo, dejé de hacer las
tapas, que las había hecho durante todo la
dictadura. Los que tomaron la posta fueron los
que eran más simpatizantes del peronismo.
Escribía Soriano y las tapas las hacia Carlos
Nine. Recuerdo que tuvimos un pequeño
problema con Caputo (Dante), con quien
habíamos tenido una cierta amistad; se enojó
por que le hicimos una careta; es que realmente
Caputo tenia una cara especial para las
caricaturas (risas).
- ¿Y con la llegada de Menem
que paso?
-
Con la llegada de Menem yo volví a hacer las
tapas
- Era muy tentador…
-
Si. Además sabíamos que volvían todos, que
venían a completar el plan económico de Martínez
de Hoz. Ahí si volvimos con toda la carga; pero
ellos, al igual que lo habían hecho los
militares, utilizaron el método de hacer
juicios por calumnias. Todas las denuncias que
nosotros hacíamos, por las que, por ejemplo,
Menem y Maria Julia Alzogaray estuvieron
presos tiempo después, eran castigadas mandándonos
a la DGI, poniéndonos multas. Y así nos
destruyeron económicamente. Además, la gente
creía que vivía en el primer mundo. La revista
que más vendía en esa época era Caras.
- Y eso los llevó al cierre de
la revista
-
Te doy un ejemplo: ninguno de los tres juicios
que me hizo Maria Julia me los ganó; pero en
uno de ellos, la Cámara 1, pese a que tenia
miembros aparentemente progresistas, decidió
que ella era insolvente y que yo tenía que
pagar por sus abogados. Tuve que pagarle, después
de haber ganado el juicio, 40 mil dólares a sus
abogados. Ese tipo de trampas fueron las que
hicieron que la editorial desapareciera. Pese a
tener un edificio que valía 1 millón de dólares,
con lo cual podíamos pagar y seguir, la DGI
decidió declarar nuestra quiebra. Y se acabó.
No solo Humor, sino también se acabo la
revista Fierro; se acabaron los
dibujantes, porque no conseguían donde
trabajar. A
dibujantes que tenían como antecedente haber
trabajado en Humor, los rechazaban en los
grandes diarios justamente por eso. Todos
tuvimos problemas. Por eso, como te decía al
principio, sobre lo que realmente había dejado
la revista, que mas allá de las buenas
intenciones, yo creo que no pasó gran cosa y
que todo fue para peor; no pudimos parar eso.
Pero vendimos una revista cultural, por que más
allá de que tenia parte de política y humor,
el 60 % era una revista de cultura; se hablaba
de cine, de literatura de pintura. Vendíamos más
de 300 mil ejemplares de una revista de cultura.
- Una locura...
-
Pero se acabó. Eso se podía hacer porque el
sponsor no imponía condiciones. Nosotros teníamos
todas las facilidades y podíamos ser libres
porque nuestro sponsor era la gente que compraba
la revista.
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