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Andrés Cascioli - Creador y Director de la revista "Humor"

“Humor no dejó una escuela que se haya seguido y enriquecido”

A 30 años de la aparición de la revista “Humor”, Andrés Cascioli rememora lo que fue llevar adelante un medio de esas características en los años de la dictadura. Un espacio en donde se podía decir, a través de lo humor, lo que en otros lados era imposible.

Por: Diego Cabarcos y Leandro Seoane

dcabarcos@codigoretro.com.ar; lseonae@codigoretro.com.ar


    Convertida en todo un símbolo de resistencia de los años duros de la dictadura, la revista Humor marcó una época dentro del periodismo gráfico argentino, logrando sobrevivir a presiones, amenazas de bombas y todo tipo de boicots. Un espacio donde se podía decir desde el humor lo que en otros medios no se podía y que contaba con firmas como las de Alejandro Dolina, Osvaldo Soriano, Juan Sasturain, Enrique Vázquez, Santiago Kovadloff y Aída Bortnik, entre otras.

     Las tapas, que en muchos casos ridiculizaban a los militares, eran realizadas por su director Andrés Cascioli y dentro de la revista se destacaba el talento de guionistas y dibujantes como Grondona White, Meiji, Tabaré, Tomás Sanz, Trillo, Altuna, Ceo y Aquiles Fabregat.

    A 30 años de su salida a la calle, Cascioli mantuvo una charla con el programa radial Va... de Retro (FM La Tribu, viernes a las 20), en donde describió como fue llevar adelante una revista como Humor en los peores años de la Argentina y sobrevivir para contarlo.

- Andrés  ¿qué siente cuando mira para atrás y ve todo lo que generó la revista Humor que a 30 años de su aparición es motivo de homenajes permanentes?

- No me la creo mucho… Yo creo que no pasó gran cosa…

- Hicieron escuela…

- Si, puede ser... algo de eso hubo. Yo creo que después de Humor pasó otra cosa, especialmente en la televisión donde se sumó el humor al análisis político y social. Pero me parece que eso después se fue degenerando. Quedaron, si, algunos periodistas que se convirtieron en personajes importantes. Pero me parece que la revista no dejó una escuela que se haya seguido y enriquecido. Yo creo que la política nacional hizo que todo eso se convirtiera en una deformación que, me da la sensación, ya no tiene nada que ver con Humor.

- ¿Como nació la revista? 

- Apareció en el ’78, durante el mundial de fútbol. Era un buen momento para intentar hacerlo porque los militares estaban inmersos en un intento por “limpiarle la cara” a la dictadura y para eso el mundial les era útil. Aprovechamos que estaban entretenidos con eso para sacar Humor, una  revista que era la consecuencia de otras publicaciones por las que nos habían amenazado de muerte, por ejemplo en el ’76.

- Ustedes sabían que les iba a generar nuevos problemas. ¿Cómo hacían, entonces,  para expresar a través del humor todo aquello que querían decir sobre la dictadura?

- En los primeros momentos buscamos volver a comunicarnos con un tipo de lector que ya conocía los trucos que nosotros usábamos para eso y que sabía que nosotros íbamos a tratar de eludir la censura. Con lo que fuimos directamente al grano fue con el tema económico y con el fútbol; por ejemplo, dibujábamos a Menotti (César Luís, director técnico de la selección Argentina de fútbol en aquellos años), con las orejas de Martínez de Hoz (ministro de Economía del gobierno de facto). Fuimos directo a ese tipo de personajes, que fueron los ideólogos de la dictadura. Últimamente estoy exponiendo por todo el país las tapas de la revista y a la gente le explico que en ellas están los asesinos, los ladrones…

- ¿Y como toleraban los militares esas tapas?

- No se (risas). El que no se las “bancaba” era Harguindeguy (Albano, ministro del Interior del gobierno de facto). Como el manejaba la policía, a veces nos la mandaba a la noche, nos tanteaban.

- ¿Recibían amenazas?

- Si, amenazas recibíamos todo el tiempo. Y también juicios por calumnias e injurias. La única explicación que encuentro para su tolerancia es que ellos habían tenido una experiencia muy dura con el secuestro y tortura de Jacobo Timerman, que tomó estado internacional, se discutió mucho, y Jimmy Carter (presidente de los EE.UU.), que era un demócrata, mando gente a la Argentina para hablar con los militares 

- ¿La revista Humor fue la primera que entrevisto a las Madres de Plaza de Mayo?

- Si. En esa época ¿quién le iba a hacer una nota a las madres de Plaza de Mayo?

- ¿Cómo abordaron el tema de los desaparecidos?

- Se fue abordando de a poco. Primero fueron las cartas de los lectores que hacían denuncias y nosotros las publicábamos. También apoyando a las madres; íbamos los jueves a acompañar sus marchas; hablábamos de ellas. También criticamos a la revista Para Ti porque festejaba cuando la policía las echaba de la plaza. Hicimos una nota contra la gente de Atlántida, que era la editorial en ese momento e intentaron echarnos de la asociación de editores porque los dueños tenían la presidencia y hacían lo que querían. Dificultades había en todos lados; y peleamos como locos para poder hacer lo que nos gustaba. Teníamos una revista a través de la cual intentábamos reírnos del poder y buscábamos hacerlo de cualquier manera. Y lo hicimos. Era un trabajo maravilloso para hacer; lástima que no lo pude hacer más.

- ¿Sería factible hoy una revista como esa?

- No. La gente para hacerla está; pero lo que no está es el lector. Yo creo que en la época de Menem la cultura cayó en manos de un montón de canallas que lo destruyeron todo y lo vaciaron todo.

- ¿Cuántos ejemplares llegó a vender la revista?

- El número que más vendió fue uno de principios de 1983, después del secuestro del numero de febrero. Hicimos 330 mil ejemplares y los vendimos todos. Y después siguió vendiendo esa cantidad, cerca de los 350 mil ejemplares por mes.

- ¿Cómo sucedió exactamente el secuestro de ese número por el gobierno de la dictadura?

- Ya nos habían amenazado seis meses antes y había habido una defensa de la revista por parte de políticos como  Raúl Alfonsín o el mismo Ítalo Luder, y por eso habíamos podido seguir editándola. Pero no aguantaron más y eligieron secuestrar el número de febrero del ’83, que era un número especial mensual que hacíamos todos los febreros por que nos íbamos de vacaciones. Fueron y lo secuestraron; yo estaba en la costa y me tuve que venir corriendo a la noche a enfrentar el problema. Lo que pudimos lograr, pese a la época que se vivía, fue un recurso de amparo; algunos jueces ya estaban “re podridos” de los milicos y nos dieron lugar, por lo cual pudimos volver a publicar a los quince días con una tapa donde hicimos a los tres jefes de la dictadura como “los monos de la censura”, que no hablan, no escuchan y no ven. La gente asaltó los kioscos y se vendió todo. Después de eso fue una fiesta, dibujamos a los militares de cualquier manera, incluso pegándole patadas en el traste para que se vayan. Era una cosa muy fuerte, ya era una pelea; antes era una cosa más sutil, yo usaba los dibujos de las tapas a modo de editorial. Por ejemplo cuando durante de la guerra de Malvinas hicimos la tapa de las grandes traiciones donde el canciller argentino descubre en la cama al representante americano con Margaret Tatcher. Después ya no fuimos más sutiles.

- ¿Cuales fueron las tapas que generaron más impacto?

- Sin dudas, una fue la de Malvinas. En Argentina se hablaba de que estábamos ganando y nosotros hablábamos de la gran traición de los Estados Unidos, que aparentemente apoyaban a estos generales argentinos que habían estudiado en sus escuelas de Panamá pero que después los abandonaron a su suerte y además apoyaron a los ingleses. Después en esa cama que te mencionaba lo agregamos a Pinochet (Augusto). Esa tapa fue muy interesante. También mencionaría una del ’97: la de Nicolaides, que le hizo juicio a cuatro miembros de la revista, incluyéndome.

- Con la llegada de la democracia los militares de alguna manera dejaron de ser el enemigo. ¿Cómo se posicionó la revista ante el nuevo escenario político?

 - El problema es la imposibilidad de hacer una revista de humor que sea condescendiente con el poder. Yo, por ejemplo, dejé de hacer las tapas, que las había hecho durante todo la dictadura. Los que tomaron la posta fueron los que eran más simpatizantes del peronismo. Escribía Soriano y las tapas las hacia Carlos Nine. Recuerdo que tuvimos un pequeño problema con Caputo (Dante), con quien habíamos tenido una cierta amistad; se enojó por que le hicimos una careta; es que realmente Caputo tenia una cara especial para las caricaturas (risas).

 - ¿Y con la llegada de Menem que paso?

 - Con la llegada de Menem yo volví a hacer las tapas

 - Era muy tentador…

 - Si. Además sabíamos que volvían todos, que venían a completar el plan económico de Martínez de Hoz. Ahí si volvimos con toda la carga; pero ellos, al igual que lo habían hecho los militares, utilizaron el método de hacer juicios por calumnias. Todas las denuncias que nosotros hacíamos, por las que, por ejemplo, Menem y Maria Julia Alzogaray estuvieron presos tiempo después, eran castigadas mandándonos a la DGI, poniéndonos multas. Y así nos destruyeron económicamente. Además, la gente creía que vivía en el primer mundo. La revista que más vendía en esa época era Caras.

- Y eso los llevó al cierre de la revista

 - Te doy un ejemplo: ninguno de los tres juicios que me hizo Maria Julia me los ganó; pero en uno de ellos, la Cámara 1, pese a que tenia miembros aparentemente progresistas, decidió que ella era insolvente y que yo tenía que pagar por sus abogados. Tuve que pagarle, después de haber ganado el juicio, 40 mil dólares a sus abogados. Ese tipo de trampas fueron las que hicieron que la editorial desapareciera. Pese a tener un edificio que valía 1 millón de dólares, con lo cual podíamos pagar y seguir, la DGI decidió declarar nuestra quiebra. Y se acabó. No solo Humor, sino también se acabo la revista Fierro; se acabaron los dibujantes, porque no conseguían donde trabajar.  A dibujantes que tenían como antecedente haber trabajado en Humor, los rechazaban en los grandes diarios justamente por eso. Todos tuvimos problemas. Por eso, como te decía al principio, sobre lo que realmente había dejado la revista, que mas allá de las buenas intenciones, yo creo que no pasó gran cosa y que todo fue para peor; no pudimos parar eso. Pero vendimos una revista cultural, por que más allá de que tenia parte de política y humor, el 60 % era una revista de cultura; se hablaba de cine, de literatura de pintura. Vendíamos más de 300 mil ejemplares de una revista de cultura.

- Una locura...

- Pero se acabó. Eso se podía hacer porque el sponsor no imponía condiciones. Nosotros teníamos todas las facilidades y podíamos ser libres porque nuestro sponsor era la gente que compraba la revista.


 
 

 

   

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